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- 24/11/2023 00:00
Notas sobre el cuento fantástico
En Panamá se ha publicado un número apreciable de importantes antologías de diverso tipo en torno al cuento, sin duda el género literario más cultivado por nuestros escritores. Sin embargo, hasta el momento no se ha hecho una rigurosa selección de la mejor cuentística en torno a la fascinante modalidad de lo fantástico.
A manera de datos históricos me atrevo a aseverar que el primer cuento panameño propiamente fantástico fue “La boina roja” (1954), texto muy celebrado y estudiado del maestro Rogelio Sinán (1902-1994); por otra parte, acaso los críticos literarios que en el siglo xx han documentado más y mejor la existencia de literatura fantástica panameña hayan sido en su momento Rodrigo Miró, Ricardo Segura; Fernando Burgos (chileno) y Ángela Romero Pérez (española), entre otros.
Otro dato interesante es el hecho de que las dos cuentistas nacionales femeninas que más cuentos fantásticos han publicado hasta la fecha en sus libros sean: Giovanna Benedetti y Cheri Lewis G. No obstante, es importante admitir, en general, que no es lo fantástico un sesgo literario predominante en la cuentística de Panamá. Lo que en verdad predomina es la variedad.
No es fácil definir lo fantástico en una obra literaria. Por su naturaleza proteica, porosa, insólita, a menudo sobrenatural, que suele romper lo cotidiano desquiciándolo sin remedio y sin explicación, su comprensión y goce estético depende a mi juicio más de la sensibilidad que del conocimiento.
Lo que sí es seguro es que lo extraño que sucede no puede ser explicado como un simple misterio, ni comprendido por la razón o la lógica ni dentro ni fuera del texto. Porque ocurre que a menudo lo fantástico puede confundirse con los fenómenos paranormales, que sin duda existen y a veces tienen una explicación aceptable; o bien con lo absurdo, lo onírico o lo surreal, que en no pocas ocasiones son también formas extrañas de ser de la identidad misma de ciertas certezas, pero parte de la realidad al fin y al cabo.
Lo que sí suele ocurrir es que de pronto, en el flujo de la narración, se entrometa una suerte de quiebre, de ruptura, de magia imprevista que no es simple truco, que irrumpe sin explicación alguna en la realidad de tal forma que esta ya nunca pueda ser la misma. Y esto casi siempre sucede hacia el final de la historia, mediante un procedimiento que a veces se denomina “vuelta de tuerca”, y que otras representa una revelación insólita o una verdadera “epifanía”. Lo otro que habría que señalar es que a menudo lo fantástico es de tal naturaleza irruptiva y a veces de carácter amenazador, que al mismo tiempo constituye una cala en los abismos del horror.
De cierto modo es innegable que el origen de este tipo de narrativa, muy antigua, en la práctica se remonta formalmente a la literatura gótica de los siglos XVIII y XIX, y a inicios del Siglo XX al surrealismo francés y tangencialmente a cierto tipo de ciencia-ficción: Julio Verne, HG. Wells, Ray Bradbury, Isaac Asimov, Stanislaw Lem . Pero sin duda el padre tanto de la literatura moderna fantástica –la de terror y la de tipo policíaco– es el célebre poeta, cuentista y crítico norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849); también el menos conocido periodista y cuentista Ambrose Bierce, así como H.P. Lovecraft
En América Latina, el heredero más inmediato de Poe son los uruguayos Horacio Quiroga y Felisberto Henandez; además de lo magistralmente que escribieron los argentinos Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. De Quiroga, “El almohadón de plumas” y “La miel silvestre”; de Borges: “Las ruinas circulares” y “El jardín de los senderos que se bifurcan”; de Cortázar: “Axolotl”, “La noche boca arriba” y “Continuidad de los parques”.
Cabe notar que si lo inverosímil que sucede en un texto narrativo puede a final de cuentas explicarse o justificarse –una pesadilla, una alucinación, el producto de una droga o de un estado extremo de delirium tremens-, no puede entonces considerarse un cuento o una novela como de naturaleza fantástica.
Es fundamental hacer notar que si lo que los caracteriza a lo largo de su trama es la aparición de una serie de sucesos inverosímiles o sobrenaturales que forman parte intrínseca de su propia naturaleza o estructura narrativa, no se le considera literatura fantástica sino, más bien, realismo mágico a lo García Márquez en “Cien años de soledad”, o bien lo que mucho antes el escritor cubano Alejo Carpentier denominó lo real maravilloso en alusión a al menos dos de sus grandes novelas: “El reino de este mundo” y “Los pasos perdidos”.
La organización de una cuidadosa antología de la literatura fantástica panameña está, pues, por realizarse.