• 20/11/2023 00:00

La necesaria imagen objetivo

Dado que poco se puede esperar de los candidatos presidenciales de los partidos, así como de los supuestamente independientes, la acción original deberá provenir de la ciudadanía [...]

Panamá se encuentra inmerso en una profunda crisis estructural. La misma tiene la característica de abarcar todos y cada una de las esferas de la realidad nacional. Pese al significativo crecimiento de la economía, persiste una situación laboral en la que casi el 60.0% de la población económicamente activa muestra algún nivel de precariedad (desempleo, subempleo o trabajo a tiempo parcial). En el plano social se destaca la regresiva distribución del ingreso, elemento básico para explicar que el 32.7% de los niños, niñas y adolescentes del país se encuentren en condiciones de pobreza multidimensional. A esto se debe agregar el colapso del modelo de atención de salud, los problemas del agua potable, las dificultades del sistema educativo, los aprietos del sistema de transporte público y la crisis de la seguridad social, entre otras problemáticas.

La crisis estructural no afecta solo la economía y la esfera de lo social. La misma, como queda claro en la actual situación, aparece como una profunda crisis política. En el plano ambiental, Panamá ha pasado de ser un país superavitario en términos ambientales a ser uno deficitario. La situación, además, está acompañada por una crisis en el plano ideológico, que se manifiesta, entre otras cosas, en la deslegitimación del dominio que sobre esta esfera tenían los sectores económicamente dominantes, así como los partidos políticos, pese a que aún no logra consolidarse del todo una nueva forma más democrática, equitativa y ambientalmente sana, de ver las cosas.

Nos encontramos, entonces, en una situación en la que el viejo estilo de desarrollo, transitista y ahora extractivista, no es capaz de asegurar la adecuada reproducción de la sociedad. Esto se da, sin embargo, en el vacío de un proyecto nacional destinado a superar la crisis estructural.

El primer paso en la conformación de un proyecto nacional democrático, socialmente justo y ambientalmente sano, estaría dado por la posibilidad que la ciudadanía sea capaz de concretar lo que se conoce como una imagen objetivo. Esta, que definiría el futuro hacia el cual se debe mover el país, constituye, como lo afirma Carlos Matus en su obra Estrategia y Plan: “el “faro” del proceso de desarrollo, es la señal que recuerda y anuncia el peligro de extraviar la dirección”. Más adelante este autor precisando más el concepto señalando que: “Al formular una estrategia, si la imagen es suficientemente explícita, constituye un punto de referencia hacia el cual deben converger los esfuerzos del desarrollo…”.

En pocas palabras, se necesitaría un amplio debate nacional, que no se puede restringir a los tradicionales diálogos que nada resuelven, salvo mantener el “status quo”, para definir con claridad qué Panamá queremos, es decir, cuál es la imagen objetivo de país que nos proponemos alcanzar. Se trata, es importante insistir, de un debate plenamente democrático y no de los ejercicios de camarilla, como los que acostumbran a practicar los gremios controlados por los sectores económicamente dominantes antes de cada elección general.

Las ventajas que tiene contar con una imagen objetivo bien definida, siempre y cuando cuente con el apoyo de la mayoría ciudadana, son claras. En primer lugar, permitiría un diagnóstico, lo que lograría establecer los problemas específicos que determinan la brecha entre la situación actual y la imagen objetivo. A partir de ahí, se podría establecer la trayectoria general, es decir las secuencias de etapas y medidas para cerrar esa brecha. Se trata de trayectorias dinámicas, donde los posibles avances permitan profundizar y acercarnos al objetivo deseado en el tiempo. Desde luego que los cambios de circunstancias obligarán a ajustar la trayectoria, pero la misma siempre se deberá dirigir hacia la imagen objetivo, hacia el Panamá que colectivamente queremos.

La imagen objetivo a ser desarrollada, a fin de cumplir con su cometido, deberá tener algunos importantes atributos. La misma debe ser realista, lo cual no significa que se entiende que la realidad actual no se puede cambiar. Significa, vale la pena insistir, de entender que se trata de la práctica de las coyunturas dinámicas en el que las acciones primarias pueden abrir a etapas más avanzadas en el logro de la imagen objetivo. La misma también deberá ser coherente en sus componentes, así como suficiente en su alcance.

Dado que poco se puede esperar de los candidatos presidenciales de los partidos, así como de los supuestamente independientes, la acción original deberá provenir de la ciudadanía que ha demostrado su capacidad de promover el cambio socialmente justo y ambientalmente sano.

Economista
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