¡Diplomacias quirúrgicas y estériles!

Si en algo somos prolijos en Panamá es en ocurrencias e inconsistencias, de las que son fuente primaria, con ventaja, nuestras autoridades y un buen número de figuras públicas, que todos los días hacen gala de “su creatividad”. El último protagonista es el flamante canciller, quien, cuando los medios le pidieron reaccionar ante las demandas por la liberación de los 7 panameños que aún siguen detenidos en Cuba, palabras más, palabras menos, les dijo lo siguiente: “el silencio diplomático hace más que un ruido” y, además, en otro alarde de su dominio de la criptografía, agregó la siguiente perla: “el caso el gobierno lo trabaja con paciencia y bajo una diplomacia quirúrgica”.

Después de ese despliegue del titular de la cancillería, que no aclara y explica menos, conviene repasar los hechos: 1) Las autoridades cubanas informaron que a 10 personas de nacionalidad panameña, 6 varones y cuatro damas, se le detuvo en La Habana, acusados de ser los autores de pintadas y grafitis “contra revolucionarios”, 2) Informadas del caso nuestras autoridades, el señor Martínez Acha viajó a la Habana y tuvo una conversación personal con el presidente Díaz Canel, cuyos detalles específicos solo ellos conocen, 3) Transcurridos varios días, se informó que, como un gesto humanitario, el gobierno cubano liberó a 3 de las damas detenidas, que ya regresaron a Panamá, 4) Varios días después, se produjo la protesta en las que, aparte de exigir la liberación de los restantes detenidos se llegó hasta reclamar la ruptura de las relaciones diplomáticas, y 5) Después de estas y ante los cuestionamientos de la prensa que le pidió sus comentarios, es cuando se produjeron las citadas respuestas del canciller.

En síntesis, aparte de que puedan volver a deslumbrarnos con otra sorpresa idiomática, la situación es la siguiente: 1) sobre nuestros compatriotas pesa la acusación formal de haber cometido un delito, 2) las autoridades cubanas tienen dos opciones: enjuiciarlos o no enjuiciarlos, 3) si los enjuician, podrían condenarlos o absolverlos, 4) si los condenaran, en una decisión política podrían indultarlos o imponerles una multa o repatriarlos.

Con algunos países existen convenios que permiten que los condenados cumplan las penas en el país de su nacionalidad. Si ese acuerdo existe con Cuba, esa podría ser una opción, en el caso de que se produjera una condena.

Casi a renglón seguido del caso arriba comentado, pendiente de un desenlace todavía incierto, los medios informan sobre otros dos temas “diplomáticamente importantes”, que, también requieren de explicaciones mejores. Ellos son: las acciones para lograr la eventual membresía en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la OCDE y el denominado Sistema de Integración Centroamericana, el SICA.

En el primero, su momento actual es la discusión en la Asamblea del proyecto de ley presentado por el Ejecutivo sobre la que se ha dado en llamar “sustancia económica”, cuya aprobación es uno de los muchos requisitos para que Panamá, en un futuro que la experiencia demuestra que para nada es cercano, sea miembros de la OECD y que, habida cuenta de que a otros países aspirantes le ha tomado más de una década completarlos, no se debe seguir vendiendo como una panacea.

El otro, es la incongruencia histórica y política de seguir “manoseando diplomáticamente” el mamotreto del SICA. Esta instancia, originalmente anunciada como necesaria para “integrar económicamente” a los países del istmo centroamericano, después de todos años transcurridos nada puede presentar que sea un avance positivo. De integración, cero y de viabilidad ninguna. La que ahora se celebra y ha sido destacada como un evento de “singular importancia” es su nonagésima reunión (la número 90). Su tema principal es la elección de un nuevo Secretario General, vacante desde hace varios años. Al SICA, al igual que al Parlacen, antes que seguir dándoles manija, lo que, piadosamente corresponde, es extenderles, con más prisa que demoras, los correspondientes “certificados de defunción”.

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