• 08/10/2026 00:00

Los viajes presidenciales

La tribu había pasado muchas penurias en las últimas temporadas, entre limitaciones alimenticias y laborales... contrariamente, la palma de coco estaba en su mejor momento, así que el jefe, que había visto a sus antecesores ignorar el reto, decidió subirla pese a su gran altura. Sabía que la palma no solo era hermosa y robusta, sino que producía aceite para el cabello y la piel, se podía cocinar arroz que era un deleite y con miel se cocía una rica cocada... pero para algunas plumas calificadas, que en su parrafadas habían ignorado el reto, el tema no era subir la palma, ni los beneficios que se derivaban, ni los riegos, ni la cocada, ni el arroz con coco, sino -decían- “la corrosión que ocasionaba el roce de los pies con la cáscara que la cubría, ... era un crimen en toda la línea, además del peligro que entrañaba el que un coco le diera en la cabeza aun desprevenido ciudadano”.

Por estos días, el presidente José Raúl Mulino ha viajado a Singapur y Vietnam, alcanzando importantes acuerdos para el país, entre ellos la adhesión del primero al Tratado de Neutralidad y la firma de nueve acuerdos con el gobierno de Hanoi. Los muchos viajes que ha hecho Mulino se parecen al esfuerzo “del jefe” por subir la palma de coco, pero conlleva una visión de la que muchos hablan, pero pocos practican.

Panamá es un país con mucho que ofrecer, y que por su geografía tiene al mundo como mercado. Muy poco obtenemos si nos atenemos al mercado local, que -como dijera un expresidente- cabe en un barrio de Buenos Aires, o en una localidad de Ciudad de México. Creo que a estas alturas “Barrio Kennedy”, en Santa fe de Bogotá pasa de los cinco millones de habitantes.

Luego entonces, por su posición geográfica, el mundo es el mercado de Panamá y las giras de Mulino, amén de cumplir con un protagonismo que exige la complicada comunidad internacional de hoy, constituye una promoción constante del Panamá que “tiene mucho que dar”... para poder recibir.

Es evidente que para cierta narrativa no son importante los acuerdos alcanzados con los países visitados, tampoco la atracción la inversión extranjera que este año ha comenzado a mostrarse con rigurosidad, y su significado para el mercado local. Entre los detractores de la gestión oficial se distinguen dos corrientes; la de aquellos que con sinceridad y aprecio aman al país y por ende realizan críticas constructivas, dignas de ser tomadas en consideración, y otra, que, entre dardos de sorna y mentiras, cuidan la cáscara de la palma en lugar de resolver las penurias por las que ha pasado el país.

Seguramente, mentes versadas de la localidad coincidirán en que el tema no es si Mulino viaja o no viaja, sino lo que rinden esos viajes. Si se hiciera un ejercicio entre viajes y rendimientos se concluiría en que el periplo es una inversión no un “despilfarro”. No hay un solo viaje realizado por el presidente que pueda ser distinguido como una acción de turismo.

En todos sus recorridos, Panamá ha estado por delante, buscando mercado para nuestros productores, respaldo para la neutralidad del istmo, mostrando las ventajas de nuestra plaza, promoviendo zonas francas... muchas de esa acciones las emprendieron en su momento gobiernos anteriores, pero la sorna como estrategia no las considera ahora, revela la malsana intención de hacer daño, de reducir los efectos positivos, de regatearle a la actual administración la ruta elegida para proyectar el país.

Muchas gestiones pueden tener dividendos inmediatos, pero otros los tendrán cuando ya Mulino haya concluido su paso por el Palacio de las Garzas, y él lo sabe, pero lo que se ha propuesto es que el país desarrolle todas sus posibilidades... aunque los niños malcriados le sigan tirando el pantalón por las urgencias fisiológicas que los carcome. Fueron entrenados para eso y no saben hacer otra cosa.

“No dejes que nadie te entretenga, ni que nadie le imponga al gobierno agendas ajenas a los intereses del país”, dijo otro expresidente en su momento.

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