• 23/02/2023 00:00

Panamá: república democrática o monarquía feudal

“El concepto de monarquía aquí es de un Estado con un Gobierno personal de una sola persona, sin atributos hereditarios o vitalicios, que en Panamá llamamos presidencialista, por respeto a la aversión de Bolívar a un régimen monárquico”

Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.

Agrega La Estrella en Google ↗️

El estudio de un país, de un pueblo y de su modo de ser, contribuye a descifrar su grandeza o su tragedia nacional, porque nos permite descubrir su realidad histórica, no tanto como desenvolvimiento estatal, sino a manera de una investigación, análisis e interpretación de los hechos, acontecimientos y personajes que lo tipifican como país.

Muchas veces, las pasiones del nacionalismo y la parcialidad política impiden ver la forma humana de un pueblo, debajo de esas circunstancias, por lo que solo a partir de una crítica rigorosa de su historia nacional podemos cobrar su verdadera forma. En palabras del Libertador Bolívar, “No pertenecen a la Historia ni la falsedad ni la exageración, sino tan solo la verdad”.

Esta visión de la historia abarca la indagación crítica de los males endémicos de la sociedad bajo estudio, en este caso la de Panamá, aferrada como está a esas malas y buenas costumbres adquiridas durante esos trescientos veinte años (1501-1821) de encuentro, conquista, saqueo y esclavitud hispánica; los 82 años (1821-1903) de dominio colombiano; y estos 120 años (1903-2023) de vida como República democrática, independiente y soberana.

La suma de ese rastro de fuego y espada de los periodos hispánicos y colombianos, el primero con su absolutismo monárquico feudal y el segundo con esa tensión trágica que caracterizó casi siempre las relaciones entre colombianos y panameños, añadida a la peculiar situación de libertad e independencia teórica de nuestra presente era republicana nos lleva a una sociedad más feudal que democrática y a un estilo de gobierno más monárquico que republicano.

¿Por qué digo esto?

A pesar de su riqueza étnica y cultural con su ficción de igualdad, Panamá tiene una sociedad con un índice de pobreza general (MEF 2019) del 21.5 % saltando a 80.8 % en áreas indígenas, un país donde todavía persisten vastas diferencias entre sus distintos estratos, reflejo de una realidad social y económica muy feudal.

Por eso, no cabe esperar más de nuestros dirigentes que ser exclusivistas y oligárquicos, con súbditos serviles, condición de indiscutible origen feudal.

Aquí, cabe hacer un breve paréntesis en este hilo conductor histórico que nos lleva a la estructura íntima del panameño, porque tanto el absolutismo monárquico feudal español como el despotismo colombiano adoptaron cultural y éticamente, una versión del humanismo renacentista del Siglo XV y XVI para su valoración del individuo. Este humanismo español y colombiano, sin ilusiones y práctico, en teoría suavizó un poco los antedichos hábitos feudales, dándole una forma más humana. A su vez, Panamá heredó esta idea del humanismo filosófico que considera la humanidad del individuo como el valor supremo de toda sociedad.

Esta herencia humanista se refleja en las prácticas paternalistas de nuestros Gobiernos de los últimos 120 años, todos de corte presidencialista, por no decir monárquico. Salvo durante la dictadura militar (1968-1989) estos Gobiernos oligárquicos o cuasi monárquicos no han sido represivos; si bien, a pesar del pluralismo partidista de su sistema político la mayoría de panameños tienen muy bajos niveles de tolerancia y apoyo al mismo, siendo su mayor preocupación el empobrecimiento de la población (ver encuestas de lapopsurveys.org).

Esto hace depender a la población más y más de su Gobierno paternalista, sin poder hacerlo cambiar su actitud de gobernar monárquicamente (ver mi artículo previo en La Prensa: “Reyezuelos de la Administración Pública”). El concepto de monarquía aquí es de un Estado con un Gobierno personal de una sola persona, sin atributos hereditarios o vitalicios, que en Panamá llamamos presidencialista, por respeto a la aversión de Bolívar a un régimen monárquico.

Tal vez por eso recordemos que Bolívar como Colón, murieron desilusionados con sus gloriosas hazañas y vigorosas empresas. El Libertador, cuando escribe su famosa carta del 9 noviembre 1830 al general Juan José Flores, ya estaba agotado físicamente y desesperado moralmente, que lo hace decir: “La única cosa que se puede hacer en América es emigrar”.

Terrible pronóstico que, por suerte, todavía no aplica a Panamá.

Economista y articulista.
Lo Nuevo