• 28/06/2010 02:00

Cuando destruimos la memoria

Me maravillaba la otra noche cuando veía un reportaje sobre el ‘Bridge Café’, ubicado en la 270 Water Street, a un costado del famoso pu...

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Me maravillaba la otra noche cuando veía un reportaje sobre el ‘Bridge Café’, ubicado en la 270 Water Street, a un costado del famoso puente de Brooklyn, en la ciudad de Nueva York. El reportaje se enfocaba en la existencia del local por más de 216 años como negocio de bebidas y alimentos.

En el censo de 1860 realizado en la ciudad, la mencionada dirección fue documentada como el hogar de ‘seis prostitutas irlandesas’, y un artículo de la revista Time señaló que el ‘Bridge Café’ ha sido un establecimiento de bebidas desde 1847, convirtiéndolo en ‘el más antiguo bar de la ciudad de Nueva York, continuamente en operación’.

Hoy el ‘Bridge Café’ es reconocido por los neoyorquinos como un sitio histórico. Según el articulo del Time, su famoso ex alcalde, Edward Koch, ‘... atendía asuntos de la ciudad dos veces a la semana en este local desde su mesa privada y, aún hoy en día, algunos políticos locales aprovechan la atmósfera comunal y tranquila del lugar para realizar negocios entre una que otra cerveza’.

Quizás algunos vean un tanto mundano y folclórico este ejemplo para las razones de este artículo, pero este diario informó el pasado miércoles en un articulo titulado ‘El Casco Antiguo, ‘sitio en peligro’’ que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ‘viene evaluando la posibilidad de degradar al Casco Viejo o, en términos técnicos, pasar de su actual condición a ‘sitios en peligro’’.

El Casco Antiguo de la ciudad de Panamá junto a los fuertes coloniales de Portobelo y San Lorenzo y el sitio arqueológico de Panamá Viejo gozan de la categoría de Patrimonios Históricos de la Humanidad que confiere la UNESCO. La Estrella señala que, según el Instituto Nacional de Cultura, ‘... miembros de una comisión evaluadora de Patrimonio de la UNESCO que recientemente estuvieron en Panamá entregarán sus sugerencias y recomendaciones para ser evaluadas el próximo 24 de julio en Brasil’.

El afán en las últimas décadas ha sido el de construir y construir, y no el de preservar. Numerosos proyectos de viviendas, resorts exclusivos y enormes rascacielos están en construcción o se han planificado para el futuro. Ningún área del país —la ciudad, el campo, las playas, las islas, las montañas— escapa de un proyecto concebido para exhibir un ambiente de desarrollo y prosperidad. Un cálculo ligero plantea que hay miles de propuestas habitacionales o espacios para negocios u oficinas, cuyo valor promedio será de unos B/.125000. (Hay proyectos cuyo precio unitario está por arriba del millón de balboas).

La fiebre de construcciones modernas ha afectado nuestro Casco Antiguo, en la manera en que inescrupulosos inversionistas han falseado sus intenciones para obtener acceso, para luego incumplir con los señalamientos técnicos establecidos para el área, causando daños posiblemente permanentes a estructuras antiguas y de incalculable valor histórico al complejo universal. Igual argumento podemos hacer con respecto al área de Bella Vista y La Exposición, en la ciudad capital.

El ejemplo del ‘Bridge Café’ se hace con la intención de que pongamos en perspectiva el valor que las sociedades de primer mundo (si queremos en realidad llegar allá) le dan a su Memoria Histórica, esto incluye la de su cultura popular. Es harto sabido el cuidado y orgullo que los estadounidenses y los habitantes de otras naciones ponen en la preservación de su historia. No quiero pensar que algún inversionista de los que negocian en nuestro país hubiera, hace tiempo, destruido el pequeño edificio de ladrillos de más de 200 años que alberga el ‘Bridge Café’ para erigir uno de sus rascacielos.

A nadie le parece importante invertir y preservar nuestro pasado. La destrucción de nuestra memoria como país y sociedad parece preocuparles a muy pocas personas en posiciones de liderazgo que pueden influir para que se detenga este asesinato histórico. Y esto no es únicamente con las estructuras arquitectónicas. Todos los historiadores con los que he podido hablar sobre el tema han expresado dolor y frustración con el robo, saqueo o la depredación de documentos históricos de gran valor que reposaban en nuestro Archivos Nacionales.

En el libro ‘Path of Empires’, el historiador estadounidense Aims McGuinness relata esa frustración cuando le fue imposible tener acceso a una serie de documentos históricos que había solicitado al personal de los Archivos y que deberían estar allí. Tenemos, como nación, enormes desafíos para corregir las deficiencias actuales en lo sociopolítico y cultural. Pero claramente la mayoría de los personajes o grupos que nos deben guiar cotidianamente manifiestan marcada incapacidad para asumir las responsabilidades presentes. No hay madurez política, ideológica ni mucho menos cultural. Y si seguimos por ese camino, no habrá textos, estructuras ni documentos que nos recuerden de dónde realmente venimos.

*COMUNICADOR SOCIAL.

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