• 22/05/2024 23:00

El quid pro quo de la educación

[...] el juego del gato y el ratón con la educación panameña, debe terminar. Ello solo es posible con una ley de reforma educativa donde los actores educativos [...] “deben ser sujeto y objeto de la implementación del cambio” [...]

“El mayor desafío del mandato popular otorgado al presidente proclamado, José Raúl Mulino, como lo fue ‘la estrella’ del malogrado gobierno pasado, es la transformación del obsoleto sistema educativo panameño, a objeto de alcanzar ‘la tan anhelada calidad educativa’”. (Bayano digital)

No sé sí ustedes, pero yo me pregunto, por qué a escasos días (3 de junio) de iniciar el proceso de transición del nuevo gobierno, el señor presidente designado, votado y proclamado, no ha escogido aún al titular de la cartera de educación. Por su importancia para el futuro del país debió ser el primero.

Ocurre que por el origen y posición social de las personalidades nombradas en los otros ministerios que conformarán el Gabinete de José Raúl Mulino, este es un Ejecutivo netamente burgués - empresarial y, ligado a dicha realidad, me surgen las siguientes interrogantes: ¿por qué durante la reciente campaña electoral todos los aspirantes a la presidencia de la república se refirieron de forma general o tangencial, al fundamental y estructural problema de la educación?

¿Por qué cuando se habla de política educativa se deriva – casi siempre - al tema de la infraestructura y, sale como conejo del sombrero del ilusionista, el problema de “las escuelas ranchos”?

Sencillo, allí el quid pro quo de la educación panameña. Las decenas de escuelas ranchos, particularmente, en el área comarcal, son el pretexto, para no debatir la esencia de la transformación de la educación, esto es, la “calidad de la educación” y en su especificidad la transformación curricular.

Y, no es por falta de proyectos o estudios para establecer la “hoja de ruta” hacia la “reforma educativa”, pendiente desde hace 45 años en que se descoronó la última propuesta. La historia de la educación panameña, registra, al menos, seis (6) estudios concretos para la mejora y transformación de la educación, a saber: Comisión de Estudio de la Educación Nacional, (1947-1950). Estudio del Sistema Educativo de la República de Panamá de Ismael Rodríguez Bou (1956-1957). “Plan Quignar, 1965”. Plan Nacional de Educación o “Plan Pensilvania” (1968). Comisión de Alto Nivel para la Reforma Educativa (1970); rechazada y abolida en 1979. Estrategia Decenal de Modernización de la Educación Panameña (1995). (“Gestión y cambio en el sistema educativo panameño: Huellas e hitos”. De Gracia G, Franklin. 2016.)

Ninguno de estos estudios tuvo continuidad en el tiempo. Bajo el simplismo o eufemismo de “cada maestrito con su librito”, cada cuatro (4) años, primero, y cinco (5) después, el gobierno de turno desechaba lo actuado por el anterior. En el fondo se trata del poder. La oligarquía liberal del “ancien régime” liberal y la plutocracia neoliberal posinvasión, han tenido bien claro que la mejor forma de dominación es mantener a los hijos del panameño de a pie, ignorantes, con una educación desfasada; mientras sus hijos estudian en colegios particulares de excelencia y son enviados al extranjero a universidades de “primer mundo”.

Esta historia concluye con el destino de “La Estrategia Decenal ...”, implementada por el gobierno de Concertación Nacional, presidido por Ernesto Pérez Balladares y su eximio ministro de Educación, Pablo Thalassino (RIP). “La Estrategia Decenal” fue desarrollada hasta el “Proyecto de Educación Básica General” y, abandonada por los gobiernos de Mireya Moscoso y Martín Torrijos, respectivamente.

El proceso de transformación curricular de la educación, incoado en la administración de Pérez Balladares fue retomado en el mandato de Ricardo Martinelli y la ministra de Educación Lucy Molinar, mediante el Decreto Ejecutivo N° 944 de 21 de diciembre de 2009, “se inicia un plan piloto con 64 centros educativos de Educación Media. En el año 2011 se incluye la Básica General (de pre escolar hasta el noveno grado)” (Ibíd.). Pero, nuevamente es abandonado por los dos (2) últimos gobiernos.

En conclusión, el juego del gato y el ratón con la educación panameña, debe terminar. Ello solo es posible con una ley de reforma educativa, donde los actores educativos, es decir, la comunidad educativa, “debe ser sujeto y objeto de la implementación del cambio”. (Ibíd.) No basta eliminar las escuelas ranchos, equipar los centros educativos y ofrecer una comida caliente a los estudiantes; se requiere sobre todo, una transformación de la educación - reforma educativa - basada en el diseño curricular (existen varios), yo me inclino en el enfoque por competencias.

El autor es abogado y analista político
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