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- 14/10/2014 02:00
Drama de las menores embarazadas
No hay nada más dramático que ver a una niña, cuyo cuerpo no ha llegado a formarse todavía ni física, emocional ni psíquicamente, en estado de embarazo. No hay drama más triste que esa niña que lleva en su cuerpo otro ser sin tener conocimiento de cómo atenderlo, cómo cuidarlo, para que ese nuevo ser crezca y tenga una vida sana y cuyo futuro no sea tan incierto como el de ella. Y no hay drama más injusto que saber que esa niña y ese niño están solos. Porque no existen responsables. La sociedad solo la hace responsable a ella. Sí, porque es ella, no hay él. No aparece el masculino por ningún lado: ni adolescente ni adulto ni viejo. Solo ella. A ella es la que se exhibe, la que se le acusa, a la que se estigmatiza. Y es allí en donde está lo peor del conflicto. Ante este drama humano es incomprensible ver cómo muchas personas, grupos y medios de comunicación hacen burlas y bromas y comentan con ligereza, algo que involucra a dos seres humanos y cuya responsabilidad le compete a la sociedad en la que vive.
Últimamente hemos presenciado las reacciones epidérmicas de diversos sectores sobre temas que ameritan un análisis profundo, tomando en cuenta todas las aristas del problema. A flor de piel surgen las posiciones más reaccionarias y arcaicas, que consideramos superadas a la luz del siglo XXI. ¿Por qué no nos preguntamos qué sucede en una sociedad en donde hay tantas menores embarazadas? ¿Cómo fortalecemos nuestra educación y nuestra cultura y afianzamos nuestros valores a través de acciones concretas y reales? ¿Por qué no mejoramos el rol de nuestras mujeres dentro de la sociedad? ¿Por qué no le enseñamos desde la escuela a los varones a ser responsables? Este es un punto que nadie aborda.
Si tenemos miedo a programar una educación sexual, laica e integral en nuestras escuelas, entonces miremos lo que se ofrece a través de los medios de comunicación nacionales y extranjeros, las redes sociales y la música en donde la permisividad y la enseñanza explícita del sexo está al alcance de nuestra niñez. Son áreas que nadie se atreve a enfocar. Es más fácil atacar el problema por el lado más frágil y que no puede defenderse, que enfocar toda la gama de circunstancias que conducen al hecho .
Este es un problema de derechos humanos, de derechos de la mujer y el niño y la niña. Estas menores constituyen un grupo que necesita educarse y no alejarlo de la escuela. Madre y padre a la vez. Una frase que debe desterrarse de nuestro lenguaje, porque al varón se le hace muy cómodo dejarle la responsabilidad a la otra persona. Pero ante todo, debemos evitar que el fenómeno siga ocurriendo, sin irnos a posiciones extremas.
Lo que analicemos de manera integral y conjunta con todos los sectores de la sociedad, evitará que presenciemos dramas como el de las cárceles, llenas de personas sin futuro, que caminemos por calles inseguras y que tengamos que cumplir, a medias con los Objetivos del Milenio, cuando los mismos no deberían existir, si somos responsables.
Las niñas embarazadas ya son futuras madres y como tal hay que tratarlas y no estigmatizarlas. La maternidad no es un delito. Trabajemos en conjunto, dejando a un lado las posiciones antagónicas y miremos el futuro de esa niñez que espera de nosotros, los adultos, comprensión y acciones pertinentes que le deparen un futuro en una sociedad democrática.
*DOCENTE UNIVERSITARIA.