• 13/08/2013 02:00

Recordando al Dr. Martin Luther King Jr.

Cincuenta años han transcurrido desde aquella tarde en agosto de 1963 —el 28 para ser exacto— cuando, bajo un sol sureño norteamericano ...

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Cincuenta años han transcurrido desde aquella tarde en agosto de 1963 —el 28 para ser exacto— cuando, bajo un sol sureño norteamericano abrazador y beligerante, más de 50 mil almas se congregaron en la grama contigua al monumento honrando a George Washington.

Para algunos cínicos dicho monumento era un símbolo fálico representativo de la arrogancia y prepotencia del gobierno norteamericano de ser el más viril del planeta.

Llegaron en caravanas de las cuatro esquinas del país para protestar las condiciones ignominiosas e injustas bajo las cuales el americano negro sufría en el seno de aquel país, cuya constitución promulgaba la idea de que ‘todos los hombres son creados iguales’ y a la vez demandar de su gobierno empleos, libertad y protección. Entre la multitud estuvo este servidor.

Confieso que mi presencia no se debió a mi creencia en la estrategia del Dr. King, quien abogaba una filosofía de ‘nonviolence’ —la no violencia. En aquel entonces, para mí, dicha supuesta estrategia era de cobardes. Habiendo sido criado en Panamá, me era inconcebible aceptar que me golpearan sin responder. Por ende, Malcolm X, quien abogaba el concepto —el cual parafraseo— ‘si alguien te cachetea rómpele la mano, para que no te pueda volver a cachetear’.

Compartía su meta, pero no su estrategia y, por ende, como educador activista, tuve que estar presente. Me tomaría algunos años para comprender la validez moral y la fuerza de su ideología. Pero aquella tarde, aun estando presente, resentía el hecho de que el concepto original de los organizadores de dramatizar las condiciones deplorables que padecía el negro fueran alteradas para complacer al presidente Kennedy y que el discurso radical del estudiante John Lewis —hoy congresista— fuera eviscerado. No obstante, el Dr. King se consagró ante los ojos del mundo. Hoy recordamos con nostalgia su grandilocuencia y su histórico discurso ‘I have a dream’.

Al caer el sol y las caravanas abandonaran la grama dejando atrás pancartas, periódicos y vasos desechables, reflexionando sobre el evento, me pregunté: ‘¿Cuál será el impacto real?’. Mi respuesta no fue positiva. Pensé que era como un gallo ‘capa’o’, grande en tamaño, pero carente de capacidad reproductiva.

Dicen que el Creador funciona en forma misteriosa. Cuatro años después fui elegido presidente del ‘Black Caucus’ de la Conferencia de la Nueva Política —organización de izquierda— reunida en Chicago. Convocada para lanzar la candidatura presidencial del Dr. Benjamín Spock, pediatra y vocero de los oponentes a la guerra en Vietnam y del Dr. Martin Luther King, vocero de la lucha por los derechos civiles para vicepresidente, deseaba atar los dos movimientos— ‘Paz y Libertad’. Lamentablemente, la nave no zarpó. Empero sirvió para enlazarme con la organización del Dr. King. Fui invitado a participar en el planeamiento de la ‘Marcha en Contra de la Pobreza’ como asesor.

Allí conocí al Dr. King. Entre el grupo de organizadores y asesores estuvo presente otro panameño quien fungía como tesorero, —el empresario Cirilo McSween (q.e.p.d.).

Aproximadamente seis meses después, el Dr. King fue asesinado. Movido por este hecho empecé a escuchar y atinarme a sus pensamientos y a profundizarme en los seis principios de su filosofía transformativa.

La ‘no violencia’ es: 1. Un modo de vida para los valientes; 2. Intenta lograr amistad y comprensión; 3. Busca derrotar la injusticia, y no a las personas; 4. Mantiene que el sufrimiento por una causa puede educar y transformar; 5. Escoge el amor en vez del odio; 6. Sostiene que el universo está del lado de la justicia y la verdad eventualmente prevalecerá.

Decir que me convertí inmediatamente en converso no sería cierto, pero con el pasar del tiempo y la reflexión intelectual, aprendí lo significativo de su poder transformativo, tanto individual como social.

Dada nuestra idiosincrasia, no sé si se pudiese aplicar como estrategia de transformación; pero lo que sí sé es que la violencia existente en nuestro país, ya sea física, espiritual, política o económica, tiene que ser confrontada. El Dr. King subrayó que ‘la injusticia racial y la injusticia económica eran gemelas inseparables’. Opino que ellas andan sueltas por las calles de nuestra nación.

ESCRITOR.

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