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- 15/12/2010 01:00
Elogio al discurso poético
El escritor peruano Mario Vargas Llosa hizo un recuento que partió de los más recónditos instantes de su vida familiar y que alcanzó a resumir su trayectoria literaria que dividió en dos grandes momentos, la fase de lectura y la creación; de allí el nombre del discurso que leyó al recibir el Premio Nobel de Literatura 2010, ‘Elogio de la lectura y la ficción’.
Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, alcanzó esta distinción que anualmente entrega la Academia Sueca y se convirtió en el décimo primer escritor de habla hispana y el sexto latinoamericano que lo consigue, tras los chilenos Gabriela Mistral, Pablo Neruda, el guatemalteco Miguel Angel Asturias, el colombiano Gabriel García Márquez y el mexicano Octavio Paz.
En su primer párrafo, explica cómo la lectura cambió la realidad y su relación con el mundo; ‘Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio...’. Su infancia transcurrió entre textos, historias y narraciones que llenaron su mente con los héroes y fantasmas surgidos de tantas páginas que vieron sus ojos.
La recepción de este alto premio literario —epílogo de muchas distinciones recibidas por su obra literaria—, llega como colofón a una vida dedicada a las letras tanto en su perspectiva de ficción, como en el análisis de la realidad sociopolítica desde sus vibrantes manifiestos socialistas, hasta una expresión del liberalismo, que en algún momento quiso consolidar con una candidatura a la presidencia de su país.
Vargas Llosa pudo conciliar su escrutinio riguroso del mundo y la sociedad —en principio la peruana— a escala planetaria con su trabajo literario, tanto en los títulos novelísticos (quizás su más lograda arquitectura), como en el ensayo, con el que ha demostrado un profundo conocimiento del lenguaje poético que llega al estudio de los primeros ejemplos de ficción en ‘Carta de batalla por Tiranc Lo Blanc’.
Pero además, tuvo la capacidad de intervenir en el teatro con obras como ‘La huida del Inca’, ‘La señorita de Tacna’, ‘Kathie y el hipopótamo’, alusiones a la literatura clásica en ‘Odiseo y Penélope’ y ‘Las mil y una noche’; así como en el periodismo con sus columnas que le han permitido recorrer el mundo y conocer fenómenos como la guerra de Irak, o la xenofobia europea contra las migraciones del tercer mundo.
Estos y otros fenómenos apasionantes permiten a los lectores disfrutar de sus reflexiones que descansan en un certero y analítico pensamiento que trata de buscar un equilibrio entre el hombre y los poderes, como decía en su última obra de teatro; ‘...para explicar la razón de ser de la ficción en la vida de los seres humanos y la manera como ella ha contribuido a distanciarlos de esos oscuros orígenes de su historia en los que se confundía con los cuadrúpedos y las fieras’.
Esta idea ronda su literatura desde aquellas novelas iniciales ‘La ciudad y los perros’, ‘La casa verde’ y ‘Conversación en la catedral’, que definieron su estilo de composición e insertaron a sus personajes en la vida absurda de una sociedad en crisis; que, configura, define y marca a los personajes y los estruja, porque refleja literariamente los conflictos entre el poder y los individuos.
Aún en títulos como ‘La fiesta del chivo’ y ‘El sueño del celta’, hay un atisbo, estudio y análisis de las expresiones del poder; que, construidos con una estructura poética, documentan sobre realidades, en el periodo de la dictadura trujillista, una y en el desenfreno del Congo y la Amazonía de inicios del siglo XX, la otra.
Este escritor, que se peleó ideológicamente con Fidel Castro y el Kremlin y a trompadas con García Márquez, maneja el lenguaje narrativo también en su vertiente teórica, como lo confirman los títulos ‘García Márquez: la historia de un deicidio’, ‘Historia secreta de una novela’, ‘La orgía perpetua’, sobre Flaubert, ‘La verdad de las mentiras’, que analiza 25 novelas ejemplares.
También en análisis monográficos como, ‘La tentación de lo imposible’, sobre ‘Los miserables’ de Víctor Hugo o ‘El viaje a lo imposible’, sobre la obra de Juan Carlos Onetti nos dan un panorama de su profundidad.
Este Nobel a Vargas Llosa tiene un doble valor; la condición de latinoamericano es uno, pero el otro está relacionado con su profunda práctica de la creatividad de la palabra y su vigencia; única manera ‘de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible’, concluyó en la Academia Sueca.
*PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.