El español no es únicamente un idioma compartido por más de 600 millones de personas: también es un territorio cultural, político y emocional en permanente...
Frecuentemente se debate sobre los cambios urgentes que requiere la transformación educativa. Para que los estudiantes estén preparados para vivir en un mundo de incertidumbre, es imperativo que la familia desempeñe un papel activo en el aprendizaje de sus hijos. Asimismo, esta transformación demanda una actualización curricular, nuevas pedagogías y una gestión administrativa eficiente en las instituciones académicas. Es fundamental devolverle al docente su autonomía y autoridad en el aula, apoyándose en profesionales actualizados y en el uso estratégico de la tecnología.
Como señala Alfredo Gorrochotegui Martell en su libro Docente Líder (2018), la familia tiene un papel fundamental en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Del apoyo que esta brinde depende, en gran medida, el éxito escolar. La educación comienza en el hogar; es allí donde se inculcan los valores éticos, morales y religiosos, así como la disposición hacia el esfuerzo y la superación personal.
La familia es el guía y modelo de conducta primordial para los hijos. La crianza es una responsabilidad social de los padres que no debe delegarse, pues es un compromiso asumido desde el momento de la concepción. Uno de los problemas raíz de la crisis educativa actual radica, precisamente, en las carencias de la educación en casa. Los niños son, en última instancia, el reflejo de sus padres en sus comportamientos, conductas, aptitudes y carácter.
Esto los vemos, en los medios de comunicación donde se evidencian los resultados de hogares donde falta el amor y la búsqueda de Dios. Esta ausencia impacta negativamente en el aula de clases, manifestándose en distracciones, manipulación o bullying. Además, se observa con frecuencia que algunos padres intentan cuestionar la autoridad del docente o dictar cómo deben impartirse las clases, debilitando la disciplina necesaria para el aprendizaje.
La educación es un proceso complejo. Aunque el docente posea un modelo educativo basado en su formación pedagógica, experiencia y reflexión, debe mantener la capacidad de observar las nuevas tendencias y los problemas que surgen de los cambios generacionales, sociales y tecnológicos.
En su obra Las Fuerzas Morales (1907), José Ingenieros define la educación como el arte de capacitar al hombre para la vida social. Sus métodos deben tender al desarrollo de todas las aptitudes individuales para formar una personalidad armoniosa, digna de vivir en una sociedad que tenga por ideal la justicia. La educación es, por tanto, el puente entre el hogar y la sociedad.
La finalidad inmediata de la escuela es convertir al niño en ciudadano, manteniéndolo en contacto con la realidad social. Su primera función es demostrar que la actividad es agradable cuando se aplica a cosas de provecho, preparando al alumno para la acción cívica.
Es necesario cuestionarnos qué legado estamos dejando a nuestros hijos y a la sociedad. Vivimos en una comunidad a menudo confundida, que lucha por distinguir el bien del mal en las amistades y por mantener la responsabilidad y las buenas costumbres. Sin valores éticos y morales, la educación pierde su propósito esencial.
Como advirtió Zygmunt Bauman en Los retos de la educación en la modernidad líquida (2008), todavía debemos aprender el arte de vivir en un mundo sobresaturado de información. Pero, por encima de todo, debemos dominar el difícil arte de preparar a las próximas generaciones para vivir y prosperar en un mundo de tal complejidad. La Familia, Educación y Escuela son pilares fundamentales y necesario para la Vida.