Irene Orillac de Simone, presidenta de la Cámara Panameña de la Construcción (CAPAC), analiza el impacto de las tasas de interés en el acceso a la vivienda,...
- 05/10/2010 02:00
Cargos difíciles e ingratos
C reo que no hay una posición más difícil de ocupar que la Presidencia de la República, sea la república que sea. Si eres el mandatario de un país de tres millones o doscientos millones de personas, es lo mismo. Son los millones de personas que esperan de ti resultados concretos y específicos y a los que, no importa lo que trates, no podrás satisfacer a todos. Si te vuelcas a dar subsidios y a apoyar a los marginados, las clases media y alta se verán afectadas con mayores impuestos. Si apoyas al sector económico, los marginados se sentirán disminuidos.
Los pueblos, al final, optan por el cambio. De allí la alternabilidad del poder común en nuestros países. Los Estados Unidos de América, por su parte, en su cultura política dan por un hecho que el mandato presidencial sea de ocho años, con una elección a los cuatro para ratificar o no al presidente. Para ellos no es sorpresa que los planes y proyectos de los nuevos presidentes se hagan para cubrirse en dos periodos de cuatro años.
En nuestra América, los periodos los mantenemos de hecho en cuatro o cinco años, con la excepción de México que los elije por seis años. Eso lleva a mayores frustraciones por los presidentes que no pueden, en tan poco tiempo, cristalizar grandes proyectos. Por eso al final los planes de gobierno no entrañan cambios dramáticos en políticas de salud, vivienda, educación. Los gremios saben que si resisten el cambio a los pocos años cambiará el gobierno. Eso nos lleva a gobiernos de corte populista, con soluciones parciales y paliativos a los problemas, no soluciones reales y definitivas. Como ejemplo, no podemos pensar en planes para eliminar la pobreza o mejorar la distribución de la riqueza, solo podemos aspirar a planes como la Red de Oportunidades, 100 para los 70, el plan de empleo de emergencia, etc.
Por un lado, un presidente con poco tiempo para resolver problemas; por otro, la ingratitud de un pueblo que normalmente se siente defraudado del mandatario. Y, en el fondo, un mandatario con grandes intenciones y muchos planes, pero que depende de un número plural de funcionarios muchos de los cuales no llegan a la altura del reto de su cargo. Al final, los presidentes todos cometen el mismo error. Se apoyan en el menos leal de los sectores, el sector popular. La historia nos muestra cómo nuestros sectores populares siguen la vieja máxima de ‘muerto el rey, viva el rey’, en nuestros países no es ‘abajo el que suba’, sino ‘arriba el que ganó’.
Los presidentes gozan de una fama especial enmarcada en el tiempo. Populares al ganar, la popularidad la pierden en ejercicio del poder y luego la recuperan al pasar los años fuera del poder. Nadie puede negar la alta popularidad de un Endara en el 90, su baja popularidad en el 94 y el espectacular retorno en el 2004. La regla es aplicable a todos los ex presidentes de la nueva era democrática. Para mí la razón es sencilla, en ejercicio del poder la gente espera mucho del presidente, al salir empiezan a evaluarlo en su justa dimensión, ya no hay que exigir ni recriminar si no hace, es solo medir lo que hizo.
Por eso, me causa gracia el tener presidentes que den importancia a las encuestas en ejercicio del poder. Lo importante debe ser tener un plan de acción, proyectos que desarrollar en los que se crea y evaluar la ejecución de los proyectos. Sin embargo, volvemos a caer en la temporalidad corta de los presidentes en nuestra América. De allí que sugiero que los países deben desarrollar un estilo diferente de establecer las políticas de Estado, políticas que deben incluir las de seguridad, transporte, vivienda, salud y educación. Creo prudente que lo que se requiere es un gran pacto social, donde todos los partidos políticos y la sociedad civil participen de una serie de mesas de discusión donde se fijen políticas en cada caso, de forma que los gobiernos, independientemente del partido que los dirijan, sigan los proyectos acordados nacionalmente.
Panamá ha mostrado esta capacidad en varios rubros: la Zona Libre de Colón, el turismo, la construcción y el sector bancario. Todos los gobiernos han respetado la política adoptada en años anteriores. Es necesario hacerlo con los sectores más críticos e igualmente añadir la lucha contra la pobreza como prioridad.
*INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.