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- 07/03/2015 01:00
Elegancia
A veces debemos seguir conductas de imagen acorde con nuestra sociedad; sin embargo, en esta cultura moderna de igualdad, las reglas de cortesía y elegancia parecen ser cosas del pasado.
La elegancia, definida por el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, se muestra como la forma bella de expresar los pensamientos; además de significar gracia, nobleza y sencillez.
Para algunos, los que dicen ser representantes del pueblo (diputados), esta gracia social de elegancia deja mucho que desear cuando se expresan en el pleno o cuando lucen su vestimenta.
Esta cultura de imagen que debe tener todo funcionario, se incrementa en forma negativa cuando los personajes aparecen con lenguajes inapropiados y/o vestidos como guacamayas o más parecidos a un semáforo ante los medios o por las redes sociales.
A mitad del primer periodo de sesiones 2014-2019 en la Asamblea Nacional hay mejoras en la etiqueta de los honorables (principales y suplentes); sin embargo, todavía algunos dejan mucho que desear al momento de sus combinaciones textiles ante la prensa, público o sus comunidades.
El vestir con elegancia para expresar imagen ofrece una perspectiva a los electores sobre las cualidades o aptitudes que debe tener su representado ocupando un escaño en la Asamblea Nacional.
Como buenas costumbres en el vestir se pueden mencionar contados casos, como Athenas Athanasiadis, Marilyn Vallarino, Miguel Fanovich, Héctor Carrasquilla, Rubén De León, Jorge Arrocha, Manuel Cohen, José Moreno y Edgardo (Fille) Forero (Suplentes).
La elegancia, como sinónimo de prestigio, debe ser asumida como un estilo propio de cada individuo con variantes sociales y educativas que implican un patrón de conducta, el cual debe ser aceptado o rechazado por la sociedad.
COMUNICADOR SOCIAL.