• 03/08/2013 02:00

En las manos del poder

Aunos nueve meses de realizar nuevas elecciones, continuamos con el mismo predicamento. Año tras año la ciudadanía espera al avatar polí...

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Aunos nueve meses de realizar nuevas elecciones, continuamos con el mismo predicamento. Año tras año la ciudadanía espera al avatar político que le hará feliz en el cumplimiento de sus sueños.

¿Cuáles serían los sueños de un sincero panameño?

Hay muchas listas, alguna de ellas pasarían por estas aspiraciones: por supuesto que el pan de cada día, sin recortes ni precios inflados ni mucho menos inaccesibles; viviendas al alcance de las familias en lugares habitables y sin promotoras truculentas; la salud, por favor, necesitamos recobrar la confianza en las instituciones de salud; la educación debe ser para todos, sobre todo con énfasis en los sectores más necesitados (los indígenas, los campesinos y en los barrios marginales), barriendo con la deserción escolar y el pleito en las escuelas. Es importante la cobertura y la calidad de la educación; el desarrollo de las competencias, habilidades y destrezas de los educandos, entre otras cosas.

De nada sirve contar con buenos profesionales, si al final de cuentas todos van al mismo sumidero de la industria, el comercio y los servicios, teniendo el potencial para ser ellos sus propios visionarios, dueños de sus empresas, comercios e industrias. Esta es una visión que no se alcanza con ningún partido político tradicional. La construcción viene con el conocimiento, de qué somos, de dónde venimos y para dónde vamos y a qué respondemos. Los partidos políticos no entienden ni atienden estas cosas. Se contentan con ganar unas elecciones, luego pelear para mantenerse en el poder; desarrollar un proyecto político estrella, dando la espalda a las necesidades más apremiantes de la población.

La inseguridad nos lastima; hemos perdido humanidad. Ya no nos sorprenden las muertes del día a día, los accidentes o las defunciones en los hospitales. Parece un concierto dedicado al grueso de los ciudadanos para hacerles creer que todo está bien. El engaño viene de arriba hacia abajo, de parte de quienes detectan el poder. Si la justicia sigue siendo una utopía o un busto por develar; si la democracia se convierte en el calzado o la medida del traje de algún gobernante, es abuso, arbitrariedad y desconocimiento de la Constitución y las leyes que rigen al país.

Las cosas no van a cambiar tan fácilmente; el tonto pobre que se identifica con un millonario, seguirá igual hasta que se dé cuenta de que el millonario no es él. Si saltas de alegría cuando se inaugura un gran supermercado, almacén o edificio semejante, mejor alégrate cuando estos centros sean abiertos por gente pobre. ¿Es esto posible? Sí, por cierto en otros países. Pero sucede que algunos piensan que el pobre debe seguir así. El egoísmo es una manera de matar lentamente a una persona o conglomerado social. En esto participan los grupos elitistas, centinelas del poder; piensan que son los mejores y que tienes que pasar por sus lares y saludarlos, si quieres estar bien con ellos. En esto participan los medios de comunicación, que tienen a su mando voces, plumas y programas que ha cen el trabajo de pulir sus imágenes.

Los economistas, sociólogos, algunos ministros de la iglesia del Cristo sacrificado, entre otros por ahí muy rebuscados son los que mejor entienden estas cosas.

Yo, cuando les hablo a mis estudiantes les hablo claro, ¡despierta¡ Porque somos cautivos de los poderes: el poder político abrazador, que pisotea y engaña; el poder de los medios, que con las exenciones que hay, orienta sus baterías, hacia el dinero, o la fama, desconociendo que cada mortal que viene al mundo tiene todo el derecho a progresar, a ser feliz; tener una vida decorosa y a desarrollar un proyecto de vida.

Sobre el sistema económico que he visto funcionar con más certeza y equidad seria el Cooperativismo cuyos mayores exponentes están en los países escandinavos: Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia. Según encuesta realizada y de reciente publicación, las Naciones Unidas, con el propósito de descubrir dónde vive la gente más feliz del planeta, de 146 países encuestados, los encontró en los países mencionados y en el orden descrito.

Me tomé la libertad de inferir que el sistema cooperativo ensayado allí, tiene una influencia definitiva. A los gobernantes de nuestro medio no les interesan estas cosas. Prefieren al ciudadano ignorante, con la botella de alcohol entre las manos y más si la exhibe públicamente; les agrada la gente sumisa, sin voluntad, hablando cosas insustanciales, (vagabunderías, por ejemplo); sin rumbo, ni horizontes. Si te gusta dejarte engañar, es tu problema. Recordar que es mejor un amigo que te hiere, que un enemigo que te besa.

ECONOMISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

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