• 26/08/2026 00:00

El movimiento obrero y la lucha por mejores condiciones laborales

El profesor Marcos Gandasegui y su equipo, que trabajaban en el Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA), realizaron aportes muy importantes sobre los orígenes del movimiento obrero en Panamá, partiendo del movimiento inquilinario, entre otros. Estos aportes se difundieron a través del folleto titulado “Cuadernos Populares”.

Hoy, en Panamá, quienes ocupan cargos en el Ministerio de Trabajo, Educación y en el propio gobierno pretenden borrar de un plumazo el esfuerzo, las luchas y las conquistas alcanzadas por el movimiento obrero y popular. En los Cuadernos Populares, hace 46 años, el profesor Andrés Achong escribía que la construcción del ferrocarril de Panamá (1850–1855) constituye uno de los hechos más relevantes y trascendentales del siglo XIX. El contexto histórico en que se desarrolla resalta aún más su importancia: el ferrocarril fue un factor vital en el proceso de gestación de la clase obrera panameña.

Durante la construcción del ferrocarril se observa por primera vez la contratación masiva de fuerza de trabajo. El surgimiento de la clase obrera panameña revela elementos característicos de su desarrollo y de la evolución de sus niveles de conciencia, aspectos de vital importancia. Achong indica que en agosto de 1850 se iniciaron los trabajos del primer ferrocarril transístmico de América, obra que no solo representó una valiosa ayuda para el capital internacional, sino que también marcó un hito en la formación social panameña.

En el editorial de La Estrella de Panamá del 9 de junio de 1953 se afirmaba: “La compañía cuenta con la ciencia de sus ingenieros y con el oro y la perseverancia de sus trabajadores; lo único que puede afectarle, y que parece que en efecto le afecta, es la falta de brazos”. Los obreros que hicieron realidad el ferrocarril transístmico fueron sometidos a una explotación comparable con la Inglaterra industrial.

Esa fuerza de trabajo flotante, que se desplazaba constantemente, construía riel tras riel. El ferrocarril, además de ser instrumento de movilidad, generaba el desplazamiento de más trabajadores. En este panorama nace nuestra clase obrera. Las primeras expresiones de rechazo a la sobreexplotación se manifestaron en exigencias salariales y mejores condiciones de trabajo. Ante estas demandas, la compañía los acusaba de flojos y de querer enriquecerse sin trabajar, algo muy similar a lo vivido en huelgas recientes.

La actividad portuaria, que ya tenía auge antes de 1850, también fue un foco de explotación de asalariados. Varias compañías navieras se instalaron en las costas cercanas a la zona de tránsito. Taboga, por sus condiciones, se convirtió en centro de acopio, embarque y reparaciones.

En noviembre de 1852 se produjo una de las primeras expresiones de protesta del proletariado portuario, reprimida abiertamente por la empresa y respaldada por la prensa. El 8 de septiembre de 1853, los trabajadores de Taboga se declararon en huelga porque la compañía exigía más trabajo a cambio de los mismos $2 diarios. La Pacific Company se mantuvo indiferente, mientras la prensa, apoyándola, afirmaba: “Es más probable que los obreros se mueran de hambre antes de que obtengan el aumento solicitado”.

Han transcurrido 176 años y la mentalidad de empresarios y gobernantes sigue siendo la misma. Ejemplo de ello son los 298 compañeros educadores separados del sistema educativo, a quienes se prefiere dejar en el desempleo antes que reintegrarlos.

En febrero de 1880, los obreros ferrocarrileros iniciaron una huelga para ajustar los salarios al costo de vida. Tras diez días, lograron que el superintendente se comprometiera a pagarles $1.20 diarios y $1 adicional más comida para quienes trabajaban en vapores y lanchas, en lugar de los 0.90 que recibían. Esta fue una de las primeras acciones triunfantes del movimiento obrero panameño.

Meses después, la compañía cambió de superintendente, quien anunció que desde el 1 de agosto de 1880 se reduciría el salario a $1 diario. Los obreros, sintiéndose burlados, defendieron sus conquistas y lanzaron por primera vez un manifiesto, dejando claro que el salario debía cubrir las necesidades mínimas de vida.

El 31 de julio de 1880 la lucha no solo buscaba defender conquistas, sino también obtener un salario de $1.50 diarios en correspondencia con el costo de vida. Ante la ruptura de compromisos anteriores, los obreros consideraban legítimas sus acciones.

La compañía del ferrocarril decidió no negociar y contrató trabajadores jamaicanos para romper la huelga, como ya había ocurrido antes. Los obreros, organizados, montaron una vigilia a lo largo de la ruta y detuvieron el tren antes de llegar a la estación de Panamá. Desengancharon la locomotora y atacaron a los rompehuelgas armados con garrotes, machetes y piedras. Aunque las tropas del gobierno intervinieron, la resistencia obrera logró que los esquiroles huyeran desordenadamente hacia la selva.

Al día siguiente, protegidos por soldados, los jamaicanos pudieron reagruparse. Sin embargo, los enfrentamientos continuaron, con los obreros vigilando las actividades del ferrocarril y resistiendo la llegada de más esquiroles.

Al cumplirse el 30º aniversario de la partida del profesor Andrés Achong, lo recordamos con gratitud por sus valiosos aportes al estudio y la memoria del movimiento obrero panameño. Reconocemos también el esfuerzo de las y los trabajadores, cuya lucha ha sido la base del sindicalismo en nuestro país. La historia del movimiento obrero en Panamá no puede borrarse: sigue siendo espejo de nuestras luchas presentes y guía para las conquistas futuras.

* La autora es educadora

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