• 24/01/2026 00:00

Obediencia servil e inteligencia artificial

Aunque parezca insólito, hace casi 500 años Etienne de La Boëtie (1530-1563) esboza, en su corta obra Discurso de la servidumbre voluntaria, uno de los problemas fundamentales de la filosofía política contemporánea, a saber: ¿Por qué unos seres humanos obedecen a otros? Y, aún más, ¿por qué la mayoría (el pueblo) suele someterse a UNO, al tirano? El humanista francés concluye que las mayorías acatan al autócrata por su propia voluntad, porque habiendo perdido su libertad no desean derrocar a ese régimen que los oprime. Para él, una sociedad tiránica educa a sus miembros en el servilismo y en la apatía.

¿Sería posible hoy en día manipular la Inteligencia Artificial para lograr la obediencia servil de la masa? Sostengo que la lectura del texto de La Boëtie nos da pistas para responder a este interrogante.

En este artículo analizaremos estas ideas dentro del contexto político contemporáneo, en especial en referencia a sus posibles implicaciones en la utilización (‘manipulación’) por parte de las élites de poder de las nuevas tecnologías, inteligencia artificial y redes sociales para la cimentación de la «servidumbre voluntaria» en el siglo XXI.

Tal como aludíamos al comienzo de este artículo, en esta obra, La Boëtie se planteó, en contraste con Maquiavelo, a quien seguramente leyó: ¿Por qué muchos hombres se prestan a someterse a uno solo?, es decir, se preocupó por el misterio de la obediencia civil. El poderío del príncipe no sería, por consiguiente, un mal menor, necesario para proveer el orden y la paz social, como pensaba el diplomático florentino, sino el mayor de los peligros para la convivencia y la libertad, que pueden desearse a sí mismos los seres humanos.

El pensador renacentista nos da una respuesta que difiere radicalmente de la de Hobbes, quien, un siglo después, la atribuía al “temor a la muerte”, que Uno Solo mande sobre todos, arruine sus vidas, y se apropie de sus bienes según su capricho, no se explica por “que los súbditos están constreñidos por la fuerza de la autoridad”, por “la comodidad” o por “el interés”, y ni siquiera por la “cobardía”. Lo increíble, de tal actitud indolente, afirma, La Boëtie, es que se deba a la «servidumbre voluntaria», a la “devoción” del pueblo, a la ignorancia sobre sus derechos, sino porque se “constriñe” y se le “engañe” (“nacen siervos y son educados como tales”); y a partir de allí, comienza a permutar su bienestar por el yugo y a identificarse con el tirano. Llama habituado a este efecto servil que, como resultado de la prepotencia (“el ardid”) del autócrata, se va implementando en la conversión de la libertad en esclavitud, fase última de la degradación de la humanidad.

A pesar de ello, La Boëtie considera que es posible el retorno al carácter natural del ser humano, al ámbito de la libertad, a la virtud de la amistad, a la fraternidad y la cooperación, y para ello no se precisa de una rebelión violenta, ni instrumentalizar una ideología opositora, sino que al pueblo le basta con rehusarse a obedecer. Seguramente, si nuestro autor fuera un académico de las ciencias humanas activo a mediados del siglo XX estaría de acuerdo con Hannah Arendt en cuanto a su análisis sobre la experiencia de la sociedad totalitaria, por ejemplo, que los victimarios se identifican con el líder y las víctimas se resignan a su destino.

El Discurso propone la tesis de que el hombre, motivado por el aprendizaje (‘mimetización’) de las costumbres que le alejan de su inclinación natural, se somete voluntariamente al tirano y no se insubordina, como sí lo haría un ser humano reflexivo en búsqueda de una vida mejor. Prescinde de su libertad, que podría detentar si actuara políticamente en conjunto con sus semejantes, pierde su dignidad y se convierte en cómplice del tirano, quien, consciente o inconscientemente, jamás le retribuiría de manera proporcionada esa privación.

La dominación que ejerce el tirano es el poder transferido del pueblo. Y he aquí el principio fundamental del Discurso: La tiranía yace en la aquiescencia de los súbditos. Sin el apoyo de la gente, no hay gobierno que perdure; por lo tanto, si el pueblo lo desea, es posible el retorno a la autonomía y a la fraternidad, y para ello no se precisa una rebelión violenta, sino que se rehúse a obedecer. De allí que la fortaleza o debilidad de un régimen político radica, según La Boëtie, no solamente en la legitimidad y efectividad de las leyes y en la fortaleza de un líder, sino también y, sobre todo, en los resortes, principios o emociones que incita el gobernante en los gobernados. La sumisión servil es una pulsión pasional, un deseo alimentado por la costumbre, etc.

Indignado por ello, nuestro autor delineó también una teoría fuerte y subjetiva de la desobediencia civil, sustentada en el malestar que le provoca la «servidumbre voluntaria». No debe ser violenta, sino de quitarle el soporte a los cimientos de la tiranía por medio del consentimiento. Por medio de la resistencia pacífica se pueden trastocar los escenarios políticos existentes. Se suprime al Uno, pero no al régimen.

Sostengo que esta obra es, aún en nuestros días, relevante para analizar y comprender la relación “Mando-Obediencia”. Ofrece una lente a través de la cual podemos percibir mejor los riesgos antidemocráticos y potencialmente totalitarios que surgen con las nuevas tecnologías. Por ejemplo, por medio de algoritmos, una plataforma podría enviar mensajes segmentados con efectos deshumanizadores sobre los individuos y la sociedad en general.

En la medida en que la Inteligencia artificial coadyuva a crear un mundo ficticio mintiendo de forma consistente se debilita la democracia y se refuerza la tesis de La Boëtie sobre la «servidumbre voluntaria», creando las condiciones para la dominación y el ejercicio del terror por parte del Tirano. Por eso, él insiste en que no hay que acatar la autoridad del déspota y para ello hay que bregar por la horizontalidad en la relación entre gobernantes y gobernados.

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