• 03/08/2015 02:01

El mundo de Donald Trump

 Las encuestas son engañosas, si no se manejan en el contexto adecuado.

Si miras a Donald Trump por unos cinco minutos en su campaña por la Presidencia de los Estados Unidos, te garantizo que te traerá recuerdos. Tú decides si son buenos o malos.

Esos personajes sienten que el mundo no es igual para ellos. Pretenden gobernar en sus países por el simple hecho de que es lo único que les queda por hacer. A los sicólogos y siquiatras les toca ilustrarnos sobre la psique de gente como esa que pierde la vergüenza y, por tenerlo todo y no depender de la comunidad, se convierte en estos charlatanes sinvergüenzas que no les importa qué dicen, cómo lo dicen, cuándo lo dicen y si ofenden o no a alguna persona o grupo.

Las encuestas que ponen a Trump a la cabeza del grupo de aspirantes a la nominación del Partido Republicano, erróneamente, y con la escandalosa ayuda de los medios, dejan la percepción de que la población ve a Trump como apto y viable para dirigir el destino de los Estados Unidos a partir del año 2017. Pero no es así. No miden el universo total, sino el particular que está interesado en los comicios internos del Partido Republicano. Las encuestas son engañosas, si no se manejan en el contexto adecuado.

La prestigiosa Universidad de Quinnipiac, en Connecticut, publicó la semana pasada su encuesta sobre la situación actual de cara a las elecciones de noviembre de 2016 en Estados Unidos. Si las elecciones fueran hoy, Trump perdería por un margen de 48 a 36 por ciento frente a la demócrata Hillary Clinton. Pero también perdería ante Bernie Sanders, por un margen de 45 a 37 por ciento e incluso ante el vicepresidente Joe Biden, que ni siquiera está corriendo, 49 a 37 por ciento. Ninguno de los candidatos de la larga lista de republicanos tienen posibilidades en estos momentos ante los candidatos demócratas.

Los medios le están dando demasiada relevancia a Trump, cuando el camino es largo, y en lo que se ha metido le propone retos mucho más grandes de lo que él se imagina. Lo peor es que su ignorancia sociopolítica es tan monumental y su círculo tan cerrado que, de ganar, sería un peligro inimaginable para la convivencia hemisférica y mundial ante sus declaraciones sobre México y China, por ejemplo.

Trump debe ganar la nominación del Partido Republicano; debe ganar las elecciones generales en noviembre de 2016. Para ganar esas elecciones no puede hacerlo sin el apoyo de la comunidad hispana, la comunidad negra y ese segmento tan importante que le dio apoyo irrestricto a Barack Obama en el 2008 y 2012: los jóvenes (18-35 años), los Millennials, como los definen, y sus padres. Este último segmento no siempre participa en las elecciones. Tiene la particularidad de desencantarse del proceso y mantenerse al margen. Obama, por dos campañas, pudo mantenerlos comprometidos con su visión sobre el momento y el futuro.

Los mensajes que manda Trump chocan con la estructura intelectual de este grupo. La sensibilidad social y cultural, la empatía, cosas como esas no son importantes para gente como Donald Trump. Los integrantes de ese segmento son más educados, eso significa que su nivel cultural y sus experiencias de vida los ha llevado a vivir y compartir con la diversidad social que la población estadounidense viene siendo en las últimas dos o tres décadas. Entienden mejor el mundo desde el punto de vista sociopolítico y cultural y han ido borrando considerablemente las líneas de prejuicios raciales y culturales que mantiene encajonados a ese colectivo retrógrado y sectario que está aupando a Trump.

Allí no terminan las cosas, si gana, debe enfrentar el Congreso de los Estados Unidos y probablemente a la Corte Suprema de Justicia. En ambas ramas de Gobierno, más que acuerdos de negocios, como él acostumbra, la política aún sigue siendo la esencia primordial a la hora de formular propuestas que tienen la posibilidad de afectar a sus electores y el apego a las leyes, fundamental.

Si gana Trump y pretende influir sobre el sistema con las rambulerías de multimillonario grosero y patán; o con artimañas parecidas a las que se usaron acá, caprichosas, oscuras e ilegales, lo que puedo asegurarles es que allá, sin temor a dudas, sí iría a prisión. El camino es largo y la sociedades están evolucionando. Lento, pero seguro.

COMUNICADOR SOCIAL.

Lo Nuevo