El edificio, cerrado hace más de una década por problemas estructurales, pasó de albergar a cientos de estudiantes a convertirse en un albergue temporal...
- 11/06/2020 00:00
Norte común
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Agrega La Estrella en Google ↗️La libertad es propia de la naturaleza del ser humano, por eso, desde un punto de vista filosófico, la ley no la concede, sino que solo la reconoce.
Traigo lo anterior a cuento para dimensionar la magnitud de lo que se le ha exigido a la sociedad durante los últimos noventa días.
La pena más grave a la que se puede sentenciar a quien ha cometido un delito es la privación de su libertad.
Confinar, encerrar o fijar una cuarentena es muy difícil, porque es imponer a una persona algo que es contra su naturaleza. La mayoría lo hemos respetado no solo porque está dispuesta por las autoridades, sino porque reconocemos su utilidad frente a una enfermedad de fácil contagio.
Pensar que este aislamiento no va a tener un impacto importante en nuestro comportamiento como individuos y como sociedad sería ingenuo y superficial.
Pienso en el alma nacional, lo que los eruditos llaman “la psiquis colectiva”, aquello que en mayor o menor medida todos compartimos, sometida durante tres meses a ansiedades, miedos, incertidumbres, presiones y muchas noticias tristes.
A esa alma nacional sobresaltada emocionalmente le vamos a pedir que se ponga en pie y salga a reconstruir el país.
Será difícil alcanzar eso, si no damos un paso previo. Ese paso impone construir consensos.
Los consensos consolidan la democracia, pero no se arman con la lógica democrática. Se requiere compromiso democrático, pero al final no se vota, se suma.
El proceso de construir consenso no busca un acuerdo de mayoría, esa es la fórmula democrática, el consenso persigue acortar las distancias entre posiciones diferentes, encontrar un acuerdo que las minorías respalden también.
Aunque no lo comparta del todo, alguien ha dicho que la democracia es el resultado, el consenso es más el proceso.
El Gobierno, las empresas, las organizaciones, hasta en casa, hoy estamos más obligados a construir consensos que nunca. Porque se necesita a todo el equipo sumado en la misma dirección.
Cuando entramos al estadio, podemos tener enormes diferencias con el que está al lado, pero si tenemos la misma camiseta, ya hay un punto de encuentro para empezar a trabajar.
El proceso es complejo y el alma nacional está cansada y arisca, pero el diálogo sincero es una herramienta valiosa. Puntos básicos comunes y, a partir de allí, argumentar, contraargumentar, pelear, ceder y ser parte de fijar el norte común.
Panamá tiene experiencia construyendo consensos, eso da esperanza en que el método funciona. Hacer memoria de los acuerdos sobre el Canal y su transferencia (incluido el título constitucional), los diálogos sobre Unidad y Desarrollo Humano (Bambito), Visión Panamá 2020 (aquí estamos, dicho sea de paso), el diálogo nacional por la reactivación económica (2002), los procesos de reformas electorales, los ha habido sobre educación, energía y agua; algunos más eficaces que otros, pero modelos todos de la capacidad de los panameños de sentarse en una mesa y encontrar bases comunes.
Alcanzar consensos no será fácil, pero el orden de magnitud de lo que se nos viene encima, exige esa ruta. Sin temas vedados, por difíciles que sean.
Un ejemplo (difícil). El Código de Trabajo es intocable, políticamente explosivo. Pues, cuando salgamos del todo y veamos con lo que nos encontramos, por allí tendremos que pasar, con los trabajadores en la mesa construyendo consensos, sin que signifique perjudicar sus derechos, pero ante una realidad que obliga.
La Seguridad Social, impensable postergar más ese tema. Desde el punto de vista de salud, qué más decir después de lo que hemos vivido, por lo que se paga merecemos un sistema de primer mundo y; por otro lado, el Programa de Invalidez, Vejez y Muerte a nivel crítico, no es justo que pensionados y jubilados vivan en zozobra. Grandes males, grandes remedios, por consenso.
Con la riqueza que tiene Panamá, no puede seguir arrastrando la vergüenza de ser de los más desiguales del mundo. Allí tiene que estar en la mesa el tema de la pobreza. Educación, salud, oportunidades.
Si se tratara de escoger solo los temas simples, no estaríamos en estas circunstancias. Por eso, todo aquel que tenga algo que aportar debe darlo en la construcción del norte común.