Los capturados fueron ubicados en la comarca Ngäbe-Buglé, las provincias de Veraguas, Los Santos y Panamá
- 13/07/2015 02:00
Panamá: ¿hay compromiso con la democracia latinoamericana?
La extradición de Galo Lara al Ecuador en noviembre pasado, reveló un hecho inédito en la historia de las relaciones diplomáticas panameñas. El 13 de noviembre, tras fallo de la Corte Suprema de Justicia aprobó tal extradición. Panamá, en tiempos de Martinelli, había revocado un asilo antes otorgado, a solicitud de una ‘supuesta nueva petición de extradición' hecha por el gobierno ecuatoriano.
El hecho se dio a pesar de existir denuncia criminal por mí presentada en contra del expresidente Martinelli y su excanciller, por supuestamente haber derogado ese asilo territorial a cambio de favores económicos. Las investigaciones sobre esta denuncia aún están pendientes. Según acordó Panamá, ahora bajo Varela, entregaba al Ecuador a Lara, bajo el compromiso de ‘que no recibiría tratos degradantes'. Mediaba, quizás la amenaza del déspota Rafael Correa de no venir a la Cumbre de las Américas, si antes no extraditaban a Lara.
Creer en respeto de derechos humanos de un régimen perseguidor y narcisista como el de Rafael Correa en Ecuador equivaldría a pensar que un sátrapa como el norcoreano Kim Yong-un, algún día pensará en permitir libertad de prensa en su país. No hizo más bajarse del avión Lara cuando fue enviado a una cárcel lejana y prácticamente aislado, violentando sus más elementales derechos humanos; era el ‘preso de Correa', en el cual su Gobierno gastó indeterminada cantidad de dinero para lograr su objetivo de tenerlo preso. Igual pensamiento sobre un régimen como el de Correa, pareciera no emerger en algunos funcionarios del Gobierno panameño, como el ministro Milton Cohen Henríquez Sasso, a quien pareciera le resulta fácil decir que es demócrata, pero le cuesta mucho demostrarlo en la práctica, cuando se trata de la satrapía venezolana. Supongo que detrás de su inexplicable acción está la de hacerle caritas a Nicolás Maduro para que le paguen a empresas panameñas lo que Venezuela les debe hace dos años.
El teniente Eduardo Figueroa pidió su baja del ejército venezolano y se radicó en Panamá en mayo de 2014. Allí se casó con joven española cuando comenzaron sus problemas con la justicia de su país, involucrándolo en uno de los veintipicos golpes de Estado que Nicolás Maduro ha inventado desde que ilícitamente asumió el poder el 10 de enero de 2013. Lo acusaron de golpista junto con otros militares, pero el joven teniente tenía casi un año fuera de Venezuela, lo cual resultaba un imposible.
La Oficina Nacional de Refugiados de Panamá (ONPAR) negó su refugio en base a que en el expediente que habían enviado de Venezuela se le buscaba por ‘drogas y lavado de dinero'; actúe como su abogado gratuito. Era un invento; las organizaciones de derechos humanos con las que trabajo humanitariamente en Venezuela, daban fe, de que lo que querían hacer con Figueroa era que fuese deportado de Panamá. Lo lograron la pasada semana, celebrando los diarios oficialistas del régimen de Maduro que habían capturado al ‘golpista' escondido en Panamá. Ello revelaba que lo del expediente sobre drogas y lavado de dinero era una simple excusa.
Enfrenté al ministro Henríquez. Se limitó a decir que lo habían deportado como consecuencia del expediente que tenía, totalmente falso con el regocijo que demostraron en Caracas ante su repatriación. Que lo habían pedido por Interpol, cuando se sabe cómo el enlace de Interpol en Venezuela es utilizado para perseguir políticamente a los adversarios del régimen, habiendo casos que tales alertas son desechadas en la sede de Interpol en Francia luego de comprobarse el tinte político que tienen.
Me duele lo ocurrido, no solo por Figueroa de quien tengo informes está siendo severamente torturado en su país, sino porque el compromiso democrático de mi país se está resquebrajando y pareciera sucumbir ante las presiones que ejerce el régimen de Maduro. En tiempos de dictadura Venezuela nos dio la mano; pareciera que la retribución están siendo las patadas. Algo que nunca me imaginé ocurriría de parte de alguien que, como Milton Henríquez, se formó en la misma escuela política social cristiana y con los mismos valores democráticos que yo.
ABOGADO Y POLÍTICO.