Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 07/08/2015 02:00
La historia, la política y los periodistas
Se ha dicho que la historia, es decir, eso que le ha pasado al hombre es su andar por el tiempo, en lo que él ha participado genial o vulgarmente, siendo protagonista o simple comparsa, a veces como héroe, a veces como villano o criminal, es una realidad muy peculiar en nada semejante a la de la naturaleza. Sus leyes no obedecen, como la de ésta, a la lógica ni a la ley de los grandes números, porque influyen en ella las personas humanas, del modo de ser masculino y el modo de ser femenino, el ímpetu de un pueblo y la suerte y la adversidad.
El historiador, por su parte, con los datos y documentos que tenga, viene después interpretando y explicando ese pasado desde la perspectiva de su lugar y de su tiempo. Son factores importantes en el cumplimiento de esta noble misión. Por eso su punto de vista varía si mira desde distinto lugar o cuando nuevos documentos le obligan a mover la mirada.
En el acontecer de la vida panameña, hubo siempre falsificadores profesionales de la historia y de la actividad política, como lo dejan dicho tantos relatos y desinformaciones de farsantes que se inventaron toda una historia amañada de Panamá y de la política panameña, empezando por una interpretación interesada y eligiendo luego en el archivo de los datos los que le convenían para sustentarla. No podemos negar que se pueda sentir nostalgia, orgullo o desprecio del pasado, felicidad o desesperación en el presente y esperanza o temor ante el futuro.
Y es que, formamos parte de un mundo que se va, y hasta llegamos a pensar que lo que queda solo son restos de una sociedad que se está desintegrando y que no promete dejar huellas dignas de transitar. Pero la historia verdadera, sin matices ni prejuicios, que no es más que la mirada que dirigimos al pasado desde un porvenir imaginado, puede hacernos superar los antagonismos y las diferentes lecturas de la historia de los espíritus comunes.
Los periodistas de hoy pudieran considerarse como los historiadores de confianza, si cumplen su misión de comunicadores con objetividad, respeto y simpatía por las causas justas en procura del bien común. Empero, los Gobiernos democráticos tienen el deber de asegurarle a la prensa libre los medios para que se cumpla su función, comenzando por respaldar su independencia intelectual y terminando por facilitarle el acceso a las fuentes informativas. La prensa, por su parte, tiene la obligación de cumplir con sus obligaciones morales y no hacer mal uso de la libertad que le pertenece. De esa manera el pueblo panameño contaría con el mejor instrumento eficaz para depurar las actividades políticas en la vida nacional.
Por eso, es preciso ahora que los periodistas todos, desde el director al más modesto reportero o cronista, adviertan la gran responsabilidad que les incumbe en la tarea de hacer de la prensa panameña un magisterio ético sobre las bases siguientes: abrir sus columnas a la expresión de todas las ideas; insertar las informaciones sin discriminar con arbitrariedad o parcialismo ideológico sobre su carácter publicable o no publicable, cuidando solo de que en ellas aparezcan reflejados con máxima objetividad los distintos matices de la opinión; comentar los aspectos y problemas de actualidad y los actos de Gobierno con altura, viéndolos en relación con los intereses generales y orientando al lector con ideas, a fin de formar y guiar sanamente su propio juicio; no incurrir nunca en el insulto, el personalismo, la mentira, la calumnia o deformación tendenciosa de los hechos, juicios y puntos de vista.
Como quiera que la nación es una ilusión común por un porvenir mejor, nuestros periodistas, en función de historiadores, bien pudieran contribuir a que en este Panamá futuro nos encontremos al fin empresarios y trabajadores, profesionales y obreros, encumbrados y humildes, todos conscientes de nuestros deberes y derechos ciudadanos, siempre solidarios por el bien de la Nación panameña. Que los niños y niñas de hoy, cuando sean mayores, tengan una misma versión, con sus luces y su sombras, de la verdadera historia de Panamá.
MAESTRO DE CIUDADANOS.