• 01/08/2026 00:00

El Niño en las costas panameñas - daños y soluciones probadas

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En playa Farallón, playa Caracol y Punta Chame, el avance del mar ya se mide en arena perdida, accesos deteriorados y viviendas expuestas. El problema deja de ser una imagen lejana cuando una calle se inunda, una lancha no puede desembarcar o un pozo comienza a volverse salobre.

El Niño altera la temperatura, los vientos y las corrientes del Pacífico tropical. En Panamá suele coincidir con menos lluvia y mayor calor. En la costa, sus efectos se agravan cuando el nivel del mar, las mareas altas y los oleajes fuertes actúan sobre playas que ya han perdido manglares, dunas o espacio natural. Un estudio divulgado por la Senacyt estimó retrocesos anuales de 47.56 metros en playa Farallón y 38.29 metros en playa Caracol. En Punta Chame, MiAmbiente documentó erosión y paralizó obras investigadas por posible extracción ilegal de arena y rellenos costeros.

La erosión reduce el ancho de las playas, socava caminos, daña drenajes y deja carreteras costeras más cerca del oleaje. Para las comunidades, esto significa reparaciones frecuentes, dificultades de acceso y mayor riesgo durante marejadas. También afecta escuelas, comercios, sitios de desembarque y rutas utilizadas por ambulancias. Cuando disminuye el caudal de los ríos, el agua salada puede avanzar por estuarios, aguas subterraneas, pozos y suelos agrícolas. Esa intrusión salina afecta el consumo humano, el riego y los ecosistemas que dependen del equilibrio entre agua dulce y marina.

La pesca también cambia. La FAO, ha documentado que El Niño modifica la abundancia y distribución de recursos pesqueros. Para pescadores artesanales panameños, especies comerciales como la corvina y la sierra pueden dejar de aparecer habitualmente. Menores capturas significan viajes más largos, mayor gasto de combustible e ingresos inciertos para familias que dependen de la venta diaria.

La adaptación costera funciona cuando combina infraestructura, ecosistemas, información y participación local. No existe una obra única para todas las playas: un muro puede proteger un punto y trasladar la erosión hacia otro. Bangladesh utiliza manglares frente a diques desde la década de 1960. El Banco Mundial concluyó que estas barreras vivas reducen la energía de las olas y permiten disminuir hasta 80% el espesor requerido en ciertas protecciones de taludes. La lección es que el restaurar manglares requiere escoger bien el sitio, recuperar el flujo de mareas y mantener vigilancia comunitaria.

En Europa, los Países Bajos construyeron en 2011 el Motor de Arena, una península artificial formada con 21.5 millones de metros cúbicos de arena. El viento, las olas y las corrientes distribuyen ese material hacia playas y dunas. Tras una década de seguimiento, la Dirección General de Obras Públicas y Gestión del Agua de los Países Bajos (Rijkswaterstaat), confirmó que el proyecto fortalece la costa y dura más de lo previsto. Panamá puede aplicar alimentaciones de playa similares donde los estudios demuestren que el sedimento permanecerá y no dañará arrecifes o pastos marinos.

En América Latina y el Caribe, Belice amplió sus áreas marinas protegidas del 13 al 22 % entre 2015 y 2020, restauró doce sitios coralinos y apoyó medios de vida alternativos para 1,535 personas. Proteger arrecifes, manglares y zonas de reproducción ayuda a sostener la pesca y amortiguar oleajes.

Panamá necesita mapas periódicos de erosión e intrusión salina, normas firmes para construcciones y extracción de arena, restauración de manglares, drenajes adecuados, alertas para pescadores y fondos municipales de mantenimiento. Las comunidades deben participar desde el diagnóstico hasta la vigilancia de la intervención. Las soluciones deben seleccionarse según cada costa, con medición de resultados. Prepararse antes de la siguiente marejada cuesta menos que reconstruir después.

* La autora es geógrafa y exministra de Ambiente
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