• 10/02/2014 01:00

El valor de las encuestas

Si preguntan a 1000 varones casados si han sido infieles con sus esposas, el 99 % responderá que jamás. El encuestado no conoce a quien ...

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Si preguntan a 1000 varones casados si han sido infieles con sus esposas, el 99 % responderá que jamás. El encuestado no conoce a quien pregunta; desconfiará quién es y que un desconocido, libreta en mano, indague algo tan personal e íntimo. Pero si preguntan si panameños son infieles a sus parejas, dirá que la mayoría lo es. Por supuesto que todo depende entonces del ángulo cómo se haga una pregunta y cuál es la respuesta que se espera obtener.

Creo en encuestas, las cuales son una fotografía de un momento determinado. Pero hay encuestas y encuestas. Si te van a regalar el ‘HACELOTODO’ y preguntan ‘¿Cuál es el mejor jabón?’, de antemano sabremos el resultado. En una oportunidad me tocó representar a la revista ‘A’, que reclamaba a la revista ‘B’ publicación de encuesta donde colocaba a ésta última como la preferida de los lectores. La de mi cliente apareció allí como si nadie la leyera. La encuesta había sido ficticia y tuvieron que rectificar. Estaban manipulando un hecho de la opinión pública maliciosamente para obtener un beneficio propio: ningún anunciante iba a preguntarles si la encuesta era cuestionable; la daban por cierta, con la que pautarían con la ‘mejor’ posicionada frente a los lectores.

En política resulta lo mismo. Todo depende de cómo se haga la pregunta, dónde se haga y quién la haga y, como diría Maduro, quién es el pajarito que te habla. En El Chorrillo, por ejemplo, ninguno dirá que no votará por Chello; se arriesga a que no le den el jamón que recibió el vecino. Igual ocurrirá si hacen una encuesta dentro de un ministerio o entre empleados de Varela Hermanos.

Las encuestas son indicativas de una realidad en solo un momento, la cual solo se concretará el día de la elección, única medición que al final importa. Si fueran definitivas, evitemos traumas y gastos de elecciones y cerremos el Tribunal Electoral. Dependiendo de quién la haga, habrá márgenes de error mayores o menores entre los diferentes aspirantes. Las elecciones de 1948 en Estados Unidos daban al republicano Tom Dewey como ganador, hasta el punto que al día siguiente el Chicago Tribune, diario muy importante, tuvo como titular ‘Dewey ganó’. Tuvieron que publicar una segunda edición del diario para corregir el entuerto, anunciando triunfo de Harry Truman. Igual ocurrió aquí en el ‘98 entre Mireya y Martín, quien era un robo hasta las últimas semanas, hasta que terminó perdiendo. ¿Usaron las encuestas para estimular ese resultado? Nadie lo sabrá. El 2 de febrero quedó de primero en Costa Rica Luis Guillermo Solís, cuando solo tres semanas antes estaba de cuarto.

Las encuestas nos deben servir de guía para las decisiones que debemos tomar. No debemos descalificar ni menospreciar ninguna. Recordemos que la única Biblia que existe es aquella que recogen los Testamentos. Las encuestas, de Biblia, no tienen nada. No se dejen engañar y acondicionar con eso de que votaré por el que va ganando. Las encuestas son frágiles y, en ocasiones, manipuladas. No nos olvidemos de aquella famosa frase del legendario catcher de los Yankees, Yogi Berra: ‘The game is not over until is over’ (‘el juego no se termina hasta que se termina’).

*ABOGADO Y POLÍTICO.

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