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- 09/05/2026 00:00
El relativismo ambiental, el doble rasero de algunos panameños y la ciencia ficción
Con mucha frecuencia y por muchos años, hemos sido testigos de la forma oportunista como se agitan conceptos dentro de relatos, dignos del productor de series de televisión y películas de ciencia ficción, el norteamericano Irwin Allen. Perdidos en el espacio, el túnel del tiempo, tierra de gigantes y viaje al fondo del mar son algunas de sus más famosas producciones.
“La minería está deforestando a Panamá”, ficción, ya que los datos estadísticos de la progresión y el avance de la frontera agropecuaria, sustentadas incluso con fotos satelitales, se encuentran en dominio público a través del Ministerio de Ambiente y otras instituciones científicas del país. Las 5,900 hectáreas que han sido impactadas por el proyecto minero Cobre Panamá representan a las 2,500,000 hectáreas deforestadas entre 1970 y 2014 según datos proporcionados por MIAMBIENTE durante el quinquenio Varela, el 0,236 % de ese total deforestado. Entonces no es la minería la que deforesta a Panamá.
Durante los últimos 15 años, quien escribe ha intentado llevar adelante una iniciativa que logre la legislación para hacer obligatoria la reforestación de al menos el 15% de los potreros existentes y a pesar de habérselo planteado a diputados de diferentes bancadas, a un ministro en funciones del ambiente y a varios expresidentes y candidatos a presidentes, esta propuesta ha caído en saco roto.
“La mina contamina”, este cliché que pareciera ser el credo de la secta anti-minera nacional, se repite alegremente y la dicen abogados, sociólogos, arquitectos, sindicalistas, periodistas y sobre todo muchos políticos convencidos que han de captar votos, soñando todavía con aquella revolución de los inútiles. En ingeniería y otras disciplinas, existen las auditorías, tanto internas como externas y el gobierno panameño está por presentar los últimos informes. Ya se conocen los seis primeros y no se han encontrado hallazgos negativos en materia de contaminación. Datos, no relatos.
Enfermedades renales, cáncer, nacimientos con deformidades y otros inventos. El Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social mantienen todos los registros de los lamentables casos de enfermedades como éstas y contrario a lo expresado incluso por religiosos, educadores en huelga, comentaristas de radio y otros “especialistas de esquina”, la principal causa de las enfermedades renales se asocia directamente, por ejemplo, en zonas de la vertiente pacífica coclesana y otras regiones del país, al uso inapropiado e indiscriminado de agroquímicos.
Monagrillo en Chitré, provincia de Herrera, es el corregimiento con mayor incidencia de cáncer. En esta provincia no hay minas por lo que las causas deben buscarse en otras fuentes. ¿Quizás los agroquímicos nuevamente? Las autoridades tienen la palabra.
Los nacimientos con malformaciones en distintas zonas del país podrían estar más asociados al consumo de drogas y alcohol, a la mala alimentación, a situaciones de violencia sexual (incluidos casos de incesto) y a la falta de atención médica y de control prenatal oportuno. Confirmar estas causas corresponde al Ministerio de Salud y a las instituciones competentes.
Mientras el país lleva 25 años tratando de limpiar la bahía de Panamá y los ríos de la ciudad, durante décadas se vertieron allí todas las aguas negras. Eso transformó a la otrora hermosa bahía en la letrina más grande de América.
Un dato revelador: en la ciudad de Panamá no hay una sola mina. Sin embargo, abundan los politiqueros que achacan a la industria minera todos los males relacionados con la contaminación ambiental. La lista de inventos y mitos es inmensa.
Si Irwin Allen viviera, encontraría aquí una fuente inagotable de inspiración para la ciencia ficción. Incluso podríamos tener hoy una serie de culto titulada, por ejemplo, “El mundo sin minería”. Actores y libretistas no faltarían.
El relativismo ambiental a nublado el juicio de quienes insisten en demonizar a la minería y atribuirle todos los problemas, alimentándose de la extendida superstición presente en parte de la comunidad panameña. Cuando superemos este fenómeno, podremos impulsar más y mejores empresas productivas, proyectos que generen empleo y la riqueza necesaria para invertir en educación y salud, en lugar de superstición y ciencia ficción.