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- 26/09/2013 02:00
Siria e Irán, el nuevo comienzo
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Agrega La Estrella en Google ↗️La pregunta de un periodista cambió el curso de la guerra en Siria. Durante una conferencia de prensa en Londres, el secretario de Estado John Kerry, fue consultado acerca de lo que podía hacer el líder sirio Bashir al-Assad para evitar un ataque militar estadounidense. ‘Por supuesto, podría entregar todas sus armas químicas a la comunidad internacional la próxima semana, entregarlo todo y permitir un recuento completo. Pero no lo va a hacer y no puede hacerse’, respondió vacilante.
Ese rodaje era seguido en directo por el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, teniendo a su lado al canciller sirio, Walid al-Moualem, de visita en Moscú. De inmediato Lavrov dijo que el gobierno de Damasco aceptaba la propuesta para poner sus armas químicas bajo control internacional y sacó de la manga un plan concreto, claro y eficaz para lograrlo. La propuesta fue aceptada por Washington cuatro días después.
Desarrollado desde comienzos de los años de 1970 con ayuda de la entonces Unión Soviética y de Irán, el arsenal químico sirio es de gran envergadura. Datos de servicios de inteligencia señalan que almacena en unos 50 sitios, 1,000 toneladas de gas mostaza, gas sarín y un nuevo agente nervioso llamado VX, de gran poder tóxico.
Pero se cree que la parte de las armas químicas fueron trasladadas a la base rusa de Tartus, en el Mediterráneo. Esa sería otra carta de Moscú para demostrar a las potencias occidentales que puede controlar la situación de su aliado sirio. La movida desvió el inminente ataque militar contra Siria, hacia la solución diplomática de la cuestión nuclear iraní.
El presidente Barack Obama, en un gesto sin precedentes, dijo este martes ante la Asamblea General de la ONU, reunida en Nueva York, que está dispuesto a resolver las disputas por el programa nuclear iraní de manera pacífica. El siguiente acto es la reunión de Kerry con su homólogo Zariff, este jueves en la ONU, el encuentro de mayor nivel entre responsables de EE. UU. e Irán desde 1979, tras el secuestro por 13 meses de medio centenar de diplomáticos en la embajada de Washington en Teherán.
En respuesta el presidente Rohaní dijo, en el mismo estrado donde habló Obama, que las armas nucleares no tienen cabida en el sistema de seguridad de Irán, que había escuchado atentamente el discurso del mandatario estadounidense y llegado a la conclusión de que ‘existen posibilidades de crear un marco en el que podamos resolver nuestras diferencias’.
Antes de todo este flirteo diplomático, Rohaní había transferido el manejo de las negociaciones sobre las armas nucleares de los militares conservadores a los funcionarios del ministerio de Relaciones Exteriores. Además, Zariff, el nuevo canciller, estudió en la Universidad de San Francisco, California, y también en la Universidad de Denver, Colorado. Es decir, conoce bien a los estadounidenses.
Rohaní y Obama primero intercambiaron cartas. El líder iraní dio después una entrevista a la cadena Fox en la que dijo que su país nunca construiría armas atómicas, firmó un artículo en The Washington Post —titulado ‘Los tiempos de venganza han quedado atrás’— en el que condenó el uso de armas químicas en Siria, y se pronunció en favor de relaciones constructivas con el mundo. Más aún, envió saludos a Israel para Rosh Hashana, el Año Nuevo judío, y liberó a una docena de prisioneros políticos.
Aunque para algunos el futuro diálogo entre Washington y Teherán depende del enigmático ayatollah Alí Khamenei, líder religioso supremo desde 1989, —quien le dio autoridad a Rohaní para buscar un acuerdo con EE. UU., y con la misma facilidad podría retirarle ese apoyo— la dinámica de los acontecimientos anticipa que ambos países están ante la posibilidad irrepetible de escribir la historia de una nueva relación bilateral.
Lo que está en juego es lo suficientemente importante como para que no se desaproveche la menor oportunidad de abrir cauces al entendimiento. Al igual que hizo el presidente Richard Nixon en 1972, al hablar en forma directa con el líder chino Mao Ze Don, que despejó el camino a la distensión entre las dos potencias, Obama debe dar pasos para acabar con el antagonismo frente a Irán. La paz mundial, es un suficiente argumento.
PERIODISTA.