• 03/02/2015 01:01

De "demos gracias" a democracia

Siento que nuestra ‘democracia’ venía de mal en peor Gobierno tras Gobierno, aun cuando existieron en los 25 años partidos de oposición 

Al final de la intervención militar norteamericana a nuestro país, tuve oportunidad de hablar con el general Cisneros, uno de los comandantes de las fuerzas invasoras. ‘Les toca a Uds. —me dijo— ahora perfeccionar su democracia. Una democracia se fortalece con partidos de oposición y libertad de prensa’. Veinticinco años después, me toca reflexionar sobre estas palabras. Siento que nuestra ‘democracia’ venía de mal en peor Gobierno tras Gobierno, aun cuando existieron en los 25 años partidos de oposición y libertad de prensa. Ahh, pero es que ni fueron verticales los partidos de oposición ni tampoco la libertad de prensa.

Comenzando con los partidos de oposición. En nuestro país, pocos entienden lo que es ser oposición. Primero no es oponerse a todo ni rechazar toda propuesta de Gobierno, es fiscalizar los actos del Gobierno y señalar errores y desaciertos, oponerse a lo que favorece a pocos y no es solución a muchos. Pero el opositor debe enriquecer los proyectos del gobernante aportando ideas positivas adicionales para mejorar los proyectos.

En nuestra fallida democracia, los opositores se han caracterizado por comercializar su oposición, bien vendiendo su voto en la Asamblea, o bien cambiando de bando, en lo que se definió como transfuguismo. El sistema ha hecho crisis a los 25 años cuando hoy, increíblemente, no hay del todo oposición. Bajo el manto de la ‘gobernabilidad’, hoy el 100 % de la Asamblea Nacional actúa con la bancada oficial y la única voz de oposición la mantenía Ricardo Martinelli, quien por circunstancias abandonó el país recientemente.

Sin partidos de oposición beligerantes, el Gobierno navega bajo la única supervisión de la prensa, que está entretenida con las denuncias e investigaciones de la corrupción del Gobierno anterior. Es decir, en estos momentos, hay poca presión por lograr la transparencia deseada en las actuaciones del Gobierno. Esa falta de transparencia en fin de cuentas es la que permitió que el Gobierno anterior mal utilizara más de 3 000 millones de balboas, y todos nos sorprendimos cuando finalmente empezamos a sumar los negociados del PAN, las partidas de diputados, los costos finales de obras presupuestadas por menos de la mitad, las compras del MIDES, de AMPYME, etc.

La historia la podríamos repetir, sin oposición, sin transparencia, sin una prensa objetiva e imparcial. No es que la honestidad la garanticemos en auditorías posteriores, cuando ya no se es Gobierno, sino garantizarla con auditorías previas, antes de que se cometa el ilícito. Para lograrlo se requiere una contraloría general efectiva, transparencia total en los actos de Gobierno y una oposición seria y responsable. No corramos todos a lograr el beneplácito del Gobierno a cambio del apoyo irrestricto.

Estoy convencido de que todos al final hemos dado gracias por el reinicio de nuestra democracia, pero si está bien que demos gracias, ¿hemos fortalecido nuestra democracia? No. Aunque hoy el presidente Varela lucha por fortalecer las instituciones, garantizar la separación de los poderes del Estado y darle la fuerza real que requiere la democracia, lucha contra un monstruo que hemos alimentado y crecido con nuestra indiferencia: los políticos y sus partidos.

Hoy, no los mejores profesionales están en la Asamblea; hoy, el dinero pesa más que la capacidad; hoy, los partidos se mueven en busca del poder y no necesariamente con un proyecto país o planes para desarrollar mejor nuestra sociedad. Esos diputados insisten en las partidas circuitales, insisten en mantener el PAN disponible, insisten en su función de mecenas de su circuito y juegan con sus roles de opositores y Gobierno.

Sería tan diferente si, por ejemplo, el panameño supiera cuánto nos va a costar la próxima cumbre y un detalle de gastos, si después de cada viaje de funcionarios de alto rango tuviesen que dar una informe a la Asamblea sobre costo y beneficios del viaje, delegación, etc. En la medida en que todos supiéramos más de lo que hace y paga el Estado, mejor control podríamos tener.

Varela está haciendo un esfuerzo que hay que apoyar, pero le falta. El sistema se había degenerado más de lo que muchos sospechábamos. Podemos corregirlo, por un lado investigando y sancionando a todo aquel que se le comprueben ilícitos; y por el otro, tomando las medidas correctivas que logren evitar en el futuro otro Gobierno como el anterior.

Lo dijo Cisneros, toca a los partidos de oposición y a la prensa fiscalizar y garantizar la democracia. En EE. UU., decía él, fue un medio el que sacó a Richard Nixon de la Presidencia. Acá, finalmente hemos visto a los medios lograr un aporte en el adecentamiento y han sido mejores fiscales que los del Ministerio Público. Hay esperanzas.

*INGENIERO INDUSTRIAL Y ANALISTA POLÍTICO.

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