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El pasado martes, en la Comisión de la Mujer, la Niñez, la Juventud y la Familia, de la cual forma parte, se llevó a cabo la reunión que dio inicio al primer debate del proyecto de Ley 447, que plantea la creación del Instituto Nacional de la Mujer.Este primer encuentro estuvo lejos de ser un trámite protocolar. Por el contrario, fue un espacio intenso de intercambio de ideas que, en algunos momentos, derivó en ofensas y afirmaciones de corte totalitario entre las propias participantes. Todas compañeras, todas mujeres, todas convencidas de que es necesario avanzar, pero desde miradas distintas y vinculadas a diferentes corrientes de activismo y pensamiento.
Fuimos testigos de la presentación de la iniciativa por parte de la ministra de Desarrollo Social, Beatriz Carles, así como de la intervención de la exministra Juana Herrera y de varias compañeras que expusieron con vehemencia sus posiciones. Ser partícipe de este acto me llamó a una reflexión y me recordó a tantas mujeres que precedieron la lucha femenina en nuestro país. Pero recordé especialmente un nombre, Reina Torres de Araúz, quien fue una de esas figuras que cambian la historia sin necesidad de ostentar el poder formal.
La primera mujer antropóloga de Panamá y etnógrafa, dedicó su vida al estudio y la preservación de nuestro patrimonio histórico en un momento en que este tema era prácticamente invisible en la agenda pública y mucho más al tratarse de una mujer.
Desde el Instituto Nacional de Cultura, donde creó y dirigió durante una década la Dirección de Patrimonio Histórico, impulsó la protección de sitios arqueológicos fundamentales como Barriles y El Caño, y fue pieza clave en la creación y consolidación de espacios culturales como el Museo de Ciencias Naturales, el Museo de la Nacionalidad, el museo del Parque Ecológico El Caño y el Museo del Hombre Panameño que posteriormente llevó su nombre. Profesora en el Instituto Nacional y en la Universidad de Panamá, formó generaciones y sembró una conciencia patrimonial que perdura hasta hoy. Su legado demuestra que la transformación no depende del título que se ostenta, sino de la convicción con la que se trabaja.
Reina Torres de Araúz no necesitó ser ministra ni presidir una institución para dejar una huella indeleble en el país; su gestión nació de su esencia, su vocación y su compromiso con Panamá. Su vida es una lección de liderazgo silencioso: el cambio real se construye con propósito, paso a paso y desde cualquier posición.
Los cambios no se generan soñando ni relatando fábulas, cuando la realidad de la gestión está tan lejos de lo que se predica. Debemos ser conscientes de que el camino por recorrer aún es largo y exige responsabilidad, claridad y seriedad.
Escuché a compañeras que estimo narrar conquistas que todavía están pendientes por materializarse. También reaparecieron voces que poco han construido, pero que siempre están presentes en la confrontación. Sin embargo, no se discutió cómo garantizar resultados reales para las mujeres del país. Nadie habló de números, de presupuesto, ni de logros contundentes. Aunque los números son fríos y a veces no nos gustan, nos enfrenta a la realidad y nos abre la puerta a crear soluciones en base a datos.
Las comparaciones suelen ser odiosas, es inevitable llevarlas a cabo. Recordemos que el Ministerio de Cultura y el Ministerio de la Mujer, nacieron ambos en el quinquenio pasado y con la misma tara, institutos que se convirtieron en ministerios sin la estructura correspondiente, nacieron con las mismas características, pero han tenido desempeños diametralmente opuestos.
Conozco, por mi propia lucha, quiénes caminan realmente a nuestro lado y quiénes solo simulan hacerlo. Espero que el próximo encuentro sea distinto; que podamos escucharnos, respetarnos, debatir y comprender el compromiso que, como mujeres, líderes, políticas y luchadoras sociales, hemos construido a lo largo del tiempo. Debemos honrar nuestro pasado para poder transformar nuestro futuro. ¿Ministerio, instituto? ¿Instituto, ministerio?