Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 27/08/2021 00:00
Juego limpio
Los proyectos mineros contribuyen a activar la economía de las regiones donde se desarrollan. Una vez que se ha determinado la existencia de un yacimiento minero, sus características, tamaño, volúmenes, distribución y análisis metalúrgicos, explicado en artículos anteriores, solo el 2 % de aplicaciones para exploración, se convierten en minas. Luego de varios años de inversión en personal, logística, insumos, equipos y arriendos de propiedades, junto con otros muchos servicios adquiridos, se procede a la etapa de diseño, desarrollo o construcción del complejo minero, lo que permitirá la explotación del yacimiento descubierto.
En esta crucial etapa entran otros actores, como empresas de construcción de diversas estructuras: caminos, edificios (planta, talleres, depósitos, bases complejas para los equipos de trituración, molienda, refinería, etc.). En cuanto a la energía que se va a consumir, se definen las necesidades y se hacen los contratos con las empresas especializadas, todas panameñas. Se procura, en lo posible, la utilización de energía limpia, como la hidroeléctrica y otras. Se arma todo el sistema de automatización de la producción, obtenido de empresas que representan a los más sofisticados productores de equipos, aparatos y accesorios a ser instalados.
En cuanto al agua, contrario a lo publicitado erróneamente por años en los medios, su uso se reduce, debido a las modernas tendencias de circuito cerrado, que permiten reutilizar el agua que ha sido bombeada inicialmente, a 45, 60 o más metros cúbicos por hora, siempre, cantidades razonables, según el tamaño y requerimientos del proyecto. Todo esto exige la compra y adquisición de tanques, tubos, válvulas, bombas y motores, en proveedores del país, ya sea para construir o abastecer las necesidades de cada proyecto y sección.
La mano de obra especializada de ingenieros civiles, albañiles, electricistas, soldadores, plomeros y toda clase de profesionales capacitados, entra en actividad, generando importantes puestos de trabajo bien remunerados, que dan impulso a la economía, tanto local como nacional.
El proyecto, que ya ha invertido millones de dólares desde la etapa inicial de exploración, continúa invirtiendo, sin haber sacado una onza del mineral objeto de toda la empresa. En el camino se han elaborado los estudios de impacto ambiental, que garantizan que se muevan en paralelo las actividades mineras con la celosa protección del entorno. Realizados por profesionales panameños, estos estudios, inspeccionados y vigilados por las autoridades de ministerios y entidades responsables por el cumplimiento de las normas establecidas y los planes de adecuación y manejo, son parte intrínseca de las políticas de las empresas involucradas, desde la desarrolladora, hasta los contratistas, subcontratistas y todos sus colaboradores.
Siendo que las actividades mineras ya representan cerca del 6 % del PIB del país (minas, canteras, proyectos de exploración, desarrollo y construcción), queda claro que Panamá sí es un país minero y como tal, la responsabilidad de lograr una relación ganar-ganar, expresado días atrás por el presidente de la República, se convierte en responsabilidad, obligación y prácticamente en la religión de quienes hemos abrazado las profesiones de las ciencias de la tierra y las actividades conexas, encargadas de alcanzar los niveles de excelencia y equilibrio con el ambiente, la responsabilidad social empresarial, el crecimiento económico y la generación de riquezas para el mayor beneficio colectivo posible.
Un ejercicio sencillo para determinar a los verdaderos causantes de la contaminación de los ríos en Panamá sería hacer la lista de los 20 o 30 ríos más contaminados del país, los elementos contaminantes detectados en los análisis y quién o qué actividad económica causó esa contaminación. El mismo ejercicio para determinar quién deforestó 250 mil hectáreas en los últimos 45 años, podría contribuir a mejorar el conocimiento sobre las realidades de los impactos ambientales y destruir así algunos de los mitos más entronizados sobre la actividad minera.
No es ni ha sido la minería la causante de estas afectaciones. Por el contrario, los planes de manejo ambiental y la responsabilidad social con las comunidades, autoridades y organizaciones de las zonas donde se desarrollan los proyectos, hablan por sí solos.