• 16/04/2026 00:44

Panamá: enclave, globalismo y política exterior

Introducción: Pocos conceptos han sido tan precisos y certeros en la historia de nuestra América Latina, como lo ha sido el de ‘’enclave’’; desarrollado por el economista Xavier Gorostiaga. Para el jesuita nicaragüense, Panamá no era un Estado con autonomía plena, sino más bien un territorio estructurado para servir funciones externas. En sus inicios el Estado panameño, sería plataforma de servicios del expansionismo militar y comercial de Estados Unidos, para luego serlo de los flujos globales del capital transnacional. Esa condición de enclave dependiente - decía Gorostiaga - se refleja a lo interno del país, en una economía sin bases productivas propias, especializada en servir y facilitar a otros.

Releer a Gorostiaga aunado a las categorías conceptuales de Giorgio Agamben y Saskia Sassen nos permite tener más elementos analíticos para comprender cómo el enclave panameño no sólo fue un fenómeno geopolítico clásico, sino a su vez una muestra pionera de los que hoy estos dos autores denominan espacios desnacionalizados y zonas de excepción, donde se vive una ciudadanía mutilada y una política exterior basada en una diplomacia pragmática.

Enclave, pérdida de ciudadanía y espacios desnacionalizados

Para Gorostiaga, el enclave canalero era la expresión de una soberanía mutilada; donde se construía una doble ciudadanía; los que vivían dentro de la zona protegida con legislaciones especiales de autoprotección, y el resto que a pesar de que podían trabajar allí no gozaban de las mismas condiciones. En resumida cuenta, el enclave era un espacio de excepción, una ´´zona especial y espacial´´; un laboratorio anticipado de lo que hoy llamaríamos globalización asimétrica.

La reversión canalera traería consigo: lo irreversible; el enclave no desaparecería sino se transformaría. El siglo XXI traería las nuevas reestructuraciones del enclave: ´´las zonas especiales´´. Cada una con su propia normativa, todas compartiendo una lógica común: suspender o flexibilizar la legislación laboral y tributaria panameña para atraer capital extranjero.

Como lo había visto Gorostiaga: el enclave no es un accidente histórico, es la forma estructural de Panamá en el sistema-mundo.

Para Agamben, la nuda vida es aquella donde la vida es reducida a mera biología, despojada de derechos políticos. Es la condición del homo sacer romano: se le puede usar, incluso eliminar, sin que ello constituya crimen.

En las ´´zonas especiales panameñas´´, el trabajador encarna esta paradoja. Puede ser contratado, explotado, despedido, pero rara vez puede ejercer plenamente sus derechos políticos. En aquellas, el Código de Trabajo se suspende y el margen de defensa laboral es mínimo. El obrero se convierte en lo que Agamben diría: cuerpo útil, pero políticamente neutralizado.

El enclave, entonces, no sólo administra mercancías y capitales: también produce vidas desnudas, ciudadanos reducidos a fuerza de trabajo sin plenitud de ciudadanía.

Para Sassen. Los enclaves serian espacios desnacionalizados: territorios dentro de los Estados donde la lógica nacional se suspende para dar paso a las exigencias del capital global. No se trata de perder soberanía hacia otro país, sino de ceder soberanía a un mercado.

Las zonas francas panameñas son ejemplos claros de este fenómeno. Están físicamente en Panamá, pero jurídicamente operan como “otros” espacios. Allí la ley nacional se diluye: ni impuestos plenos, ni regulaciones estrictas, ni derechos laborales tradicionales. Sassen, diría que Panamá ha convertido su propio territorio en un archipiélago de excepciones, cada isla gobernada por reglas distintas.

El enclave panameño, en esta lectura, no es un residuo del pasado, sino la forma contemporánea de integración en la globalización: soberanía fragmentada, ciudadanía relativa, economía servicial.

Implicaciones para Panamá

¿Qué significa todo esto para el país? Que estamos viviendo una paradoja: mientras nos proyectamos al mundo como hub logístico global, hacia adentro reproducimos una ciudadanía desigual.

El país, en su apuesta por insertarse como nodo estratégico, ha cedido territorio por capital, soberanía por inversión. Toda la estrategia estatal va dirigida a eso. Su política exterior es reducida a una diplomacia pragmática, donde se fortalece al enclave y sus nuevas reestructuraciones. Y aunque eso genera modernidad y crecimiento, también alimenta la desigualdad.

Panamá ilustra, quizás mejor que ningún otro país latinoamericano, la lógica del globalismo actual. De enclave militar estadounidense a enclave logístico bajo el capital transnacional.

Con Gorostiaga y sus tesis aprendimos a entender el concepto de enclave y su implementación. Agamben y Sassen nos ayudan a entender qué significa eso en el siglo XXI: no sólo soberanía cedida, sino trabajadores convertidos en vida desnuda y territorios desnacionalizados donde la ley se fragmenta.

Cabría entonces, preguntarse: ¿si seguimos construyendo esta lógica de país donde se reproduce la excepción y la precariedad?; si por el contrario sentamos las bases hacia la construcción de uno; en donde se logre reconciliar el papel global con una ciudadanía plena para quienes habitan su territorio.

* El autor es magister en Docencia Superior, especialista en Relaciones Internacionales y técnico en Relaciones Laborales
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