• 18/10/2026 00:00

¿En qué nos cambió el terremoto?

Mientras en Panamá confirmamos que el panameño es solidario por naturaleza, al menos cuando hay grandes sucesos, se pudo notar la solidaridad de igual manera de escuelas extranjeras y otras organizaciones que típicamente no es tan notoria su participación respondiendo a eventos como el terremoto que impactó fuertemente las provincias centrales de nuestra “S” acostada.

Desde mi balcón percibo que el país, ni siquiera la capital, no ha regresado a su habitual comercio, negocios, turismo y que decir de la educación, donde nuevamente, en esta ocasión por otras razones, son los alumnos de las escuelas oficiales que se ven afectados de una manera sustancial en lo que al aprendizaje por parte los niños y jóvenes se refiere.

Es triste reconocer que la situación de la educación en Panamá vuelve a verse afectada de tal manera que muchos miles de personas no podrán recibir una educación que les permita superar la situación en la que viven; superación ésta que tantos anhelan y que no todos pueden obtener. Durante la pandemia culpamos, con justificada razón, a las imprudentes decisiones que emitían un ministro que, pareciera ser, no podía ver ni calcular el tremendo daño que le hacía a este segmento de la población ya afectada por el hacinamiento, mala alimentación y casi nulo entretenimiento.

Ahora, por las malas condiciones en que quedaron cientos de recintos educativos que requerirán ser demolidos para construir nuevas escuelas o en una reconstrucción y remodelación de muchas otras. Y algo que pocos toman en cuenta, es que cuando en una familia hay dos niños o más y no pueden asistir a clases, eso significa que alguien deberá sacrificarse para poder cuidarlos.

Los panameños nos acostumbramos a decir que “en Panamá no tiembla”... hasta que tembló y ¡de qué manera! Lo sucedido ese fatídico 9 de octubre quedará en la memoria de muchos para siempre, no solo por las alteraciones al sistema nervioso, sino porque era la primera vez que experimentaban algo similar. Ahora, si para los adultos es complejo, imagínense que debe estar pasando por la mente de los infantes que no solo nunca se habían enfrentado a esta condición, sino que no saben qué fue lo que pasó. En las escuelas que están abiertas les están enseñando a niños tan pequeños como de prekínder y maternal a saber cómo reaccionar antes este tipo de actos.

Lo que nos queda en la mente de muchos es la condición de nervios, ansiedad y hasta pánico de muchos jóvenes y adultos que han visto sus vidas alteradas de una manera que nunca se imaginaron.

Nos toca a los “embalconados” llamar la atención a la clase política de Panamá, para que no abusen de estas condiciones. El período electoral aún no empieza por un lado y, por el otro, los damnificados le van a decir que sí a cuanto individuo les toque la puerta para darles así sea solo una bolsa de comida. De igual manera, las autoridades locales, regionales y nacionales deben entender que no se debe ni es justo hacer campaña política con la miseria humana y mucho menos con el dolor que causa, por ejemplo, perder su vivienda para un campesino que a duras penas puede sobrevivir con lo que cultiva y cosecha.

Al que sorprendan haciendo negocio con las donaciones, deben ponerlo preso y no dejarlo salir hasta que haya otro terremoto, pues comete un grave delito combinado con la falta de solidaridad. Es aquí donde se deben practicar los valores cívicos, éticos y morales que tanto cacareamos y que debemos aprovechar para enseñarle a nuestros ciudadanos más jóvenes.

Me ha tocado ver cómo las personas que viven en edificios, cada vez que sienten una réplica enseguida quedan de pie y listos para volver a bajar y encontrarse con todos sus vecinos, cosa que típicamente no sucede cotidianamente, pues cada uno vive en su pequeño mundo y hasta sin importarle mucho quien vive a su lado.

Aprovechemos este terrible acontecimiento para iniciar una nueva forma de ser, de comportarnos y de vivir, no solo con nosotros mismos sino con quienes nos rodean, sean familia o no.

* El autor es analista político, comunicador y dirigente cívico
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