• 01/02/2013 01:00

La lucha por el producto social

En la campaña electoral que ganó a Bush padre, Bill Clinton usó la consigna ‘es la economía imbécil’. Con esa frase destacaba el peso qu...

En la campaña electoral que ganó a Bush padre, Bill Clinton usó la consigna ‘es la economía imbécil’. Con esa frase destacaba el peso que la situación económica ejerce en la conciencia electoral de los votantes. No en vano en las encuestas de opinión de los procesos electorales, aparece el tema económico para pulsar a los votantes sobre el estado de su bienestar.

Pero consustancial al concepto existe un hecho más profundo que trata sobre lo que a cada sector social le toca —o cree tocarle— del producto social. La lucha éste es el conflicto más serio que existe en toda sociedad, aunque las grandes mayorías —a veces— no tengan conciencia de ello, pues el sector dominante cuenta con todo un sistema que amortigua el conflicto para hacerlo ‘más civilizado’ —por decirlo de algún modo— y le garantice la parte del león en la repartición.

El caso más patético lo tenemos en la pugna entre el presidente Obama y el partido Republicano por solucionar el ‘abismo fiscal’ de los Estados Unidos; pugna en la que los ricos, representados por los republicanos, se resisten a pagar su cuota para salir del ‘hueco’ y, como contrapartida, cargárselo a la clase media y trabajadora.

Panamá no está exenta del peso relativo que tiene la economía en la conciencia del pueblo, mucho de esto estuvo presente en las luchas que se libraron en Changuinola, la Comarca Ngäbe y Colón. Si las elecciones fuesen hoy y se tomará como referencia la situación económica del país, el proyecto de poder de los mafiosos podría no tener problemas para mantener el control del Ejecutivo y, así, seguir con la francachela a que tienen sometidas las finanzas públicas. No faltan quienes señalan que con la cantidad de obras que realiza el gobierno —no importa lo que se roben del trabajo de todos— que serán inauguradas el próximo año, influenciarán sobre el electorado, lo que daría a Ricardo Martinelli una ventaja sobre sus adversarios.

Además, Ricardo Martinelli contará este año con el presupuesto más grande en la historia republicana, que sin escrúpulos utilizará para sus fines electoreros y para consolidar su proyecto de poder. No olvidemos al Bebedero y el uso de los recursos del Estado para promover a su candidata.

Ricardo Martinelli podrá usar esos fondos pensando torcer la voluntad política de los panameños. Por eso hay que recalcar que esos fondos no son de él ni de sus compinches. Los recursos que existen en las arcas del Estado son consecuencia de las lucha generacional para acabar con el colonialismo y para incorporar el Canal de Panamá y las áreas revertidas al desarrollo nacional. Las políticas diseñadas para aprovechar esos recursos son las que han generado el crecimiento económico y el fortalecimiento de las finanzas públicas.

El proyecto de poder de los mafiosos finca sus expectativas en llevarse una parte sustancial de esos recursos. Su uso más colectivo —como lo concibió Omar Torrijos—, debía destinarse para pagar la deuda social que los gobiernos oligárquicos y el colonialismo nos habían legado como herencia. Sin embargo, la mafiocracia pretende seguir usufructuando el ingreso social y, lo que es peor, hacerlo a contrapelo de la paciencia de los panameños.

No basta recordar estos conceptos para derrotar a Martinelli y comparsa. Quienes militan por elevar la decencia, la honestidad y la democracia hacia un nuevo estadio de la cultura política nacional, no logramos hilvanar un proyecto de poder que sume a las fuerzas mayoritarias del país, que proponga una salida económica y social para enfrentar la codicia y el latrocinio de los mafiosos y para rescatar la política del chiquero en que la han sumido. La lucha por la mejor distribución del ingreso social debe ser el norte de ese nuevo proyecto; hay que marcarlo en la conciencia de todos, pues el futuro del país impone que el conflicto se resuelva por la vía electoral democrática. Permitir que el proyecto político de poder del capo se consolide nos llevará, tarde o temprano, a una espiral de confrontación que agudizará el conflicto, y la salida no será la más civilizada.

EXSECRETARIO GENERAL DEL PRD.

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