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- 04/04/2014 02:00
Ludopatía: el lento genocidio panameño
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Agrega La Estrella en Google ↗️Cuando el Estado pierde la visión de que su misión principal es proteger a sus ciudadanos en todos los sentidos, educación, patrimonio, cultura, recursos humanos y financieros, vivienda, trabajo, y todos los requerimientos establecidos en nuestra Carta Magna, su misión está truncada y fracasada. Pero cuando elabora, prepara, organiza con premeditación y alevosía cómo extraerle al ciudadano dinero producto de su trabajo, necesario para cubrir sus necesidades cotidianas, está cometiendo un acto criminal.
Cuando de manera calculada en cada ciudad del interior, en cada barrio de la metrópoli coloca un casino con todos los atractivos y la fantasía con que se rodean, esto se convierte en genocidio, porque la cantidad de personas que está llenando las salas de juego y participando en los juegos de azar, en su mayoría proveniente de clases pobres y trabajadoras, crece de manera alarmante y angustiosa, hasta convertirlo en un problema de salud pública que aumenta la precariedad, la dependencia, el asistencialismo y disminuye la calidad de vida de una porción importante de la población.
Es patético observar a personas de todas las edades, arañar afanosamente el cartoncito prometedor de innumerables ganancias. Se aferra a él, una y otra vez tratando de descubrir en algunos casos los tres sombreros típicos como símbolo de su ganancia, para luego retirarse con el rostro acongojado y sin menos dinero en su bolsillo. También es desconsolador observar en los casinos a secretarias, educadores, funcionarios, amas de casa, aferrarse a una máquina durante horas, como si de allí saliese un futuro promisorio capaz de alejarle de las angustias cotidianas.
Los estudiosos han registrado que la ludopatía lleva a las personas a cometer delitos para conseguir dinero para jugar, a la pérdida de sus trabajos y oportunidades en sus estudios y la mayoría de las veces en detrimento de su patrimonio, aumentando sus deudas al pedir dinero prestado. La ludopatía los conduce a apostar cantidades cada vez más grandes para sentir excitación o jugar para escapar de los problemas o de sentimientos de tristeza o ansiedad.
La ludopatía se adquiere, no se nace con ella. Se adquiere, porque están abiertas todas las oportunidades para ello y eso es lo que escandalosamente está sucediendo en Panamá. En vez de incentivar el ahorro, educar, hacer conciencia en el ciudadano de sus derechos y sus deberes, reforzar sus valores, se le abren las puertas para el despilfarro, la inseguridad y la pobreza.
La Estrella de Panamá, en su edición del 24 de febrero, publica que las apuestas y juegos de azar subieron 10.6 %, registrando la alarmante cifra de 2,964 millones de balboas en el 2013. Las áreas con mayor movimiento son las tragamonedas. Muchas de ellas ubicadas en áreas residenciales.
La Lotería, que ha creado el Pin Pao, igual ha surgido el Buko millonario, los casinos y otras formas de juego que llevan implícitas las apuestas, están en lugares en donde debería edificarse un parque, un campo deportivo, una sala de conciertos, un espacio para el esparcimiento y la cultura, que son ventanas abiertas para el crecimiento humano. Todo esto ocurre en momentos en que la canasta básica registra un considerable aumento.
Estamos asistiendo, imperturbables, a un genocidio humano, lento, pero seguro en donde está ausente la solidaridad, el aprecio y el cariño hacia nuestros conciudadanos. Vivimos en un estado artificial, en donde lo importante es el dinero y no la convivencia armónica en donde el valor de la familia sea primordial. ¿A dónde va ese dinero extraído del trabajo? ¿En qué se invertirá? ¿En construir un país de concreto, vidrio y ciudades artificiales? Esperamos que los que vienen en el próximo quinquenio, y auguran mejores días para la República, detengan este genocidio inmisericorde que paulatinamente se hace con nuestro pueblo.
PERIODISTA