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- 21/03/2026 00:00
Inteligencia artificial y hegemonía lingüística: el reto del español
No todas las lenguas ocupan el mismo lugar en el espacio social; por ello, cada una compite por visibilizarse y consolidar su relevancia. Su presencia no es neutral: depende de relaciones de poder y de dinámicas sociales, culturales y políticas. Más que una competencia estrictamente lingüística, se trata de una disputa por el liderazgo de los países que las hablan.
Las revistas académicas y las bases de datos internacionales privilegian las publicaciones en inglés. Asimismo, los principales sistemas de evaluación científica, como Scopus y Web of Science, concentran una proporción significativamente mayor de revistas editadas en este idioma. Este predominio no es fortuito: la consolidación de Estados Unidos y el Reino Unido como potencias científicas durante el siglo XX contribuyó decisivamente a posicionar el inglés como la lengua hegemónica de la investigación.
En consecuencia, nuestros investigadores se ven obligados a traducir sus trabajos o a redactarlos directamente en inglés, asumir costos adicionales de revisión lingüística y, en muchos casos, ajustar sus agendas temáticas a prioridades internacionales, a veces en detrimento de problemáticas locales o regionales.
El español enfrenta, así, retos y oportunidades decisivos como lengua académica y científica. Mantiene una presencia relevante en campos como las ciencias sociales, el derecho, la educación y los estudios culturales, además de desempeñar un papel fundamental en la producción científica regional con impacto social directo. No obstante, su visibilidad internacional continúa siendo desigual frente al dominio anglosajón.
La lengua no solo comunica conocimiento; también estructura el pensamiento. Cuando la ciencia se produce mayoritariamente en inglés, ciertos marcos conceptuales y categorías analíticas tienden a imponerse como universales, generando sesgos lingüísticos y epistemológicos que no siempre responden a las realidades del contexto iberoamericano.
La inteligencia artificial (IA) abre nuevas posibilidades: facilita traducciones de mayor calidad, mejora la corrección de estilo, apoya la redacción académica, amplía el acceso a la literatura científica y contribuye a reducir brechas entre investigadores de distintos países. Sin embargo, muchos sistemas de IA han sido entrenados predominantemente con datos en inglés, lo que puede traducirse en una menor riqueza terminológica en español, en traducciones influidas por estructuras anglosajonas y en la pérdida de matices conceptuales propios del pensamiento académico hispanohablante. Asimismo, existe el riesgo de una homogeneización del discurso científico que debilite estilos, tradiciones argumentativas y la diversidad conceptual de nuestra lengua. De ahí la importancia de desarrollar modelos de IA alimentados con producción académica en español y de fortalecer repositorios regionales de acceso abierto.
En países como Panamá, donde las universidades aspiran a una mayor indexación y visibilidad internacional, el desafío consiste en mantener un equilibrio estratégico: publicar en inglés para participar en la conversación científica global, sin renunciar a la responsabilidad de producir conocimiento pertinente en español que contribuya al desarrollo nacional. Defender el español en la ciencia no es un gesto meramente identitario, sino una apuesta por la diversidad cognitiva y epistemológica. La cuestión no radica en si la IA desplazará al español, sino en si las comunidades académicas hispanohablantes sabrán integrarla como herramienta para potenciar su producción intelectual, preservando al mismo tiempo su identidad lingüística y su autonomía conceptual.