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- 17/05/2026 00:00
El mes de mayo no solo nos trajo los primeros aguaceros, sino una tempestad cultural. Huelgas, renuncias y protestas por la participación de Rusia e Israel en la 61 Bienal de Arte de Venecia. La apertura en este evento de nuestro segundo y polémico pabellón nacional. Y el cabildo abierto que tuvo lugar en la Asamblea Nacional para discutir la propuesta de ley que regularía la participación de Panamá en concursos y pabellones en el extranjero, ya sea en las artes visuales, la arquitectura, el teatro, la danza, la literatura y cualquier otro campo de manifestación cultural.
Todos estos acontecimientos recientes tocan temas de enorme importancia: la estrecha relación entre arte y política, así como la necesidad de exigir y practicar la democracia, la transparencia y la participación ciudadana en la gestión pública de la cultura.
Regresando a la recién inaugurada 61 Bienal de Venecia, El Visitante conversó con renombradas curadoras latinoamericanas que la visitaron o que trabajaron este año en la curaduría de algún pabellón en esta controvertida edición de la bienal más célebre del mundo.
‘Todo se siente atravesado y cuestionado por el presente’
Aimée Lam-Tuñón, la primera curadora de un pabellón panameño en la Biennale di Venezia, en su capítulo de Arquitectura (2022), sostiene que en esta edición de la bienal ha sido imposible alejarse de la realidad externa.
“Más que una exposición contenida dentro de los espacios de Venecia, todo se siente atravesado y cuestionado por el presente: las guerras, las protestas, las tensiones geopolíticas, los cuestionamientos institucionales. Todo eso fractura cualquier posibilidad de distancia o contemplación pura. Y al mismo tiempo, creo que justamente por eso, la dimensión emocional de esta edición se volvió muchísimo más palpable para mí. La presencia de Koyo Kouoh, la curadora principal de la bienal, que murió antes de abrirse, se siente profundamente a lo largo de la Biennale, casi como una capa invisible de duelo y sensibilidad que acompaña toda la experiencia”.
“También muchos dicen que la visión de ‘In Minor Keys’ (‘En clave menor’, el título de esta edición) no terminó de realizarse del todo, y que en realidad la exposición se percibe más bien en clave de exceso: demasiado intensa, demasiado ruidosa, demasiado atravesada por lo político como para sostener esa intimidad que proponía la curaduría. Quizás no es que no se haya logrado, sino que se ha visto constantemente interrumpida por el propio contexto del mundo, que inevitablemente se impone”.
“El Pabellón de Austria fue quizás el que más se me quedó grabado. No se siente como una metáfora sobre el colapso, sino sobre cómo habitarlo físicamente. Todo se vuelve un ecosistema incómodo de dependencia: quién sostiene a quién, quién sobrevive a partir del cuerpo de quién. Y dentro del contexto de esta edición, la obra deja de sentirse como provocación y se convierte en una imagen brutalmente honesta del presente”.
“Creo que esa tensión entre el deseo de intimidad y el ruido inevitable del mundo es lo que más se me va a grabar en la memoria de esta edición”.
‘’Antifrágil’, de Margaret Whyte, tenía todo lo que pedía el tema de la bienal, más un extra de violencia’
Pia Susaeta, codirectora de la galería Zoco en Costa del Este, Uruguay, nos cuenta que de Latinoamérica le gustaron varios pabellones:
“El de Brasil, con las artistas Rosana Paulino y Adriana Varejao; el de Argentina, con Matias Duville, espectacularmente montado aunque efectista; el de Perú con Sara Flores; el de Ecuador, en su primera participación histórica; el de Chile con Norton Maza, muy disfrutable y bien montado; y el de Uruguay: Antifragil, de Margaret Whyte, tenía todo lo que pedía el tema de la bienal, más un extra de violencia. Por eso fue una propuesta más dura de lo que se ha visto en otros años”.
“También me gustó el Pabellón de Austria con la artista Florentina Holzinguer, quizás porque soy algo rockanrolera; el de Japón, diferente y entretenido, con obra del artista Ei Arakawa-Nash; el de España, con el artista Oriol Vilanova, bien montado, democrático; el de Dinamarca, curado por la española Chus Martínez, que pasa algo inadvertido, pero que es impactante porque aborda el tema de la pornografía con mucha complejidad intelectual y simbólica. Por el contrario, la propuesta de la famosísima performer Marina Abramović, que no forma parte de la exhibición oficial, me desilusionó porque considero que no está muy pulida.”
‘La Bienal de Venecia siempre será política y polémica’
Patricia Betancur, la respetada curadora, que este año se encargó del Pabellón de Uruguay, piensa que “la bienal abrió con muchos sentimientos encontrados”.
“Por un lado, el recuerdo y el homenaje precioso que le hicieron a Koyo Kouoh. Y por el otro, la tensión por las guerras. La Bienal de Venecia siempre será política y polémica”.
“Me interesó mucho el Pabellón de Francia con Yto Barrada, el de Perú con la artista Sara Flores, el de Chile con Norton Maza y también el envío colectivo de Mongolia. A pesar de que muchos de sus trabajos son conocidos, la obra de Arthur Jafa, que se presenta en la Fundación Prada, es tan potente que se lee de forma diferente. Y, por supuesto, están las performances del Pabellón de Austria: tremendas y cuestionadoras”.
‘Había obras interesantes y otras demasiado trilladas’
Marisa Caichiolo, cocuradora del Pabellón de Chile, nos explica por qué esta edición de la bienal se volvió muy controvertida y politizada.
“Había muchísima seguridad policial. Numerosos pabellones —sobre todo en los Giardini, la sede principal de la bienal— cerraron en protesta por la participación de Rusia e Israel. Es el reflejo de la situación actual del mundo que nos rodea, de las guerras y de todos los conflictos políticos”.
“En cuanto al tema de la bienal, ‘In Minor Keys’, y cómo funcionó, las muestras para mí estaban sobrecargadas. Las piezas no se podían ver bien. Había demasiadas obras y artistas. La muestra en los Giardini estaba mejor lograda que la del Arsenale”.
“En la muestra del Pabellón Central de los Giardini, con artistas escogidos individualmente, y no por su nacionalidad, bajo la curaduría de Koyo Kouoh, aunque hubiese muerto un año antes, creo que los curadores encargados trataron de ser fieles a todo lo que ella concibió. Por otra parte, no me sorprendieron mucho los pabellones nacionales. Unos pocos sí me gustaron. Había obras interesantes y otras demasiado trilladas. Debo continuar mi visita porque la gran mayoría de los pabellones no están en los lugares centrales de exhibición, sino muy alejados y distribuidos en toda la ciudad”.
Coda: ¿Reflejan los pabellones la crisis de cada país?
Algunos artistas y curadores internacionales anuncian exageradamente en sus redes sociales “el fin de la Bienal de Venecia”. Sostienen que, por su naturaleza geopolítica, el evento refleja la profunda crisis que atraviesa cada país en el tablero global.
La plataforma de Instagram @obrasdeartecomentadas publicó el post titulado “Radiografía de la escena: Latinoamérica en Venecia”. En este explica que los temas dominantes en los discursos de los pabellones de Brasil, Guatemala, Perú, Cuba, Ecuador, El Salvador y México (y yo añadiría Panamá) son la decolonialidad, los pueblos originarios, la migración y la ecología. Y pregunta: “¿Está el sistema produciendo un resultado homogéneo a partir de decisiones que parecen independientes? Si todos dicen lo mismo, ¿quién está diciendo algo distinto? ¿Es esta una elección estética o es lo que el circuito internacional espera ver de América Latina?”
Otros perfiles señalan que esta bienal radicalizó el exotismo y denuncian un falso antiimperialismo en las propuestas. También que, aunque el sistema del arte puede ser perverso, la contraparte son los artistas que entran en este juego pese a que precariza su propio trabajo.
A estas duras conclusiones se agrega el traumático resultado de la dimisión completa del jurado de la Biennale, por negarse a evaluar, y premiar, a representantes de países que están acusados o perseguidos por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra o de lesa humanidad. También criticaron las violentas respuestas de la policía contra las protestas callejeras. En resumen, dieron la espalda a la falta de credibilidad de los gobiernos y sus instituciones del arte. Más de 70 artistas y colectivos -Panamá no aparece en la lista- se han retirado de la competencia por los premios en una muestra masiva de solidaridad tras la dimisión en bloque del jurado internacional.
¿Y qué podemos decir de nuestro segundo pabellón nacional en Venecia? Por ahora, insistir en que debemos mantener la curiosidad y la paciencia cuando vayamos caminando hacia la sede, que queda bastante apartada de los centros de exposición de la Biennale. De acuerdo con el video que los propios organizadores han posteado en el perfil perfil del pabellón de IG (@panamapavillion), no perdamos el entusiasmo ni abandonemos este peregrinaje cultural, haciendo paraditas para descansar, rendidos ante un spritz, el refrescante coctelito veneciano.
El Pabellón de Panamá en la Bienal de Arte de Venecia, que expone la instalación titulada “Hiperstición tropical”, obra del dúo compuesto por el panameño Antonio José Guzmán y la serbia Iva Jankovic, está ubicado en Tesa 42, Arsenale, Fundamenta Case Nuove, Castello 2738-C, Venecia.
El autor es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).