• 18/10/2026 00:00

La diferencia entre vivir más y vivir mejor

La mayoría de nosotros hemos conocido a personas de ochenta años que parecen décadas más jóvenes. Viajan, se mantienen activos, tienen una agenda social repleta y, de alguna manera, poseen más energía que personas de la mitad de su edad. También hemos visto lo contrario. Se puede vivir muchos años, pero pasar años lidiando con el deterioro de la salud, la movilidad reducida y una creciente lista de citas médicas.

Ambos tipos de personas envejecen. Pero lo experimentan de forma muy diferente. Esta distinción es la clave. Vivir más no es necesariamente el objetivo de la vida. Vivir mejor durante más tiempo sí lo es. Cuando hablamos de longevidad, solemos centrarnos en la esperanza de vida, es decir, el número total de años que vivimos. Es una métrica fácil de entender porque es cuantificable: se llega a los 80, 90 o 100 años.

Pero la longevidad saludable se refiere a los años que pasamos sanos, activos y libres de enfermedades graves. Es el periodo de la vida en el que aún podemos hacer las cosas que nos hacen sentir bien: dar largos paseos, viajar de forma independiente, pasar tiempo con familiares y amigos, cultivar nuestros pasatiempos y pasiones, seguir trabajando si así lo deseamos, y disfrutar del día a día con energía de sobra. Si lo pensamos bien, eso es lo que la mayoría de nosotros realmente anhelamos.

Pocas personas sueñan con añadir una década más a su vida si esos años los pasan sintiéndose mal. Lo que realmente queremos son más años de bienestar. Es la diferencia entre vivir más y vivir bien.

Envejecer no se trata solo de arrugas. Durante décadas, el envejecimiento se consideró algo inevitable. Uno envejecía, su cuerpo se deterioraba y, finalmente, aparecían las enfermedades. El envejecimiento en sí mismo puede ser el mayor factor de riesgo detrás de muchas de las enfermedades crónicas que asociamos con la vejez, como las enfermedades cardíacas, el Alzheimer, la diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer. En otras palabras, las enfermedades pueden ser diferentes, pero el envejecimiento suele ser el denominador común que las conecta.

Esta idea ha contribuido a redefinir el debate sobre la longevidad. En lugar de centrarse exclusivamente en tratar las enfermedades una vez que aparecen, los investigadores están cada vez más interesados en comprender por qué nuestros cuerpos se vuelven más vulnerables a las enfermedades.

El objetivo no es la inmortalidad, sino ayudar a las personas a mantenerse más sanas durante más tiempo.

La vida moderna es cómoda. Quizás demasiado cómoda. Piénsalo. Casi nunca tenemos que caminar. Nos traen las compras del supermercado a casa. Pasamos gran parte de nuestra vida sentados, ya sea en un escritorio, en el coche o en el sofá. Mantenemos nuestras casas a la temperatura perfecta todo el año y tenemos acceso a la comida cuando queramos.

Ninguna de estas cosas es mala. La mayoría son comodidades maravillosas. Pero el cuerpo humano evolucionó en un entorno muy diferente. Durante la mayor parte de la historia, el movimiento no era ejercicio, sino supervivencia. La comida no estaba disponible constantemente. Las fluctuaciones de temperatura eran parte de la vida diaria.

Nuestros cuerpos parecen responder positivamente a ciertos tipos de estrés manejable. El ejercicio es quizás el mejor ejemplo. Un entrenamiento supone un desafío temporal para el cuerpo, pero el proceso de recuperación nos deja más fuertes y resistentes que antes.

La conclusión no es que debamos complicarnos la vida sin motivo, sino que nuestros cuerpos se benefician de los desafíos. Ya sea entrenamiento de fuerza, senderismo, cargar la compra, caminar en lugar de conducir distancias cortas o simplemente moverse más a lo largo del día, esos pequeños desafíos le recuerdan al cuerpo que debe mantenerse fuerte y adaptable.

Una de las mejores herramientas para la longevidad no es nada glamurosa. Hay que conservar los músculos. Con la edad, perdemos masa muscular y fuerza de forma natural. Esta pérdida afecta mucho más que la apariencia. Influye en el equilibrio, la movilidad, la independencia, la recuperación, la salud metabólica y la calidad de vida en general.

Cuando los investigadores hablan de envejecer bien, a menudo se refieren a preservar la funcionalidad. ¿Puedes levantarte del suelo sin ayuda? ¿Puedes llevar tu propia maleta por el aeropuerto? ¿Puedes subir un tramo de escaleras sin cansarse? ¿Puedes seguir practicando las actividades que disfrutas? Estas preguntas pueden parecer sencillas, pero se vuelven cada vez más importantes a medida que envejecemos. La longevidad no se trata solo de añadir años a la vida, sino de mantener la capacidad de participar plenamente en esos años.

En definitiva, la longevidad no se trata de vivir para siempre. Se trata de preservar las cosas que hacen que la vida sea placentera. La capacidad de mover el cuerpo, mantener la independencia, permanecer conectados con nuestros seres queridos y despertar cada día con suficiente energía para participar en la vida es lo que la mayoría de nosotros realmente buscamos. Vivir más tiempo puede ser el titular. Vivir mejor es la verdadera historia.

* El autor es empresario, consultor de nutrición y asesor de salud pública
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