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- 08/04/2015 02:00
Es la hora de Panamá
Treinta y cinco presidentes y jefes de Estado de países del continente y sus séquitos han anunciado su asistencia esta semana a la Séptima Cumbre de las Américas en nuestra capital y con ese motivo se estima que 12 000 personas, especialmente atraídas por dicho evento, también nos llegarán del extranjero para convivir unos días entre nosotros. Esta Cumbre concitará la atención continental, pero, además por esta vez, la anunciada reanudación de la amistad de Estados Unidos y Cuba, interrumpida durante más de cincuenta años, le otorga un legítimo interés a nivel mundial a nuestra Cumbre. De salida, el hecho de que todos los países invitados, sin excepción, hayan aceptado nuestro convite, ya de por sí es un reconocimiento a Panamá y a la renovada política exterior del Gobierno. Hace solo dos años otra cumbre, la XIII Cumbre Iberoamericana, estuvo ‘marcada por las ausencias’, cuando no acudieron 12 países invitados.
Siendo eso así e independientemente de la profundidad o amplitud con que se tratarán los temas en la propia Cumbre y en los cinco distintos foros paralelos, creo que ningún panameño puede dejar pasar una excepcional oportunidad como la que se nos presenta en este momento para proyectar al mundo la imagen positiva de un país progresista y democrático y de ciudadanos educados y amistosos. Salvo los propios mandatarios y algunos acompañantes, el resto de los participantes tendrá oportunidad de visitar muchos lugares y de mezclarse con la población. Deben llevarse una imagen positiva del país y sus habita ntes. Es nuestra obligación lograrlo.
La organización, cumpliendo los protocolos, debe mostrarse respetuosa, pero firme en todos los detalles. Las actividades deben desarrollarse sin retrasos, al pie de la letra. Desde el primero al último día, importa el fiel cumplimiento de los horarios, los traslados oportunos, la amable atención, la seguridad personal, la información a tiempo. Las comunicaciones nacionales e internacionales deben estar accesibles sin demoras.
Esa eficiencia de los organizadores debe ser complementada con la disposición atenta, cortés y amable del ciudadano común si tiene oportunidad de cruzarse con algún visitante y pueda mostrarle un trato cálido, buenas maneras, educación y amistad. Periodistas y reporteros de medios de comunicación extranjeros, ávidos por informar sobre el evento y sus detalles, serán voceros con credibilidad de lo que observen aquí. Eso no tiene precio.
Demostrar un adecuado nivel de seguridad pública es importante y debemos comprobar que la combatimos sin descanso; no estamos exentos de la delincuencia y ningún país puede hacer alardes falsos. Tampoco me preocuparía por protestas en demandas de respuestas sociales que se hagan sin violencia, sin insultos ni ofensas; no sería novedad para ningún visitante, porque en todos los países se dan.
Que los visitantes perciban y difundan en el extranjero el aire de libertad y de tolerancia que se respira en nuestro país, signo del respeto al individuo en una sociedad abierta que aspira a que su sistema democrático de Gobierno lleve progreso y bienestar a toda la población.
No hay duda de que la ciudad capital impresionará al extranjero por sus torres, sus bancos, por la diversidad de una oferta hotelera y gastronómica típica de ciudades más sofisticadas, por la febril actividad en construcciones de edificios y avenidas, por la administración eficiente del Canal y por el progreso de su actual expansión. Todo será motivo de admiración, qué duda cabe.
El mundo nos mira de manera especial esta semana. No es ilusorio. Aprovechemos esta hora de Panamá y hagamos de ella el punto de partida para construir un mejor país y ser mejores ciudadanos, aunque mañana defendamos diferentes posiciones políticas, sociales o económicas.
EXDIPUTADA