Una botella de cristal con un pequeño mensaje dentro que apenas dice ‘Remember’ da la bienvenida a ‘Ground Zero 360 - Remembrance’, muestra que abrió este...
El vínculo entre una abuela y su nieto es uno de los lazos más poderosos y mágicos de la infancia. En “El cuento de ayer”, libro de literatura infantil escrito por Rosalba Alarcón de Luján, ese lazo se vuelve doblemente especial, porque se transforma en un puente entre el afecto cotidiano, la inmensidad y la existencia.
Su propuesta, presentada en la reciente Feria Internacional del Libro de Panamá, está anclada no solo en contemplar el universo, sino en interrogarlo. Abuela y nieto, pertenecen a dos generaciones que se encuentran en un territorio común: la pregunta. La curiosidad de Logan, el nieto, puede ser una puerta a lo infinito. El cosmos es también la dimensión de su asombro.
Rosalba Alarcón de Luján es arquitecta, artista plástica y escritora venezolana radicada en Panamá hace años. Ha dedicado su vida a la pintura, la escultura y la literatura infantil, con una obra que compromete los temas de la naturaleza y los afectos familiares. A sus 71 años -nos cuenta- continúa escribiendo e ilustrando libros.
La idea de transformar a la abuela en una guía, casi filosófica, tuvo también el reto de cubrir la escala: el universo es gigante y un niño es pequeño. Como ilustradora, la paleta de colores elegida convierte la atmósfera del libro en un espacio cálido de cielos nocturnos estrellados, la colorida presencia del chal de la abuela y los matices de la tierra cohabitada.
Es indudable el papel juega la curiosidad en la infancia y por qué los abuelos son tan importantes para ello. En este libro hay un diálogo cara a cara, justo ahora en un mundo lleno de pantallas y celulares, que rescata la tradición oral entre dos generaciones muy distantes y vindica la curiosidad por el otro como práctica de amor.
Las abuelas y abuelos suelen contar historias de sucesos familiares, pero aquí cuentan el paso humano por el mundo. Llama la atención el amor sin prisa para transmitir la historia, escuchar con calma y también la complicidad. Al final, queda claro que esas preguntas no solo intentan entender el universo, sino que buscan con quien mirarlo.