La jefa de gabinete del MEF defiende la urgencia del proyecto de ley de sustancia económica. Explica cómo esta normativa busca modernizar el sistema fiscal...
- 17/05/2026 00:00
Formado como médico veterinario, experto en virología y con décadas dedicadas al estudio de la malaria, el Dr. Nicanor III Obaldía dirige una de las instituciones más estratégicas para la salud pública panameña. Desde el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, lidera investigaciones sobre hantavirus, enfermedades emergentes, vigilancia epidemiológica y nuevas tecnologías tras el impacto de la pandemia de COVID-19. En este Polígrafo de La Estrella de Panamá, advierte sobre los riesgos sanitarios asociados al cambio climático, aborda el enfoque de “Una sola salud”, el nuevo campus de la entidad y reflexiona sobre la tarea titánica que implica investigar en Panamá: con presupuestos limitados, altos costos y la necesidad de formar relevo generacional.
Con la situación del país que nos ha tocado, las prioridades de investigación continúan siendo las mismas, aunque ahora se han ampliado hacia las enfermedades no comunicables. También ha cobrado gran importancia el tema del agua. Contamos con varios laboratorios, entre ellos el de referencia en salud pública, que atiende las necesidades del Ministerio de Salud y del Departamento de Epidemiología, procesando muestras para diagnosticar enfermedades infecciosas, bacterianas y virales. Además, tenemos un laboratorio de aguas y alimentos, fundamental para vigilar la contaminación que puede provocar epidemias, como ocurre con el norovirus en cruceros. También trabajamos en la división de enfermedades infecciosas, que incluye parasitología, virología y zoonosis. En Divisa contamos con un laboratorio clave para el estudio del hantavirus y la vigilancia de enfermedades como la fiebre amarilla, monitoreando reservorios animales y manteniéndonos atentos a epidemias que pueden ingresar desde el sur debido al movimiento natural de personas y animales. En Metetí, Darién, tenemos otra estación que fue esencial durante la migración en esa provincia, cuando atravesaron la región más de un millón y medio de migrantes, lo que exigió una vigilancia epidemiológica constante. El instituto también ha avanzado en el estudio de enfermedades crónicas, como la diabetes, en investigaciones sobre reproducción humana y en nuevas estrategias de vigilancia epidemiológica mediante el análisis de aguas residuales.
El hantavirus siempre ha existido, aunque su detección es relativamente reciente. En Panamá se identificó en 1999 tras varios casos de neumonía atípica en Azuero, con apoyo del CDC y del Instituto Gorgas. Desde entonces, se han realizado estudios ecológicos y epidemiológicos sobre los roedores que transmiten el virus. En el país, los casos son esporádicos y suelen relacionarse con el aumento de poblaciones de ratones en zonas agrícolas productoras de maíz. Con el covid fue distinto porque era un virus nuevo y la población no tenía defensas ni anticuerpos. En cambio, con el hantavirus muchas personas en áreas afectadas ya han tenido contacto con el virus sin enfermarse, debido a las distintas variantes y a la respuesta genética de cada persona. En epidemiología todo no es 10 + 10 es 20, hay grados de infección, hay variantes de virus, no todos los seres humanos somos iguales, hay unos más sensibles y otros menos sensibles, eso se llama variabilidad genética entre los humanos y los virus, hay adaptación, hay evolución. Es un asunto complejo y todavía hay mucho por investigar. En el instituto queremos hablar con propiedad cuando haya elementos que sean necesariamente informativos para el Ministerio de Salud, vocero de la salud humana, y el Ministerio de Desarrollo Agropecuario, vocero de la salud animal, hablen del tema.
La pandemia permitió que el instituto creciera y fortaleciera el diagnóstico molecular y tecnologías como la genómica y la metagenómica, que permiten identificar múltiples patógenos en una sola muestra de aire, suelo o fluidos. Estas herramientas ayudan a detectar rápidamente el origen y comportamiento de las enfermedades. El instituto adquirió esta tecnología durante la pandemia y la ha reforzado con apoyo internacional, especialmente de Corea del Sur. Incluso, ya estamos capacitando técnicos de otros países, lo que demuestra un mayor nivel de preparación científica.
Recientemente, Panamá fue sede de una reunión internacional sobre el enfoque de “Una sola salud”, que busca integrar la medicina humana, animal y ambiental para enfrentar las enfermedades de manera conjunta. Esto es clave porque cerca del 60% de los virus y bacterias que afectan a los humanos provienen de animales. El ambiente forma parte esencial de ese sistema, ya que factores como los roedores, la selva, el agua o los cambios ambientales influyen directamente en la aparición y transmisión de enfermedades. Cuando el ecosistema se altera, también cambia el comportamiento de los animales portadores de patógenos, aumentando el riesgo de que enfermedades contenidas en animales pasen a los humanos, un fenómeno conocido como “spillover”. Eso fue precisamente lo que ocurrió con el covid-19 y con otras enfermedades emergentes a lo largo de la historia. Por eso, en Panamá existe un trabajo coordinado entre el Ministerio de Salud, el Ministerio de Desarrollo Agropecuario y el Ministerio de Ambiente para prevenir y vigilar estos riesgos. En el área de virología del instituto ya desarrollamos investigaciones que integran estos tres componentes: humano, animal y ambiental, entendiendo que la salud está completamente interrelacionada.
En el instituto también investigamos cómo mejorar y adaptar los sistemas de salud a las necesidades de la población. Contamos con un área de salud y sociedad que analiza la relación entre la comunidad y los servicios de salud desde distintas perspectivas. Esa disparidad que mencionas afecta. Por ejemplo, hay investigadores dedicados a la salud bucal, estudiando cómo la falta de acceso a esa salud bucal puede derivar en enfermedades cardíacas. La prevención desde la niñez es fundamental, y toda esta información se comparte con el Ministerio de Salud para fortalecer sus programas de atención. También se estudian problemas relacionados con las citas médicas y la gestión de los servicios. Además, estamos avanzando en áreas como logística e inteligencia artificial aplicada al diagnóstico, aunque todavía estamos en proceso de consolidar estas líneas de investigación.
Hacer ciencia en Panamá es muy difícil. Yo he sido investigador por muchos años. Mi campo es la malaria y la resistencia a los antimaláricos. Cuando se plantea un proyecto internacional hay que competir con los mejores afuera. Usualmente antes, hace muchos años, un investigador individual podía competir contra otros por un subsidio. Ahora hay consorcios; tienes que trabajar en consorcio para poder ganarte un subsidio a nivel internacional, y cada vez se hace más difícil con las nuevas políticas de corte de presupuestos (...) nosotros tenemos que producir nuestros propios recursos y producir nuestra propia ciencia, porque nadie va a venir de afuera a darte fondos como había antes, y cada vez son más escasos. Inclusive tengo colegas en Estados Unidos, por ejemplo, que no tienen fondos, en Europa igual. Entonces en Panamá ni se diga, pero tenemos afortunadamente un subsidio que viene directamente del Gobierno central que hace que permanezca la investigación en un mínimo necesario; también obtenemos fondos de Senacyt. El problema es que en los últimos años los montos han disminuido (...) La investigación científica requiere seguimiento durante años para validar resultados, como ocurre con los estudios de hantavirus y poblaciones de roedores. Sin embargo, los fondos actuales son limitados y muchas veces solo alcanzan para proyectos de pocos meses. Además, en Panamá los reactivos son más costosos por importación, lo que eleva significativamente los gastos de investigación. Aunque el Estado aporta recursos, no puede cubrirlo todo. Por eso es importante atraer inversión privada, como ocurre en países desarrollados donde las empresas financian ciencia para desarrollar vacunas, antibióticos y otros productos. La construcción del nuevo campus Gorgas es un gran avance en el camino de la ciencia nacional.
El nuevo campus Gorgas es un proyecto país que viene desde 2010. Era una necesidad, no solamente por el espacio, porque los laboratorios que tenemos ya se quedaron atrás; los edificios no cumplen con las especificaciones para este tipo de instalaciones. Es un proyecto junto con el Banco Centroamericano de Integración Económica. Un terreno de seis hectáreas y media con seis edificios entre administrativos e investigación, una instalación que va a poner a Panamá en otro nivel. Nosotros tenemos un Canal y una flota de barcos que pasa todos los días por Panamá; tenemos que estar protegiendo a la población panameña de los que visitan y están en tránsito. Va a ser un campus que no solo va a servir al país, sino también a Centroamérica y el Caribe. Sus instalaciones tienen 14 mil m² de laboratorios. Van a tener laboratorios de alta seguridad, que se llaman BSL-3, con los cuales se puede trabajar con virus altamente patógenos, para que no afecten al operador y que el virus no se escape o haya un accidente, en una primera etapa. La segunda etapa lleva el laboratorio de aguas y alimentos, el laboratorio de referencia en salud pública (...) Eso cada vez cobra más importancia por el problema de la resistencia a los antibióticos. En la cadena alimentaria se acumulan antibióticos en los tejidos, en la leche, y eso demanda vigilancia. El laboratorio nuestro trabaja con el Minsa para determinar contaminantes en el agua, por ejemplo, cianuro u otros. Esperamos que para 2028 se completen los dos primeros edificios de la administración y los laboratorios, y que coincida con el aniversario 100 de la institución.
Que los necesitamos, que el país necesita más investigadores. Es algo que debe comenzar desde la escuela, que los profesores despierten el interés por la ciencia y la medicina. Queremos acercarnos más a la comunidad y fortalecer la confianza en las instituciones, comunicando con responsabilidad los temas de salud pública. Muchos estudiantes de la Universidad de Panamá y la Universidad Latina ya realizan sus tesis en el instituto, convirtiéndose en parte activa de las investigaciones. Además, mantenemos alianzas con las facultades de Medicina, Biología, Tecnología Médica y Veterinaria para seguir formando nuevos.