• 01/02/2012 01:00

Chucho y Omara

C hucho entró al proscenio del Teatro Nacional con grandes y rápidos pasos, vestido con su camisola blanca y gorra bebop de igual color,...

C hucho entró al proscenio del Teatro Nacional con grandes y rápidos pasos, vestido con su camisola blanca y gorra bebop de igual color, colocada al revés. Hizo una gran reverencia y sin hablar se sentó al piano, sumergió y deslizó sus largos dedos en las teclas y empezó la interpretación de una variante de ‘La comparsa’, de Lecuona, sobre una modalidad armónica inclinada hacia el estilo de Chopin.

Con esta melodía, ampliamente estudiada por el músico y maestro cubano —ejecutada a dúo con su padre Bebo en la película Calle 54—, comenzó su concierto, planeado para abrir las noches del Panamá Jazz Festival 2012, junto a Omara Portuondo, una de las voces más representativas de la isla caribeña. A ambos los reúne la experiencia en dicho ámbito, la trayectoria interpretativa y el reciente disco Chucho y Omara.

El Valdés de esta presentación es diferente a aquel de la época de Irakere, de la juventud de música desenfrenada rítmicamente, de evolución y experimentación. Ahora la maestría de sus manos recorre el instrumento y brinda a la audiencia sonidos que recuerdan el brillo de las noches habaneras llenas de cuerdas, percusión, cadencia y son; sin embargo, la expresión es más formal, integrada y sobre todo madura.

Cuando hubo interpretado unas cinco o seis composiciones, entró lenta y pausadamente Omara con un atuendo muy sencillo y el pelo enroscado como un turbante. Al micrófono anunció que cantaría ‘Llanto de luna’. Su voz adquirió una resonancia que en nada se asemejaba a su delicada figura. Luego, sería ‘Esta tarde vi llover’ de Manzanero y siguió con otros temas latinoamericanos y del Caribe.

El concierto la incluyó como intérprete, acompañada por Chucho como pianista; luego, ella se retiró y él siguió en solitario. Después, Omara volvió a hacer pareja y brindó otras piezas de su repertorio. La voz femenina de los Buena Vista Social Club recordó viejos tiempos de cultores populares de la canción, narró anécdotas y cantó un puñado de joyas de antología. Con ellas, mostraba su calidad al auditorio local por primera vez.

Ambos artistas conocieron muy jóvenes el mundo de los espectáculos. Chucho, a los tres años y luego, en su infancia, acompañaba periódicamente a Bebo, a interpretaciones en el Tropicana. Omara, siguió a su hermana que allí danzaba y, por alguna circunstancia, debió sustituir a una bailarina. Su madre la convenció de que haría una buena presentación y empezó una carrera en ese escenario; más tarde se hizo vocal y su timbre característico, aún perdura.

Cuando canta al público, la acompañan más de 60 años de vida dedicada a este arte, con manifestaciones que recorren desde la lírica de clásicos como César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Elena Burke, Benny Moré, el acompañamiento de figuras internacionales de la talla de Edith Piaf, Pedro Vargas y el trabajo melódico con música de Lecuona, Duke Ellington y otros grandes.

Tanto Chucho como Omara bebieron desde muy temprano de las notas del jazz, a pesar de sus influencias ambientales con los ritmos cubanos. Ellos adquirieron competencias con esa síncopa de orientación marcadamente africana y se acercaron a los mejores compositores y grupos que en las ciudades estadounidenses crearon un culto con resonancia, influencia y modalidades en la isla antillana.

La presencia de esta pareja en Panamá es una perla que trajo el festival anual de jazz y que compromete a sus organizadores y colaboradores a mantener esa calidad con importantes figuras musicales que enriquecen artísticamente la oferta de nuestro escenario cultural y que brindan una fortaleza a la sensibilidad que tanto necesita la sociedad nacional.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

Lo Nuevo