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- 03/08/2014 02:00
Gaza: no seamos cómplices con nuestro silencio
Más de 25 días han pasado desde que el régimen de Israel desató una masacre contra un pueblo indefenso, que tan solo rehúsa inclinarse ante el orgullo herido de un régimen que ha perdido su razón, al verse incapaz de enfrentarse con unos valientes combatientes de una resistencia legal, en contra de un invasor agresivo y considerado como la cuarta potencia militar del mundo. Un ejército que demostró ser más cobarde que sus propios líderes políticos, que tan solo saben matar civiles inocentes, bombardear escuelas, hospitales y centros de refugiados de la ONU, para desahogar su odio encerrado. Tratando así de culpar a los combatientes de usar a la población como escudo humano, mentira que ya nadie acepta.
Nos sorprende la impotencia de la MOSAD y de la inteligencia militar del régimen israelí, que dice ser la inteligencia más capacitada del mundo, cómo han podido fracasar en más de 10 años en controlar un pedazo de tierra, doce veces más pequeño que Coclé, pese a todos los avances tecnológicos a su alcance. Todo lo que han podido hacer con la Franja de Gaza, después de la retirada unilateral de Sharon, es perpetrar una masacre cada vez que se acerca una elección en el régimen israelí. Parece que la sangre de los palestinos es muy buen recurso electoral para ganar votos, pues se trata de un estado terrorista, que requiere en su gobierno representantes sedientos de sangre.
Los israelíes dicen ser la única democracia en medio de un océano de dictaduras, en parte tienen razón. Que todos los gobiernos que dominan a hierro y fuego a la población árabe son dictaduras, es una verdad. Pero son dictaduras con el beneplácito de las grandes potencias, para seguir reprimiendo y hundiendo a sus pueblos en la ignorancia y la pobreza. Pero a cambio de que las grandes potencias protejan estas dictaduras, el precio es que se les permita seguir chupando las riquezas naturales de dichos países, en especial el petróleo y el gas.
Pero, que Israel sea una democracia, es una farsa. ¿Qué democracia exige que un estado sea netamente judío? ¿Qué pasará con los cristianos y los musulmanes? ¿Qué pasará con las mezquitas y las iglesias, que a diario los colonos judíos están profanando? ¿Qué democracia le permite a un régimen usar todo su poderío militar en contra de una población civil? ¿Qué democracia le acepta a un régimen faltar a todas las resoluciones de la ONU dictadas en contra del mismo? Por lo tanto, lo que tiene el régimen de Israel de democrático, es lo mismo que tiene el conflicto árabe-israelí de religioso, NADA. Es un conflicto que busca borrar de la existencia el Estado palestino y segregar al pueblo palestino, para crear un estado judío basado en el racismo.
Por medio de estas letras, condenamos el apoyo incondicional, inmoral y material de EE. UU. al régimen de Israel, para llevar a cabo estas masacres. Como también condenamos el silencio internacional, en especial de la ONU, pese a que varias sedes de la misma fueron bombardeadas por el ejército israelí, matando mujeres y niños. También condenamos a los mercenarios sionistas del mundo, que dejan sus países para ir a perpetrar estas masacres, ejemplo de ello los dos mercenarios de EE. UU., que fueron ultimados en combates la semana pasada.
A la vez, aplaudimos la decisión de muchos países latinoamericanos, de los que Panamá es parte, al condenar estas masacres y al pedir, la semana pasada en Ginebra, una investigación contra Israel por crímenes de guerra.
*VOCERO DEL CENTRO CULTURAL ISLÁMICO.