• 18/11/2008 01:00

¿Podría haber otra dictadura?

Al panameño parece que le gusta jugar con fuego, casi ama el peligro.. Con una irresponsable facilidad pone en peligro las cosas más pr...

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Al panameño parece que le gusta jugar con fuego, casi ama el peligro.

Con una irresponsable facilidad pone en peligro las cosas más preciadas. Así, padres de familia arriesgan familia y matrimonio saliendo con otra mujer, los conductores arriesgan vehículos y vidas manejando bajo la influencia del alcohol o simplemente a velocidades irresponsables, sin mediar seguridad, los jóvenes arriesgan sus vidas con drogas y alcohol, deportistas pierden sus opciones por trasnochar o subir de peso.

Pero, lo que más me impresiona es la facilidad con la que ponemos en peligro el orden constitucional.

Los diputados y políticos en general, en lugar de fortalecer la democracia, la han debilitado, gracias a fueros y privilegios que siguen aumentando, creando una clase inmune e impune.

Ya no se es inmune por lo que se dice en el hemiciclo, como sostenía Arnulfo Escalona Ríos, ahora se es impune ante cualquier situación y delito, con sólo ser “honorable”, candidato, miembro del CEN, etc.

No es de extrañar que la ciudadanía sienta especial desprecio por la Asamblea Nacional de Diputados, otrora foro de grandes oradores y alegatos. ¿Y qué decir de la opinión generalizada de una justicia que ha dejado, o mejor dicho, nunca ha sido expedita, difícilmente justa o imparcial?

Para desgracia de nuestras instituciones, la percepción, real o imaginaria, de falta de justicia, de falta de seguridad, de corrupción, sólo fortalece lo débil de nuestra democracia.

Si a lo anterior sumamos el irrespeto que los candidatos a los diferentes puestos de elección han mostrado de sus adversarios, los insultos e innuendos, solamente presagiamos la posibilidad de que, finalmente, la sociedad aspire a un final dramático del sistema.

En 1968 las condiciones eran tales que sólo 6000 policías, mal armados y poco entrenados, lograron someter al país de casi millón dos cientos mil habitantes. Pero la bajeza de la campaña, el relajo institucional por parte de los políticos que en marzo trataron de cambiar al presidente con un juez municipal, en mayo dieron punto final a una campaña prolija en insultos y difamaciones, que terminó en una sociedad que prácticamente aplaudió el golpe de los policías y no pocos políticos acuerparon.

Prefirieron apoyar el derrocamiento de su adversario, que apoyar la democracia.

¿Estamos lejos de repetir la historia? No estoy seguro. Por más que hoy muchos prefiramos la democracia con sus defectos a la alternativa, la alternativa sigue logrando adeptos.

Ya pedimos mano dura en cuanto a seguridad, pedimos un presidente con más autoridad y que ejerza esa autoridad, pedimos un borrón y cambio de diputados, magistrados, jueces y dirigentes.

¿No se parece esto al 68? Lamento pensar que sí, pero, peor aún, lo grave es que da la impresión de que no hay la más mínima intención de los políticos de subir el nivel de la discusión, de luchar con propuestas y programas, debatir ideas y métodos, sino seguir con cuñas, pautas y presentaciones que sólo atacan personalmente a sus adversarios.

Todavía estamos a tiempo para corregir el rumbo, anteponer la institucionalidad y democracia por encima de nuestros interese personales y partidistas, y lograr así un acuerdo nacional para establecer un Pacto Social de consenso, por un mejor Panamá.

-El autor es ingeniero y analista político.mrognoni@sinfo.net

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