• 03/11/2026 00:00

Nuestras fiestas patrias: ¿dónde quedó lo nuestro?

Un país que olvida sus tradiciones corre el riesgo de perder parte de su identidad. Cuando se acercaban las fiestas patrias, a los niños de mi generación nos vestían de “nuevo”: ropa nueva y atuendos típicos sin exageraciones. En las radios sonaban Avelino Muñoz, Lucho Azcárraga, nuestros tambores y el acordeón. Era música nuestra, de nuestra tierra y de nuestra gente.

No hablo desde la distancia. Nací en Calidonia, en calle U, al lado de la escuela Pedro J. Sosa, y viví en la avenida Central. Soy del barrio y lo digo con orgullo. Nuestros padres, con sensatez, nos enseñaban que no íbamos a ninguna parte vestidos de rosadito, pero tampoco como pordioseros. Había que saber vestir según las circunstancias y comportarse correctamente, sin dejar de ser alegres.

¿En qué momento comenzamos a confundir la celebración con la chabacanería?

Desde hace algunos años, tengo la impresión de que nuestras fiestas patrias han ido desplazando expresiones culturales que les daban carácter y personalidad. Las bellas batuteras, que aportaban gracia, coordinación y elegancia, han cedido espacio a presentaciones que, en ocasiones, parecen privilegiar la provocación y la burla sobre la expresión artística.

No se trata de perseguir a nadie por su apariencia o forma de expresarse. Se trata de preguntarnos qué cultura promovemos y qué imagen de Panamá ofrecemos. Las tradiciones pueden evolucionar, pero evolucionar no significa borrar lo que nos identifica.

Las dianas: una tradición que debemos recuperar

Yo sigo asistiendo a las dianas desde mis años de estudiante de secundaria. Cada 3 de noviembre recuerdo aquella tradición que comenzaba a las cinco de la mañana en la Presidencia de la República y reunía a dos instituciones: la Policía Nacional y el Benemérito Cuerpo de Bomberos.

Era una sana confrontación musical entre dos bandas. No se trataba de quién tenía más músicos o instrumentos, sino de la calidad, la disciplina y el orgullo con que cada banda representaba a su institución. ¡Qué hermoso encuentro para comenzar nuestras fiestas patrias!

Los Bomberos también tienen otras bandas excelentes, como la de Chepo. Precisamente esa riqueza musical demuestra que nuestras instituciones tienen mucho que aportar a la cultura nacional.

Lo que debemos rescatar es el espíritu original de las dianas: una banda de la Policía Nacional frente a una banda de los Bomberos, en una sana competencia musical y en igualdad de condiciones. Que cada institución presente una sola banda para este encuentro, con un número equivalente de músicos. Esa es la tradición; no que una institución participe con varias bandas y la otra quede en desventaja.

Las demás agrupaciones pueden presentarse en otros actos patrios. Hay espacio para todas sin alterar el carácter de las dianas. También debemos cuidar que la incorporación de ritmos ajenos a esta tradición no termine desdibujando su identidad.

Las dianas son del pueblo

Hay otro asunto que me preocupa: el acceso público. Durante años, las dianas fueron un encuentro que la ciudadanía podía disfrutar de cerca. Sin embargo, desde hace algunos años, los cierres y controles han restringido el acceso.

La seguridad es necesaria, pero debe facilitar una participación ordenada, no alejar al pueblo de sus propias celebraciones. Las dianas no deben convertirse en un acto reservado a unos cuantos.

La disciplina y la organización son importantes, pero las fiestas patrias no son únicamente actos oficiales: pertenecen a todos los panameños. ¿Por qué no establecer reglas claras que garanticen la igualdad entre ambas bandas y permitan que la ciudadanía disfrute de esta tradición?

Las dianas deben volver a ser un encuentro del pueblo: seguro, abierto a la ciudadanía y respetuoso de su historia.

Recuperar lo nuestro

Panamá necesita reflexionar sobre cómo organiza sus fiestas patrias. ¿Por qué no ofrecer conciertos gratuitos de música típica en parques y plazas? ¿Por qué no promover el tamborito, la mejorana, el acordeón, las danzas regionales, las artesanías y nuestra gastronomía?

Una programación cultural descentralizada permitiría que los panameños disfrutaran de su patrimonio y que los extranjeros conocieran mejor nuestra identidad. También debemos involucrar a escuelas, municipios, artistas y comunidades.

La educación patriótica no consiste solamente en memorizar fechas o desfilar con una bandera. Consiste en comprender nuestra historia, conocer nuestras raíces y valorar aquello que nos distingue. No podemos exigir a los jóvenes que amen lo que nunca les hemos enseñado a conocer.

No pretendo que las nuevas generaciones vivan como nosotros ni que renuncien a sus formas de expresión. Quiero que conozcan lo que recibimos de nuestros padres y que puedan enriquecerlo.

La patria también es la música que nos identifica, las tradiciones que compartimos y el respeto por nuestra historia. Por eso, las fiestas patrias no deben convertirse en un patio de ocurrencias. Deben ser una vitrina de nuestra cultura, una celebración de nuestra identidad y una escuela de civismo. Yo, que nací en Calidonia y que sigo asistiendo a las dianas desde mis años de secundaria, creo que todavía estamos a tiempo. ¡Que vuelva a escucharse lo nuestro! ¡Que las dianas recuperen su sana confrontación musical entre la Policía y los Bomberos, en igualdad de condiciones y con el pueblo como espectador! ¡Viva Panamá, con su historia, su cultura y su identidad!

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