• 06/03/2010 01:00

¡Que paguen!

Durante mi estadía en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, en 1970 me topé con un ensayo (“paper” le llaman) intitulado, “Aid i...

Durante mi estadía en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, en 1970 me topé con un ensayo (“paper” le llaman) intitulado, “Aid is not aid” (“La ayuda no es ayuda”), que se complementaba con otro aprendizaje importante: que cada dólar de inversión en un país del Tercer Mundo equivale a un dólar de soberanía que se transfiere a las metrópolis. De este modo, las inversiones y las “ayudas” socavan la base soberana de los pueblos e incrementan la supremacía de las potencias coloniales o imperialistas, a sus gobiernos y empresas transnacionales.

Por supuesto, en el saqueo de los países coloniales, un dólar nos succiona mucho más que esa suma en soberanía. El Canal le costó a EE.UU. unos $386 millones construirlo, pero bastaría ver los estudios de economistas y juristas serios para percatarnos de la increíble estafa de la que hemos sido víctimas (como alternativa pueden consultar El Faro , de la Autoridad del Canal de Panamá).

El ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu, vendría a la luz dos años después de yo haber asimilado las tesis de Rudolf Hilferding (Capitalismo financiero), Paul Baran y Paul Sweezy (El capitalismo monopólico), André Gunder Frank (El centro y la periferia), Johan Galtung (La violencia estructural), Samir Amin (Capitalismo de Estado) y otros que tenían como telón de fondo a Karl Marx, autores que ningún intelectual serio puede desconocer.

Por esto me llamó la atención el ministro Papadimitriu cuando declaró que EE.UU debe “ meterse las manos al bolsillo ” y ayudar financieramente a Panamá con los gastos de la lucha contra las drogas, en vez de estar criticándonos por ser el “ embudo del narcotráfico ”. El ministro denuncia que ellos “ ayudan ” a Colombia y a México con miles de millones de dólares anualmente, mientras que Panamá debe privar a su pueblo de beneficios sociales para comprar helicópteros. La llamada lucha contra el narcotráfico debe ser de incumbencia exclusiva de EE.UU en lo que concierne a las drogas orientadas hacia su mercado. Lo nuestro es lo nuestro. Pero el problema de las drogas en EE.UU. no es nuestro. De modo que, si Panamá ayuda a EE.UU, deben ser ellos quienes financien su represión, ellos quienes financien los helicópteros, naves, aeronaves y armas; ellos quienes pongan los muertos, sin exigirnos soberanía a cambio. El gobierno estadounidense ha podido detener el narcotráfico hace muchos años, pero no lo ha hecho, porque le conviene mantenerlo como un medio para que se corrompan los gobiernos y las sociedades civiles, a fin de mantenernos bajo su control de cara a una dominación más amplia.

Si las relaciones entre Panamá y EE.UU fueran equitativas —y no de explotación colonial y servidumbre como lo son actualmente— la Casa Blanca tendría que pagar no solo por los gastos en que incurrimos para ayudarlos a resolver su problema, sino también por los acuerdos militares, de inteligencia y estratégicos que nos impusieron, corrompiendo a nuestros gobiernos desde la invasión de 1989 y las Torres Gemelas de 2001 en violación de nuestra Constitución y el derecho internacional.

Ya lo dijo alguien con autoridad. En la novela “ El Capo ”, que ven desde el presidente Martinelli hasta la embajadora norteamericana Stephenson, Pedro Pablo León Jaramillo dio la receta final: “ legalicen la droga y se acaba el narcotráfico ”. Pero mientras esperamos el milagro, terminemos con dichos tratados, ¡y que paguen!

*Catedrático y escritor.julioyao1@gmail.com

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