• 01/12/2008 01:00

Venezuela, Nicaragua... ¿Panamá?

Las elecciones sirven para que reluzca el cobre a los mandatarios. En Nicaragua, con los abusos habidos en las municipales, el gobierno ...

Las elecciones sirven para que reluzca el cobre a los mandatarios. En Nicaragua, con los abusos habidos en las municipales, el gobierno de Daniel Ortega dispuso avalar los resultados mediante un Decreto Presidencial; no esperó a que el periodo electoral concluyera, desatendiendo todos los reclamos presentados por la falta de transparencia en el proceso.

En Venezuela, Chávez se pasó amenazando a sus adversarios: instalarlos en la cárcel; ofreciendo tanquetas a los estados en que sus rojos—rojitos perdieran. Fue el caso del Zulia, donde Manuel Rosales, ahora alcalde de Maracaibo, era gobernador; sucedió en Carabobo, donde ganó el opositor Salas Feo; ocurrió en Miranda, donde ilícitamente el sátrapa venezolano inhabilitó al seguro ganador Enrique Mendoza, pero su reemplazo Carriles Radonsky barrió con Diosdado Cabello, ex vicepresidente de Chávez. Usó todos los recursos del Estado a favor de sus candidatos; no le sirvió para ganar en los cinco estados de mayor población y la emblemática Alcaldía Mayor de Caracas, donde perdió otro de sus cuates , Aristóbulo Izturis y el municipio caraqueño de mayor extracción humilde, Sucre, donde perdió su mano derecha Jesse Chacón.

En Panamá conocemos de un PRD democrático, pero también padecimos la experiencia de un PRD totalitario; que en elecciones puede comportarse como el chavismo en Venezuela o el sandinismo en tierra nica.

Como que se crecían cuando andaban a la par de las botas, despachando a los candidatos bolsas de billete en el avión que tenía el IRHE.

En el año 1984, cuando fui electo como legislador, no me fue fácil que reconocieran mi triunfo. Gracias a que tenía dos ex profesores en el Tribunal Electoral, César Quintero y Rolando Murgas, las órdenes cuartelarias de borrarme de los electos no se cumplieron, como sí ocurrió con otras dieciséis curules.

Una que hasta inspiró una canción de Pedrito Altamiranda, fue el empate del opositor Abraham Pretto en Darién. En otros sitios, cuando aún no se proclamaba a nadie, el candidato PRD entraba a la junta de escrutinios y salía credencial en mano.

Por supuesto que todos los recursos del Estado, así como la misma Fuerza Pública apoyaban descaradamente a los oficialistas.

Así las tristes cosas, no es nuevo para Panamá lo ocurrido en Venezuela y Nicaragua.

Solamente al pensar que en las elecciones que se celebrarán en 2014 podría presidir una persona con las credenciales democráticas de Balbina Herrera, me hace figurarme una competencia nada estimulante como en esos países hermanos y que ocurrió también en Panamá cuando en la primera elección ganada por Arnulfo Arias Madrid en el ‘40, el candidato opositor, Ricardo J. Alfaro, se retiró por los abusos del gobierno.

Como decía mi abuela, “los malos hábitos es lo que más rápido se pega”.

-El autor es escritor, abogado y catedrático.gcochez@cableonda.net

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