• 12/12/2008 01:00

Libre postulación: ¡Un derecho inalienable!

Desde épocas primitivas el funcionamiento y preservación del orden en que se desarrollan las sociedades ha requerido de instituciones y ...

Desde épocas primitivas el funcionamiento y preservación del orden en que se desarrollan las sociedades ha requerido de instituciones y autoridades que funjan como pilares de referencia para normar o garantizar la convivencia de sus asociados dentro de los parámetros establecidos por cada una.

La evolución de dichos esquemas hizo posible una mayor participación de la ciudadanía en la toma de decisiones inherentes a la colectividad y las libertades individuales de ellas — el voto — por ejemplo, es una de esas conquistas generacionales considerada como piedra angular de los sistemas democráticos.

Paradójicamente bajo la premisa de que el hombre es un ente de naturaleza política: en el hogar, la escuela, los medios de comunicación y hasta en la opinión pública, nos hicieron creer: primero, en la importancia, el deber, la obligación y la sensatez con la cual debíamos emitir y defender el sufragio; segundo: en que la verdadera democracia alcanza su clímax a través del voto por los candidatos que un conciliábulo de gamonales actuando en nombre y representación de los partidos expone como única opción en la oferta electoral; y tercero: que el rechazo a esta imposición mediante la omisión del voto es un acto cobarde, antidemocrático e incluso antipatriótico.

Mientras que por otro lado, conculcaron nuestra potestad de elegir a quienes no formaran parte de la membresía de algún colectivo político. Desde entonces vivo preguntándome... ¿será que no tienen las personas que a bien lo decidan poner a prueba su sentido de responsabilidad y sensatez al no elegir un candidato que simplemente no llene sus expectativas?; o acaso ¿es usted uno más de los que en el intento de llegar a un sitio aborda un vehículo, a sabiendas de que quien lo conduce no sabe hacerlo o está ebrio?

En definitiva, somos el resultado de una herencia bipartidista que involucionó de nichos doctrinales a feudos, donde sus amos y señores — sin idearios ni remordimientos — intentan en cada campaña alzarse con un extremo de las intrincadas cuerdas del poder y manipularlas a su antojo.

De hecho, así fue como nuestra sociedad quedó sumida en el estado de incredulidad y decepción colectiva en que vive.

Basta ya de engaños ataviados con magnánimes y utópicos aforismos.

El derecho a elegir nuestros designios va de la mano con nuestra libertad de proponer, escoger y delegar en quienes designemos la sagrada misión de enrumbar los destinos del país; una tarea que no puede estar sujeta a cortapisas ni restricciones de ninguna índole, que empañen el libre albedrío de la democracia.

Ojalá y nuestra máxime corporación de justicia — ante la coyuntura política que atraviesa el país — así lo entienda y pueda excepcionalmente reivindicar a tiempo, con estricto apego al ordenamiento constitucional, el clamor y la voluntad de ese 39% del electorado, que en su condición de independiente, exige a cambio de su voto una oferta electoral libre y abierta a las aspiraciones de todos los panameños que así lo deseen; sin presiones ni subterfugios que al margen de la ley lo que pretenden es perpetuar el control y ascenso a los círculos del poder de una élite de bribones y sus más cercanos colaboradores.

-El autor es financista, docente e independiente.alfasa13@cwpanama.net

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