“¿Qué es lo que le impide venirse? ¡Que se venga! ¿Cuál es problema, pues? Lo que tienen es un show para ver cómo generan una campaña de intriga”, dijo...
- 06/10/2026 00:00
El Canal a nivel del mar en las negociaciones de los Tratados Torrijos-Carter
Hay temas de la negociación de los Tratados Torrijos-Carter sobre los que advertimos desconocimiento o confusión. Hubo uno, sobre el canal a nivel del mar, que incluso tuvo un proyecto de tratado en 1967 que naufragó por la inestabilidad política panameña. El 1º de diciembre de 1970 la “Comisión de Estudio del Canal Interoceánico Atlántico-Pacífico” del presidente Lyndon Johnson recomendó la construcción de un canal a nivel del mar en Panamá. En las fallidas negociaciones de 1971-1972 los estadounidenses nuevamente lo plantearon. El punto final del acuerdo Tack-Kissinger de 1974 menciona “previsiones sobre obras nuevas que amplíen la capacidad del Canal”, pero el asunto fue perdiendo importancia en Washington, con un repunte fugaz.
Coincidiendo con la apertura del oleoducto de Alaska, en julio de 1977 el presidente Jimmy Carter afirmaba: “en el futuro, diremos que necesitaremos un canal de Panamá a nivel del mar que pueda manejar nuestras grandes naves de guerra y los grandes tanqueros y buques de carga que hacen parte ahora del comercio internacional”. Sus negociadores trajeron el tema tarde, nuevamente a la mesa bilateral, con un sorprendente desenlace.
El 7 de agosto de 1977, un mes antes de la firma de los Tratados, consejeros informaban al presidente Carter que la noche anterior se había redactado en Bogotá una cláusula, de hecho, poco comprometedora, sobre el canal a nivel del mar (artículo XII del Tratado del Canal).
Los negociadores de Estados Unidos y Panamá estaban ya cerrando el trato global cuando en Washington los embajadores Bunker y Linowitz fueron repentinamente invitados a la residencia del embajador de Panamá, Gabriel Lewis Galindo. Allí tuvieron una conversación con Bogotá y Panamá el 6 de agosto de 6:30 a 11:30 pm que nos acercó al acuerdo definitivo sobre los dos nuevos tratados llamados después Torrijos-Carter. Lewis montó una conferencia telefónica de tres líneas entre Washington, Panamá (con negociadores de segundo nivel) y Bogotá, en donde Torrijos estaba reunido en una cumbre con otros líderes latinoamericanos: los presidentes de México, José López Portillo; Carlos Andrés Pérez, de Venezuela; Alfonso López Michelsen, de Colombia, y Daniel Oduber, de Costa Rica, además del primer ministro de Jamaica, Michael Manley. Torrijos revisó los términos de los dos tratados con Bunker y Linowitz, mientras esperaba el respaldo de esos líderes para demostrar apoyo hemisférico y para aplacar críticas domésticas.
Algunos pensaban que dichos dirigentes extranjeros eran más duros que Torrijos en las reivindicaciones frente a Estados Unidos, pero en la práctica fueron elementos catalizadores entre la superpotencia y Panamá. Fueron consejeros de mayor calado por su formación, experiencias y responsabilidades políticas, no contaminados por agendas locales panameñas, quienes le prestaron una ayuda solidaria y fraternal que les honraba.
El 7 de agosto de 1977 los jefes de Estado y Gobierno publican el Comunicado de la Cumbre de Bogotá, con su punto principal:
... “A) Celebran los significativos progresos efectuados en las negociaciones que se adelantaron en los últimos días entre Panamá y los Estados Unidos sobre los aspectos jurisdiccionales y económicos del canal, que aseguran la pronta culminación del tratado que pondrá término a un rezago colonial en América y satisfaga la legítima e inaplazable aspiración de Panamá de recobrar su soberanía sobre la totalidad de su territorio.”
Ese mismo día de noticias felices los negociadores estadounidenses llegaron a Panamá para terminar formalmente las negociaciones y preparar el anuncio oficial el 10 de agosto de 1977, tal como sucedió.
Entretanto, Torrijos y sus aliados habían tocado en Bogotá el asunto que había surgido por el interés del senador Mike Gravel (1930-2021), de Alaska, quien a mediados de julio de 1977 había propuesto al presidente Carter un nuevo Canal de Panamá, a nivel del mar, para servir mejor a su estado convertido en un gran productor de petróleo para abastecer también la costa este de Estados Unidos. Rómulo Escobar, dramático y exagerado, mencionó una crisis el 6 de agosto que, a su entender, casi cuesta el acuerdo final. En realidad, fue una hábil maniobra diplomática de Carter para cumplir políticamente con Gravel.
Carter sostenía que “es importante para nosotros trabajar con Panamá y no contra Panamá”. Lograría finalmente con los panameños un compromiso solamente para estudiar la viabilidad de un canal a nivel del mar, que sería después objeto de la Comisión Tripartita para los Estudios de las Alternativas al Canal de Panamá. La inclusión en esa Comisión del Japón, potencia que no formaba parte del Tratado del Canal de Panamá, se logró luego de una negociación en 1980 (bajo la presidencia de Aristides Royo con su canciller Jorge Illueca) en la que participó, por Panamá, Omar Jaén Suárez, asesor presidencial, con Richard Wyrough, del Departamento de Estado, y el embajador japonés en Panamá, Toru Ichii. Comisión creada en 1983 que rendiría su informe final en 1993 en el que recomendaba la opción preferida de los estadounidenses (no de los japoneses), la de un tercer juego de esclusas, antecedente de las inauguradas por la ACP en 2016.
La rápida evolución geopolítica, ambiental-climática, tecnológica y logística y la competencia de otras rutas, nos obliga ahora a estudiar seriamente alternativas en el istmo al Canal de Panamá entre las cuales debería incluirse el viejo y postergado proyecto del canal a nivel del mar. Es un tema en el que, como en otros fundamentales y a pesar de la inquina “ambientalista”, debería haber más conciencia en la elite intelectual, política, económica y social panameña.
Hay información completa en el libro de Omar Jaén Suárez, Las Negociaciones de los Tratados Torrijos-Carter, 1970-1970, dos volúmenes, Panamá, 2005.