• 14/04/2026 00:00

El crecimiento económico que está dejando atrás a las pymes en la región

En México y Centroamérica, las pequeñas y medianas empresas sostienen el empleo, pero no capturan proporcionalmente el crecimiento económico. Representan más del 99 % de las unidades económicas y entre 60 % y 70 % del empleo formal, pero su participación en actividades de mayor valor agregado sigue siendo limitada. El problema no es su tamaño ni su número, sino la heterogeneidad estructural que caracteriza a la región, donde coexisten sectores altamente productivos e integrados al comercio global con una amplia base empresarial rezagada (CEPAL, 2024; OCDE, 2025).

Este patrón se observa tanto en economías industriales como en economías de servicios. México, por ejemplo, superó los 660 mil millones de dólares en exportaciones en 2025, con más del 90 % concentrado en manufactura. Sin embargo, este dinamismo está altamente concentrado. Menos de 500 empresas explican la mayor parte del valor exportado, mientras que menos del 5 % de las pymes exporta de forma directa. Si se incluye la participación indirecta como proveedoras dentro de cadenas de valor, la proporción apenas se ubica entre 10 % y 12 %. Además, la contribución de las pymes al valor exportado es marginal, lo que confirma que el comercio exterior opera con una base empresarial estrecha (Secretaría de Economía, 2025; Bancomext, 2025; INEGI, 2025; OCDE, 2025).

Panamá, desde una estructura distinta, muestra una dinámica comparable. El país mantiene una economía de servicios que supera el 70 % del PIB y un sector logístico que aporta entre 11 % y 14 % de la actividad económica, en un contexto reciente de crecimiento sostenido impulsado por el comercio y el transporte. Sin embargo, las micro y pequeñas empresas representan más del 60 % del empleo formal y participan principalmente en eslabones básicos del comercio y los servicios. Su presencia en segmentos de mayor sofisticación, como la logística integrada o los servicios especializados vinculados a cadenas globales, sigue siendo limitada, lo que reduce el efecto multiplicador del crecimiento (MEF, 2025; AMPYME, 2024; Banco Mundial, 2023).

En ambos casos, el resultado es similar. Los sectores más dinámicos de la economía no están generando una incorporación amplia de pymes en actividades de alto valor agregado. El crecimiento existe, pero se concentra.

El comportamiento de las pymes se entiende mejor al observar cómo se está dando la expansión de la actividad económica en la región. México registró en 2025 niveles elevados de inversión extranjera directa, superiores a 40 mil millones de dólares. Sin embargo, una parte importante de ese monto corresponde a la reinversión de utilidades de empresas ya establecidas, más que a la llegada de nuevas compañías. Esto implica que el crecimiento se está dando principalmente dentro de estructuras productivas ya existentes. En paralelo, Panamá mantiene una posición estratégica en comercio y logística internacional, con sectores dinámicos que continúan expandiéndose. Aun así, en ninguno de los dos casos se observa una incorporación amplia de pymes a los segmentos de mayor valor agregado. El resultado es un crecimiento que fortalece lo que ya está integrado, pero que amplía poco la base empresarial que participa en esos circuitos (Banco de México, 2025; Secretaría de Economía, 2025; MEF, 2025).

Centroamérica, en su conjunto, reproduce esta lógica. Las pymes concentran la mayor parte del empleo, pero operan predominantemente en actividades de baja productividad y limitada sofisticación tecnológica. Su participación en exportaciones es reducida y se concentra en segmentos de bajo valor agregado. Durante décadas, la estrategia económica ha privilegiado la atracción de inversión y el desarrollo de zonas francas, sin construir con la misma intensidad una base local de proveedores competitivos. El resultado es una estructura productiva en la que coexisten sectores modernos y una amplia base empresarial con escasa integración (CEPAL, 2024; BID, 2024).

Las barreras que explican este patrón son consistentes en toda la región. Existe un déficit relevante en certificaciones y cumplimiento normativo, lo que limita el acceso a mercados internacionales. El financiamiento es escaso y costoso, lo que restringe la inversión en tecnología y expansión. La brecha digital reduce la competitividad en entornos cada vez más exigentes. A esto se suman costos logísticos elevados en varios países y una débil vinculación entre pymes y grandes corporativos, que continúan operando con redes de proveedores internacionales ya consolidadas (Banco Mundial, 2024; OCDE, 2025).

El impacto de esta estructura es profundo. La baja integración de las pymes reduce los encadenamientos productivos, limita la transferencia tecnológica y frena el crecimiento de la productividad. Esta dinámica se ha mantenido en el periodo reciente y continúa siendo uno de los factores que explican el bajo crecimiento económico de América Latina (CEPAL, 2024; OCDE, 2025).

Para el empresario, este diagnóstico tiene implicaciones directas. Una pyme que no logra integrarse a segmentos de mayor valor compite en mercados más estrechos, con alta presión en precios y márgenes reducidos. La estrategia no puede centrarse únicamente en crecer en volumen, sino en mejorar su posición dentro de la cadena productiva.

En términos operativos, esto implica decisiones concretas. La certificación debe entenderse como una inversión comercial orientada a clientes específicos y no como un requisito administrativo. La integración a cadenas de valor requiere identificar empresas ancla y cumplir con estándares de calidad, tiempos y trazabilidad. El financiamiento debe vincularse a contratos o flujos reales para reducir costos y riesgos. La digitalización debe enfocarse en procesos que impacten directamente las ventas y la eficiencia operativa, evitando inversiones sin retorno claro.

En Panamá, esta transición es especialmente relevante. Su plataforma logística ofrece condiciones para que las pymes evolucionen hacia servicios de mayor valor agregado vinculados al comercio internacional. En México y Centroamérica, la lógica es equivalente. Las empresas que logren competir en confiabilidad, cumplimiento y especialización tendrán mayores probabilidades de integrarse a los segmentos más dinámicos de la economía.

La brecha productiva de las pymes no es inevitable. Es el resultado de decisiones acumuladas durante décadas. Corregirla implica alinear la estrategia empresarial con una lógica de mayor valor agregado y fortalecer un entorno que facilite esa transición. Mientras esta brecha persista, la región seguirá operando con un modelo en el que las pymes generan empleo, pero capturan una proporción limitada del desarrollo económico.

* El autor es consultor internacional y analista data-driven.
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