El costo de la canasta básica enfrenta una presión dual: el incremento sostenido en los fletes por el alza de los combustibles y la irregularidad en los...
- 02/12/2010 01:00
Wikileaks panameño
La referencia a Panamá es del 13 de diciembre de 1989. El cable redactado por John Bushnell, encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos en Panamá, describía la situación interna. La conclusión era que las sanciones económicas y las presiones internacionales no estaban dando resultado, porque Manuel Noriega era un maestro de la supervivencia. El cable sugería que Noriega no dejaría el poder voluntariamente y que la única forma de sacarlo era mediante un exitoso golpe militar o una acción encubierta por parte de Washington. Siete días más tarde se produjo la invasión militar estadounidense y Noriega fue apresado.
Ese informe es solo uno de los más de 250,000 cables convertidos desde el domingo en un festín de secretos a través de la página digital Wikileaks y cinco medios escritos de Estados Unidos y Europa.
Los documentos ponen al descubierto secretos sucios y aspectos de la personalidad de líderes mundiales, sus íntimas facetas humanas, su carácter, aficiones y vicios. Destacan, entre otros, que el primer ministro italiano Silvio Berlusconi —ídolo del presidente Ricardo Martinelli— ‘aparece demasiado cansado, porque va a dormir tarde’, debido a sus ‘fiestas salvajes’. Los cables exponen que Berlusconi genera ‘desconfianza profunda’ en Washington, por la manera cómo ha hecho oscuros y lucrativos negocios petroleros a base de generosos sobornos.
Ninguno de los documentos es estrictamente clasificado. La mayoría es de los últimos tres años y de fechas tan recientes como febrero pasado. En lo inmediado han producido decepción y molestia entre gobiernos aliados de Washington, porque desnudan situaciones delicadas y comprometedoras de su política exterior. Pero no plantean un problema de seguridad nacional para Estados Unidos. Las filtraciones descubren, además, que entre los diplomáticos estadounidenses la línea del espionaje no está definida y se mezcla constantemente.
Wikileaks, que comenzó a divulgar información secreta desde el 2007, es producto de la era de Internet, que ha revolucionado el panorama mediático mundial. Para contener a Wikileaks, el Pentágono ha puesto en escena un Comando del Espacio Cibernético a cargo de un general de cuatro estrellas, con sede en Fort Meade, Maryland.
Lo ocurrido con las filtraciones es una lección sobre el derecho de los ciudadanos a la información que los gobiernos quieren esconder. Ese mensaje llega claro a un país como Panamá, donde Martinelli, con medidas represivas contra los medios de comunicación independientes —cuyo compromiso no es proteger al gobierno, sino informar a los ciudadanos— trata de ocultar los asuntos públicos que revisten interés para el colectivo social.
Los secretos de las donaciones a la campaña electoral de Martinelli, la trama del caso Murcia Guzmán y su asociación con figuras que actualmente forman el gabinete ministerial, deben salir en algún momento a la luz. Después de un año de estar detenido en México, por lavado de dinero producto del narcotráfico, en Panamá no se ha iniciado un proceso para investigar a Ramón Martinelli y descubrir sus socios locales. También en ese caso, la presión oficial para silenciar los medios de comunicación en algún momento se resquebrajará.
Las acciones del gobierno, siempre dejan huellas. Recientes denuncias sobre las actividades del Servicio Nacional de Migración, el Registro Público y las notarías, consulados y embajadas, demuestran que el gobierno no puede escapar permanentemente al escrutinio ciudadano.
La falta de transparencia en contrataciones públicas, los permisos de operaciones de casinos y las compras directas en la Caja de Seguro Social y la mayoría de ministerios e instituciones estatales, forman parte de un hoyo negro que se traga los fondos públicos.
Un gobierno que juega con la institucionalidad del país, quiere cerrarle los ojos y taparle los oídos a la ciudadanía, para que no se entere de sus maniobras para saquear lo que considera el botín del Estado. Como caricaturizó Hilde en Panamá América, a Martinelli le tiene sin cuidado la opinión de los panameños, y hace todo lo que está a su alcance para impedir que el ciudadano se asome a las entrañas de un gobierno que está dando señales alarmantes de corrupción.
Como la transparencia es la principal garantía contra la arbitrariedad en el comportamiento de los poderes públicos, los ciudadanos exigen una radiografía de los negociados desde el poder y el modo en que opera la corrupción oficial y sus intermediarios privados.
Hace falta, entonces, un Wikileaks panameño, que permita a los ciudadanos tener acceso a la información de los negocios que hacen Martinelli y su círculo íntimo, para que desde el poder no se asalte la riqueza nacional y se despoje también a la sociedad de la información que debe alimentarla en forma transparente.
*PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.