• 16/05/2016 02:01

De estreno

‘Los números eran mi pesadilla pero los libros, las palabras, eran imanes para mis ojos'

Hoy me presento, a mi manera, en esta nueva casa que generosa me abre las puertas para que continúe en este largo andar de muchos años como opinante por la libre. Coincide mi estreno en este espacio con momentos en que nuestro Panamá siempre inquieto, tropical en todo sentido, vive situaciones preocupantes. Se atribuye a Publio Siro, escritor latino en la antigua Roma, autor de frases llenas de sabiduría e ingenio, haber dicho ‘Cualquiera puede llevar el timón en aguas tranquilas '. Palabras breves y sencillas que sirven para iniciar una discusión sobre la capacidad del timonel; o para buscar la definición de ‘cualquiera ' para cumplir determinada gestión. Una mujer que admiro agrega a la frase, muy a lo panameño, que ‘la berraquera es timonear cuando el mar está pica'o ', afirmación que hoy cobra sentido ante un panorama nacional enrarecido, lleno de interrogantes, temores, sospechas y acusaciones. Hay olas encrespadas, nubarrones, amenazas de mal tiempo. Cuando se navega en aguas procelosas, timonear y remar juntos, en armonía, para intentar llegar a la orilla con bien, debería ser tarea de todos los que queremos al país. No podía pasar por alto expresar este deseo en esta publicación de estreno. Un deseo que ojalá compartan aun los que están en las antípodas políticas, ideológicas, económicas, religiosas, etc.

¿Por qué escribo? Porque me gusta, siempre me ha gustado. En mis años de adolescencia escribí cartas de amor que me encargaban los corazones enamorados de mis compañeras de escuela. Los números eran mi pesadilla pero los libros, las palabras, eran imanes para mis ojos. Hoy, más que antes, considero un privilegio poder opinar regularmente sobre temas diversos; y se torna incluso más estimulante con opiniones contrarias que fomentan el debate entre los lectores y, tal vez, hasta el interés intelectual, la curiosidad por saber un poco más sobre lo que leyó. Gracias a las redes sociales (que algunos desperdician con obscenidades y usan como letrina) el lector puede pasar de pasivo a activo para dar a conocer su posición ante los temas planteados. El control de la información deja de ser, así, monopolio de los medios de comunicación tradicionales, prensa, radio y televisión.

Entre las muchas ventajas que ofrece la columna periodística, está un amplio horizonte de temas, de variedad en todos los sentidos; puedo escribir sobre el indigente que en un paso elevado en la Transístmica seca al sol su colección de zapatillas, seguramente recogidas en lo basureros que recorre diariamente; sobre políticos bastos que nos avergüenzan y que de ‘ñapa ' son pillos; sobre las niñas madres y la educación sexual; sobre la amistad, etc. La subjetividad, mi punto de vista personal para opinar, me libra de estar ceñida en el corsé de la objetividad, condición que debe cumplir el periodista (cuando es buen periodista); me permite escribir con humor, ironía o sentimentalismo; usar anécdotas, fábulas, personajes históricos y actuales, nacionales o extranjeros; escribir sobre la educación, la vejez, los siete pecados capitales, la naturaleza... sobre todo lo que tenemos en común los que habitamos este maltratado planeta. Sin descuidar el buen uso del idioma, no es raro que salpique mis escritos con palabras sabrosas, simpáticas, descriptivas, con el español ‘a lo panameño '. Pero leo con atención, y ojalá usted también, las columnas analíticas de distinguidos intelectuales o especialistas que, con lenguaje más formal y técnico exponen con claridad para nuestra orientación e ilustración, sobre finanzas, salud, geopolítica, educación, literatura, etc.

Cuando escribo me ajusto a lo que dijo José Saramago sobre no intentar convencer a nadie porque ‘el trabajo de convencer es una falta de respeto, un intento de colonización del otro '. Sigo su línea de pensamiento porque mis escritos obedecen a mi Yo que, frente al hecho cotidiano o lo inusual, reacciona ante la noticia que alegra, decepciona o estremece con dolor. Un Yo que será áspero o risueño, según lo que despierte la inquietud de mis neuronas, amigas siempre alertas, como radares (no los de Selex) oteando lo que sucede aquí y allá. Queda en manos del lector entenderse con su Yo.

Finalmente, me presento con el compromiso de no usar este privilegiado espacio para fines personales; tampoco, amparada en la libertad de expresión, para vilipendiar o infamar. No obstante, ejerceré mi derecho a la crítica y a la denuncia pero también para disfrutar escribiendo sobre asuntos gratos. ¿Por qué escribo? Porque al hacerlo ahuyento la pereza mental; porque a veces un nombre, una palabra me lleva a aprender cosas nuevas; o porque quiero repartir pellizcos para hacer reaccionar a los que miran la vida con indiferencia. Por muchas razones más. Pero si usted, que me lee, encontró en mi escrito algo que le gustó o lo irritó; si le despertó una duda, le arrancó una sonrisa o le provocó un ramalazo de nostalgia, gracias. Es bueno saber que no fue una lectura vacía. Para eso escribo.

COMUNICADORA SOCIAL.

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‘... ejerceré mi derecho a la crítica y a la denuncia pero también para disfrutar escribiendo sobre asuntos gratos'

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