El español no es únicamente un idioma compartido por más de 600 millones de personas: también es un territorio cultural, político y emocional en permanente...
El concepto de ficción implica que hay un fuerte ingrediente de invención y por tanto de creatividad en lo que se relata, por más que pueda tenerse como sustrato una experiencia real que suele ser el punto de partida de lo que se narra.
Pero también sucede en no pocos cuentos y novelas, que sin que sea necesario darle a la historia un basamento real como punto de partida, arranca la narración poniendo de manifiesto hechos sobrenaturales (en la ciencia ficción, por ejemplo), ya sea que los presenten como normales o que desde el principio los traten como rompedores de la norma convencional.
En cualquier caso, toda auténtica obra literaria implicará siempre características creativas capaces de imponerle al lector sensible sus propias normas, y a menudo lográndolo gracias al talento especial del autor. Si esto no ocurre, puede tratarse de un simple relato tomado de la realidad, sin aspiración alguna de transmitir un auténtico sesgo artístico al receptor de la historia. No todo lo que brilla, o parece brillar, es oro.
Por lo general, los buenos lectores de cuentos y novelas en algún momento le preguntan (personalmente o sólo en su mente), o bien a sí mismos, si lo primero que se le ocurre a un talentoso autor es el tema del que va a tratar su obra; o si más bien se trata de aspectos tales como: los personajes, la atmósfera o sitio en donde ocurren los hechos, determinadas situaciones que de un modo u otro conducen la historia o desembocan en eso que suele llamarse “la trama” porque suele albergar abierta o solapadamente aquello a lo que se le suele denominar “el tema” central.
Por supuesto, cada escritor tiene su propia manera de lidiar con sus textos y, a menudo –si es realmente talentoso– puede trabajar con diversas variantes, administradas de un modo u otro según sea el caso. Algo similar ocurre con la decisión de quién va a narrar los hechos y en qué orden temporal lo irá haciendo. Incluso, como sabemos, puede haber más de un narrador, al grado de que la propia historia podría ser la que esté relatando los hechos...
Además, un factor a tomar en cuenta es determinar en qué orden conviene contar la historia. Y otro, es lograr que los hechos se vayan relatando a través de un diálogo puntual entre dos o más personajes en algún momento crucial de la historia, lo cual es menos usual.
Por otra parte, es fundamental tener lo más claro posible desde un principio –al menos en términos generales– qué tipo de historia se va a relatar. En ese sentido, hay infinitos temas susceptibles de ser narrados en un cuento o en una novela, ya que ambos géneros narrativos pueden ser realistas, surrealistas, eróticos o fantásticos, pero también metafísicos, de horror, de ciencia ficción, absurdos, metaficcionales o minificcionales, entre diversas modalidades.
Otro modo de abordar como lector un cuento o una novela es examinando su manejo del lenguaje, pero también el momento histórico en el que suceden los hechos narrados. Cada uno de estos aspectos es, a su vez, susceptible de combinarse con otras variantes para crear el entramado de nuevas posibilidades interpretativas. Pero en última instancia es el talento creativo del autor lo que hace la diferencia.
Por otra parte, no es infrecuente que, por más que un autor considere resuelto desde el principio determinados aspectos de su historia a medida que avanza la narración, vaya descubriendo nuevas aristas temáticas o formales no contempladas originalmente; y decida introducirlas en la trama de su obra, con lo cual puede resultar que su plan original se transforme en otra cosa...
Un cambio que no pocas veces sucede es el hecho de que, sobre la marcha, el narrador ceda su lugar a otro personaje (o a varios), con lo cual la historia planeada cambie de rumbo, de perspectiva o al menos de tono.
Lo que sí resulta fundamental, como lo han observado grandes autores, desde los norteamericanos Edgar Allan Poe y Ernest Hemingway; los mexicanos Juan Rulfo y Carlos Fuentes; los argentinos Jorge Luis Borges y Julio Cortázar; los uruguayos Horacio Quiroga, Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti, entre otros, es que un buen cuento gana desde el principio por knockout, mientras que los menos buenos ganan por puntos que se van acumulando a lo largo de su desarrollo. Y es que un buen cuento no puede “andarse por la ramas”.
Opino, en conclusión, que quienes nada más se contentan con leer buenos cuentos y novelas por el placer de ir descubriendo diversos factores capaces de sorprenderlos gratamente, tendrán menos interés en conocer más a fondo los aspectos propiamente artísticos –algunos ya mencionados– de la buena narrativa. Pero ya el hecho de gustar de la lectura es un primer paso del todo afortunado.
Me permito, en ese sentido, recomendar la lectura tanto de mi libro de ensayos: “Modus operandi: escribir sobre escribir” (2021), como de mi “Manual para la creación de cuentos y minicuentos imaginativos” (2024)