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- 03/11/2026 00:00
Errores refractivos: una causa frecuente de discapacidad visual que puede corregirse
Si levantamos la mirada en un lugar concurrido, es muy probable que encontremos a muchas personas utilizando gafas. Otras quizá estén utilizando lentes de contacto y ni siquiera lo notemos. No es de extrañar: los errores refractivos son una de las principales causas de discapacidad visual en el mundo y, en muchos casos, pueden corregirse con medidas relativamente sencillas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que al menos 2,200 millones de personas en el mundo tienen alguna alteración de la visión de cerca o de lejos. Los errores refractivos no corregidos representan una de las principales causas de estos problemas visuales. Pero ¿qué son exactamente los errores refractivos? Entre los más frecuentes se encuentran la miopía, la hipermetropía, el astigmatismo y la presbicia. Para comprenderlos, primero debemos saber que, cuando la luz entra en nuestros ojos, debe enfocarse adecuadamente sobre la retina, el tejido sensible a la luz que permite formar las imágenes que percibimos.
En la miopía, la luz se enfoca por delante de la retina, lo que dificulta ver con claridad los objetos lejanos. En la hipermetropía, el sistema óptico del ojo tiene dificultades para enfocar, especialmente los objetos cercanos. Por su parte, el astigmatismo se produce cuando la curvatura de la córnea o del cristalino es irregular, lo que puede ocasionar visión borrosa o distorsionada a distintas distancias. Corregir estos problemas es especialmente importante durante la infancia. En los primeros años de vida, el sistema visual se encuentra en desarrollo y necesita recibir imágenes claras para madurar adecuadamente. Cuando un niño presenta un error refractivo importante que no se detecta ni se corrige a tiempo, puede desarrollar ambliopía, conocida popularmente como “ojo perezoso”. Esta condición ocurre cuando la visión de uno o ambos ojos no alcanza un desarrollo normal y puede dejar secuelas permanentes si no se trata oportunamente.
En la edad adulta también aparecen cambios visuales. La presbicia suele comenzar alrededor de los 40 años y progresa con la edad. Se debe a la pérdida gradual de la capacidad del cristalino, el lente natural del ojo, para cambiar su forma y enfocar objetos cercanos. Por eso, actividades tan cotidianas como leer un mensaje en el celular, consultar un menú o revisar un documento pueden volverse cada vez más difíciles. La buena noticia es que existen diferentes alternativas para corregir los errores refractivos. Según las características y necesidades de cada persona, pueden utilizarse gafas, lentes de contacto o, en casos seleccionados, cirugía refractiva. La evaluación individual permite determinar cuál es la opción más adecuada.
A pesar de que estos problemas son frecuentes y tratables, muchas personas todavía no tienen acceso a una evaluación visual oportuna ni a la corrección que necesitan. Vivir con visión borrosa puede afectar el aprendizaje, el desempeño laboral, la seguridad al conducir y la capacidad para realizar actividades cotidianas, con consecuencias importantes para la autonomía y la calidad de vida. Por eso, la detección es el primer paso para tratar. No debemos esperar a que las molestias visuales interfieran con nuestras actividades para buscar atención profesional. Si experimentas visión borrosa, fatiga visual, dolores de cabeza asociados al esfuerzo visual o dificultad para ver de cerca o de lejos, consulta con un profesional de la salud visual. Ver bien no es un lujo: es parte de nuestra calidad de vida. Una evaluación a tiempo puede marcar la diferencia.